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La cadena y el carnaval

A menudo me pregunté ¿porque pesan tanto el carnaval y las fiestas en nuestra cultura? Leí varias interpretaciones al respecto y otras tantas me dejé llevar por su embrujo, su voluptuosidad y su desorden.
Allí comprendí que el folcklore boliviano, como todo folcklore institucionalizado es una construcción, así como nos institucionalizaron el gaucho como ícono de un país, aunque ya haya desaparecido. Pero a menudo ver un tipo con su look de bombacha negra y alpargatas nos quiera hacer confundir.
Pero ahí esta el relato de una nación mestiza, en sus diablos, en su mamita del socavón en sus tinkus, tobas y morenadas. Un relato de la bolivianidad creada no hace mucho tiempo, reconociendo a la indianidad y modernizándola, poniéndole al tinku sus monteras llenas de pompones o sus ropas con colores fluo.
Un relato sobre otro grupo humano significa un poder sobre el otro y por eso también hace unos cuantos años en Oruro surgió el Anata Andino.
También me llamó la atención como siendo tan masiva y tan potente expresión cultural se desconoce bastante en un país tan cercano como en el que vivimos, a tal punto que se reconocen otras mas lejanas geográficamente. Es cierto también que se conocen las cosas que tienen cabida en los grandes medios de comunicación, y que no es inocente la elección del menú que nos sirven cada vez que usamos el control remoto y encendemos la tele.
Eso por suerte esta cambiando, y lo está haciendo la gente, ya algunos empiezan a darse cuenta de que Bolivia no es solo altiplano, de que hay mucho verde en la Amazonía. Son esos jóvenes que van aumentando en número y que deciden un año, en vez de ir por su metro cuadrado de playa a la costa, recorrer algo desconocido y con pocas referencias.
Y también Buenos Aires empieza a conocer mucho de Bolivia a través de la enorme colectividad que reside en esta ciudad, y a cualquiera medianamente curioso que no conoce nuestras costumbres, le llamó la atención ver algunas viviendas llenas de serpentinas y globos, o escuchar cohetillos, o ver vehículos con mixtura y ch’allados.
Los comerciantes, o las familias de origen andino (no solamente bolivianos) que no viajaron a sus pagos se entregan al martes de ch’alla con mucha pasión, tanto en Buenos Aires como en otras ciudades de Ushuaia a La Quiaca y desde el Río de La Plata hasta la cordillera de los andes.
A menudo se le echó la culpa de ser tan arraigados a ciertas costumbres,  por el atraso económico que se vivió durante siglos en esta región del planeta.
Y si de nuevas costumbres o modas se trata, la danza de la morenada hace años que es la preferida de las mayorías. Los que conocen del tema dicen que simboliza al esclavo africano que llega a los andes, con sus ojos desorbitados y las  matracas hacen las veces de las cadenas.
Ese andar lento, acompasado y coordinado con los demás integrantes es fruto de la organización. Y son las cadenas o matracas las que marcan el ritmo.
Este tipo de acciones también se dan en otros ámbitos, y vimos claramente el intento  de usar estos métodos en las FM dirigidas a la colectividad cuando ocurrió el asesinato del locutor Fernando Zalles y posteriormente, cuando aparentemente robaron una de las radios dirigidas a la colectividad que surgieron hace pocos años.
Es interesante el método para unificar o trabajar en conjunto, pero a veces su uso requiere una reflexión previa ya que el espontaneísmo algunas veces es aprovechado por algunos que se quieren imponer su interés, como si fuera el interés común.
En cualquier sociedad como en cualquier colectividad, no todos somos iguales, y un hecho puede tener interpretaciones de acuerdo a la ubicación en el que cada uno esta ubicado.
No es lo mismo los intereses de un empresario, que los intereses de un costurero, por más que sean de la misma nacionalidad. No es que por ser bolivianos somos todos buenos. Una organización quiso convencer de hacer una cadena de radios de recolecta de solidaridad (léase dinero) por la radio Favorita de Soldati.
No esta mal la idea, pero entonces se debería de hacer cadena cada vez que a alguien le roban algo. Viviríamos encadenados.
Controlar el aire de las radios con un tema desafortunado que no debería de pasar de la esfera privada, parece demasiado.
Cuando algo es sobreactuado, es que hay gato encerrado. O quizás perro.

 

 
periódico Renacer
Artículo cargado el 17/3/10
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