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Pasiones de multitudes

Mate para el jugador Lugano en Montevideo

Terminó el mundial, y la vida continúa. Las innumerables banderas están ahora guardaditas y planchaditas esperarán un tiempo para volver a adornar alguna esperanza.
A veces eventos como el mundial de fútbol, donde no se definen grandes cosas para la humanidad, concitan un interés imposible de ignorar.
Es así que en una inmensa cantidad de personas rebrota el sentir nacionalista y el entusiasmo por unos jugadores de fútbol que “representan” a una nación. Vendedores de LCD, de ropas con los colores celeste y blanco y comentaristas deportivos, agradecidos.
A pesar de estar hipnotizados durante muchos días por la “caja boba”, y de saber que los que manejan las decisiones importantes aprovechan para tomar medidas mientras estamos distraídos.
A pesar de todo eso no nos fue indiferente todo lo que provocó en los pueblos el devenir del evento deportivo. Llamó la atención como se festejó la derrota brasileña por estos lados, como si fuera un triunfo propio. Ojalá haya servido el aprendizaje para los que disfrutaron brevemente de la desgracia ajena.
El contraste fue como otros tantos vieron “la celeste” con el blanco también y palpitaron los partidos de Uruguay, como si fueran los propios.
El mundial también deja enseñanzas, además de que fue la primera vez que se realizó en el continente africano, deja en claro que el funcionamiento en equipo puede más que la suma de individualidades y que algunas veces el corazón puede llenar algunos vacíos.
Los europeos volvieron a demostrar que para ganar, así en el juego como en la guerra, la técnica y el estudio de las debilidades y habilidades del rival, son para tener en cuenta.
Toda una ciencia exacta. Dicen que en esos partidos de hoy se emulan las guerras de ayer.
Hinchados de nacionalismos varios, la gran final europea, se dio entre países con un pasado colonial en el continente donde el despojo se sigue dando. Vaya paradoja.
Por estos lados los días de paseo del nacionalismo ya están por llegar, en actos, celebraciones, de valor simbólico en un país que se está transformando todos los días. Con errores y aciertos, esos símbolos también cambian y se redefinen. Una muestra fue el evento 100 % caporales donde se quiere defender una danza folcklórica que supuestamente esta en peligro. A veces lo límites culturales no coinciden con los límites de los estados nación.
Y es muy interesante lo que pasa con nuestra cultura, en los Andes se siguen creando nuevas formas de comunicación comunes, ya sea en el norte chileno, norte argentino y oeste de Bolivia. Las migraciones hacen que esta cultura se expanda donde viven sus cultores que la comparten acertadamente con personas de otras culturas.
El vigor de una cultura se mide también en la influencia en la vida de las personas, el acompañamiento en los sentimientos y en lo que transmite al que lo mira.
En muchos produce alegría y disfrute,  hay que estar contentos por ello sin pensar en propiedades.

 

 
periódico Renacer
Artículo cargado el 31/7/10
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