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Parece ser una zona liberada ese sector de Lomas de Zamora |
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Asesinaron a un feriante que se dirigía a una novena de la celebración de la Virgen. Parece ser un robo pero hay dudas.
Un hombre murió baleado y su hijo resultó herido por dos ladrones que los interceptaron mientras iban rumbo a un predio de la feria la Salada. Las víctimas, de origen boliviano, no llevaban mercadería ni dinero en cantidad: no iban a vender a la feria, sino a participar de una fiesta. Se cree que se trató de un hecho ‘al boleo’.
El hecho sucedió el sábado cerca de las 20 horas. Víctor Samo estaba al volante de su Kangoo gris. Esa noche era la previa de la inauguración de la capilla de la feria Urkupiña, que se abriría el domingo, el día de la Virgen. En el asiento del acompañante viajaba Natalio Samo, su padre, y en la parte de atrás la mujer de Víctor. La camioneta bajó de la General Paz y tomó la calle Quesada, en Ingeniero Budge. En el barrio había movimiento, no solo por la gente que salía a hacer las compras, sino por los que no querían perderse los fuegos artificiales y la primera de las misas que se harían en honor a la virgen.
A pocos metros de la General Paz, una moto se cruzó delante de la camioneta de los Samo. Bajaron dos hombres y les apuntaron con pistolas 9 milímetros, uno de cada ventanilla. Los tres ocupantes de la Kangoo levantaron las manos. Uno de los hombres abrió la puerta del conductor y le pegó un culatazo a Víctor en la cabeza. “Dame todo o te mato”, le ordenó. Víctor y su padre sacaron lo que tenían en los bolsillos. La mujer que iba detrás entregó su cartera. “Bajensé del auto” gritó uno. Víctor dijo que sí, que se lo llevaran. La llave estaba puesta y el motor en marcha.
“El otro le pegaba a mi viejo. Le decía ‘dame plata, dame la plata’. Mi papá estaba muy nervioso y no se podía sacar el cinturón de seguridad. Por eso le pegaban más”, contó el más joven de los Samo a Tiempo Argentino.
Cuando Víctor bajó de la Kangoo, uno de los ladrones le disparó. La bala le rozó una pierna. El ladrón se dio vuelta para ayudar a su compañero. Víctor aprovechó que le daban la espalda, se levantó como pudo, forcejearon con el arma y salieron dos balazos que dieron sobre el asfalto. La pelea terminó cuando Víctor sintió que le pegaban desde atrás y se desvaneció. “Creo que fue un tercero, alguien que no venía en la moto”, diría más tarde. Un instante después, al despertar, vio toda la secuencia desde el piso: los ladrones que corrían, su padre en suelo, uno de ellos que se da vuelta, retrocede y le dispara cuatro tiros al cuerpo.
El hombre murió camino al hospital. Más tarde, en la comisaría de Cuartel Noveno, a la familia le dijeron que no habían sido las únicas víctimas del día. “Alla nos encontramos con otra gente a la que le habían robado con la misma modalidad”, contó Víctor.
Natalio Samo tenía 54 años y hacía casi tres décadas que vivía en Argentina. “Trabajó con los feriantes de Urkupiña desde los comienzos, y hace un año fue elegido por los compañeros como director suplente, convirtiéndose en una de las personas más queridas de nuestro establecimiento”, dijo Quique Antequera, el administrador de la feria.
Su muerte cambió el color de la fiesta de la Virgen: en el mismo lugar donde se pensaba festejar, los feriantes organizaron el velorio.
Marcha
Si bien a los pocos días se detuvo a dos sospechosos del crimen, los feriantes ya están cansados de los reiterados robos que sufren en las inmediaciones de las ferias internadas.
Unos 300 puesteros de la conocida feria de Lomas de Zamora “La Salada” marcharon esta mañana a la sede de ese municipio para reclamar a las autoridades comunales un “mayor compromiso”
Fuente: Tiempo Argentino