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Hace unos días (el 7 de junio pasado) recibí varios saludos por el día del periodista y justo me daba cuenta que en pocos días mas íbamos a estar elaborando la edición número 200 de nuestro periódico. A simple vista parecería ser un simple número, pero para los que lo hacemos es algo mas que un número redondo, algo más que el doble de 100.
Algunas veces para graficar que significa cada edición, medio en broma respondo que cada nueva edición es como un hijo/a, pero con la diferencia que sólo son necesarios quince días para que alumbre. Y para que salga a la luz el cierre de edición es lo más parecido a un parto que hasta ahora experimenté.
Antes los finales en mis tiempos de universitario era algo que creía parecido, pero ninguno de mis trabajos tuvieron la suerte de circular en las calles. El periódico impreso va de mano en mano y es un producto realizado por un equipo que también le pone amor a cada una de sus notas.
Sin duda es una creación conseguida con una suma de voluntades, donde intentamos brindarles lo que consideramos que es lo mas relevante de los últimos 15 días.
Desde el lugar que me toca tenía la certeza que en estos tiempos que corren, como hace casi 12 años atrás, es estratégico y necesario tener una voz y un discurso propio.
El mapa de los que tienen voz, esta muy concentrado, mas de lo que estaba hace doce años. De hecho somos sobrevivientes de una carrera donde tuvimos muchas desventajas desde el vamos. La crisis del 2001 terminó de empujar al vacío a los medios que estaban por caer y los oligopolios o conglomerados mediáticos ocuparon esos espacios.
Una comparación adecuada es aquella que dice que el pez grande se come al pez chico y se hace mas grande y tiene mas hambre.
Mucho no ha cambiado, por ahí estamos un poco mas viejos, una cana nueva por cada edición, con un camino recorrido que da el envión necesario para continuar.
El máximo respaldo es el de los lectores que saben que al comprar cada edición en su kiosco o en la calle del “Renacer” además de informarse están colaborando para sostener el proyecto, ya que de no estar perderíamos muchos de la colectividad boliviana y de los pueblos indígenas.
Al pensar en la posibilidad de salir a la calle, sabíamos que no iba a ser simple, que lo que hiciéramos no iba a ser un negocio rentable pero que podían cambiar las condiciones en un futuro no muy lejano.
A fines de los 90’ y ahora no existen las condiciones para que surjan nuevos actores en este mapa mediático; que den cuenta de la diversidad social existente donde vivimos. Hasta ahora ni el estado argentino ni el boliviano entienden la importancia que tiene que de los sectores de los cuales nos ocupamos, puedan tener la posibilidad de que estén presentes en nuestras páginas como protagonistas, con sus logros, conflictos y necesidades.
De hecho también el medio gráfico, a diferencia de otros medios, es un documento histórico que a futuro se consultará para conocer la historia misma de nuestra colectividad y de los pueblos indígenas que también habitan en estas latitudes.
Justamente estos sectores son invisibles para ambos estados, no existen políticas públicas desde el nuevo estado plurinacional de Bolivia hacia los que tuvieron que migrar, y tampoco por parte del estado receptor que no quiere ver que son cerca del millón de bolivianos.
Y ni hablar de los indígenas que se los quiso asimilar pero hoy renacen después de una larga tormenta que los ahogó entre balas y biblias pesadas. Ayer “cabecitas negras” hoy “bolitas” o indios. Que de hecho la mayoría de los bolivianos que vinieron son quechuas y aymaras no es ninguna novedad, y decirles extranjeros sería un insulto ya que es sangre de esta tierra, y sus ancestros abonaron estos campos desde Alaska hasta Tierra del Fuego.
No existe medio impreso ni en Bolivia ni Argentina que cada 15 días tematice en forma constante las realidades que viven los indígenas en Abya Yala, tanto en espacios urbanos como en los territorios donde habitan actualmente. Pero más valedero es aún que lo hacemos con nuestras propias manos o mentes, y no intérpretes o académicos bienintencionados, o de los otros.
Si valoramos y respetamos lo que hacemos, es un buen paso para ubicarnos frente a los que tienen las decisiones en sus manos. Porque algunas veces un traje colorido de algún grupo folcklórico que desfile en un lugar céntrico del centro del país, sólo será un protagonismo efímero para los flashes o recuerdos en un album o en el facebook.
La diversa y multicultural Buenos Aires con el gobierno de turno que tiene, puede lucirse sin sacrificio ni ayuda alguna para saciar la vanidad de algunos desprevenidos.
Algo de eso vimos cuando se presentó una muestra de los medios gráficos de colectividades en la coqueta Casa de la Cultura en Av. De Mayo, donde se podía observar el sacrificio hecho por periodistas de 200 años a esta parte. Y al consultarles a los funcionarios porteños sobre si el gobierno porteño daba algún tipo de respaldo a los actuales medios de colectividades la respuesta fue: ninguna. Y no se les caía la cara de vergüenza.