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Una postal que muestra a Rocha Monroy en diferentes momentos de su vida |
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Entre toda la diversidad cultural y folklórica que nos caracteriza, y principalmente que nos hace ser visibles en otros territorios están nuestras danzas, artesanías típicas, la música, y por supuesto la comida.
En está, mistura de colores tenemos gloriosamente un escritor que bien sabe como enfrentar la literatura nacional, en la que todos podemos llegar a largar más de una sonrisa y algunas lagrimas al leer al menos una pagina suya.
En esta nota conoceremos a Ramón Rocha Monroy, nacido en Cochabamba en 1950, conocido como “Ojo de Vidrio”, (porque será no?), periodista, gastrónomo, diplomático, e investigador, licenciado en derecho, escritor.
Viene trabajando en letras bolivianas más de 30 años, publicando numerosas y reconocidas historias del quehacer boliviano y las “buenas costumbres cochabambinas”. Ganó reconocidos premios de la literatura, entre los que se puede mencionar, el Concurso Franz Tamayo, con el ensayo Pedagogía de la Liberación (1975), ganó el Premio Nacional de Novela Erich Guttentag en dos ocasiones, con El Run Run de la Calavera (1983), y Ando Volando Bajo (1996). Gano el Premio de Novela Alfaguara, con Casilla Vacía (1997), Potosí 1600 (2002) y ¡Que solos se quedan los muertos! (2006), también es un destacado escritor de columnas en diarios, se cuenta con publicaciones como Critica de la Sazón Pura, donde comparte una exquisita combinación con un toque de sibarita, entre la literatura y el buen comer boliviano, actualmente reside en la “llajta”, siendo parte del comité para la conservación de la cultura local, promoviendo actividades con la intención de motivar el buen gusto por la literatura.
Si usted es cochabambino o ha visitado la llajta o si nunca viajo a Bolivia, sin duda encontrará en este escritor una tentadora invitación para regresar o visitarla y enamorarse. Sabores y aromas con sentimientos entrañables por nuestras tierras, los caminos que Ramón Rocha Monroy plantea son un peregrinaje por la cultura boliviana.
Monroy nos propone plantearnos la historia de nuestras tierras, nos muestra caminos que recorren pasajes de la historia, desde la colonia hasta nuestros tiempos, conociendo y recorriendo los placeres mas exquisitos de la vida, el buen comer, el buen beber, y el bien vivir, su literatura tiene la capacidad de contagiar el interés por la historia boliviana, una ruta entre sus aromas y sabores.
No es que yo sea fanática de Ramón (si me lo permite), pero la simplicidad con la que narra las historias, nos permite percibir la vida con los sentidos y no solo con la razón, nos dice que viendo, escuchando, sintiendo, oliendo, degustando, derivan los mas importantes placeres con los que podemos apreciar, la poesía, la música, la narrativa, la pintura el arte de vivir…
De las experiencias, aprende de ellas a través del “ojo de vidrio”, la popularidad de la ciudad de Cochabamba es única en su especie, los bolivianos decimos que es una ciudad donde esta la mejor y mas variada comida, y donde se come todo el día, (claro que lo mencionado entra en competencia con Tarija), el placer de comer y beber nos lleva a pensar en la sopa de maní y el picante de pollo siempre acompañado por una buena porción de chuños infaltables en cada cumpleaños, o la chicha de valle alto y por supuesto de Tarata y bien acompañada por un platito de solterito o k´allu (ensalada de cebollas picadas a la juliana, con locotos bien picantes, unos tomates de cortes muy finos y claro unos ricos motes)
Nos habla de la historia de la salteña boliviana y donde comerla, donde encontrar la mejor chan’ka de pollo en “la cancha” (mercado popular de Cochabamba), las fragancias aromáticas e históricas de los prodigiosos caldos del platito de la mañana o el k’oñichi un recalentado del plato de ayer para curar el cha’ki o la resaca, como manjar para disfrutar colectivamente y entre historias enredadas.
Como olvidar el ají de fideo (Fideu Ucho), como el plato esencial de la mesa boliviana, y tiene razón al decir que, como el ají de fideo que encuentras en las ollas renegridas en la cancha, no existe otro.
Los sabores que nos plantea están tan ligados a nuestra historia a nuestros recuerdos que hablan de ellos, es viajar a través del tiempo, la distancia recorriendo dimensiones astrales hasta llegar al clímax de las sensaciones.
…Si el chicharrón es dominguero, el enrollado y el escabeche de patitas de cerdo son manjares de San Lunes. Disputan honores en esta especialidad. La Cacha Blanca y El Phujru en el barrio de Villa Galindo y Los Duraznitos en La Chimba. Pero la oferta de este embutido tan bien condimentado es muy variada…
Ramón Rocha Monroy
Crítica de la sazón pura
Para ir finalizando buscando en Internet (la enciclopedia de estos tiempos) encuentro esta frase de Ramón que me pareció importante compartirla con ustedes que se aventuran en la sabia tarea de leer de ves en cuando: La Pachamama es toda la tierra, y como hijos de la Pachamama, tenemos el derecho de vivir en cualquier rincón del Planeta donde consigamos trabajo, ingresos y una vida digna. Somos ciudadanos del mundo porque somos hijos de la Tierra, de la Pachamama.
Rosa Elizabeth Quiroga Saavedra