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Una parejita se aprovisiona con una tutuma de chicha para pasar la tarde en la Festividad de Villa Celina |
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Hace unos días se llevó a cabo la Festividad de Villa Celina, la segunda mas grande de nuestra colectividad en Buenos Aires, con un par de novedades. Hubo una división en la organización, por ello hubo dos procesiones para dos imágenes diferentes. No ahondaremos en cuestiones de índole religiosa. Lo que hay en el trasfondo es una disputa de poder, política y económica.
Estaba en disputa el control de la festividad, ya que se trata de una movilización de miles de personas y eso ya es un hecho político; en el sentido amplio de la palabra.
No queremos decir que hay alguna adhesión a algún partido o creencia partidaria, sino que es político por ser un hecho significativo y social.
Sabemos que en estas celebraciones esta en juego algo mas que la devoción, nuestra gente no solo invierte tiempo para llevar adelante la fiesta sino todo lo que genera a su alrededor.
Hay distinto tipo de organizaciones que confluyen para que ese domingo la gente disfrute de un espectáculo, de un espacio propio y de un orden propio, que es diferente al “orden” que nos transmitieron en estos últimos siglos.
Se ocupan las calles de Villa Celina. Un barrio que cambió rotundamente su fisonomía hace un par de décadas. Los paisanos comenzaron a construir, a través de cooperativas de viviendas, nuevos barrios.
Hasta hace diez años la procesión de la festividad pasaba por el casco viejo de Villa Celina.
Un nuevo espacio se generó, que era más propicio y que modificaba el centro de la vida social de los paisanos. En los alrededores de la Av. Olavarría se concentraron una enorme cantidad de familias de origen andino, y tienen ahora su propio circuito comercial. Transitando sus calles el día de la festividad, además de disfrutar de un sándwich de chola, pude observar esas lozas y ladrillos huecos a la vista que dan cuenta de un barrio en formación.
La gente se ubicaba a los costados como podía, algunos parados, otros sentados, muchos niños, algunos mayores y aunque no estaban “a buen resguardo”, no se quejaban.
En un momento me crucé con un profesional boliviano, que además es dirigente de una asociación folcklórica, quien me hizo un comentario al paso, que intentó ser hiriente para con nuestra gente.
Estaba sin duda enojado porque la gente dio su veredicto y se volcó en masa a la Av. Olavaria. para disfrutar de la la festividad. Dijo algo así como:
“Es que a nuestra gente le gusta estar así, le gusta la tierra”
Y me la dejó picando, con una sonrisa incómoda.
Me quedé pensando un rato sobre todo lo que transmitió esa frase, esa batería de ideas y pensamientos detrás de esas palabras, y hay mucha tela para cortar.
Se pone en juego la idea de progreso, de lo que supuestamente es mejor, y también un paradigma. Me acordaba de comentarios inocentes que alguna vez escuché sobre nuestras costumbres por ejemplo para comer algunos alimentos, muchos lo hacemos con la mano y eso esta mal visto.
Parece que para ser mejores, tenemos que abandonar algunas costumbres heredadas, para estar al «mismo nivel» que los demás.
Algo así como alcanzar la modernidad, para escapar a una especie de retraso en una carrera inexistente. Tenemos que abandonar muestras ideas o creencias propias para adoptar las que son bien vistas. «Sino nos van a mirar mal».
A veces pienso que no hay bien que por mal no venga y menos mal que muchos de nuestros ancestros resistieron no solo con las armas los embates de la civilización, veo a ese hermano originario que para algunos no pasa de ser un pobre analfabeto, que tiene muchos conocimientos para vivir sano y comer sano, ya que produce su propio alimento. Ese es el conocimiento básico para sobrevivir, porque sino estamos destinados a ir a buscar en el supermercado de ideas, las ofertas del día.
Porque el campo definitorio donde las potencias occidentales ganaron las guerras coloniales, fue en el campo de las ideas. Si nosotros no tenemos ideas propias, viviremos de prestado.