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Descendientes del filósofo describen cómo era el pensador |
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A treinta años de su muerte, sus descendientes le brindaron un homenaje.
Cuando Rodolfo Kusch viajó a Europa se dio cuenta de que el continente americano tenía un pensamiento propio, pero no estaba estudiado completamente. “Qué mejor entonces que al regresar e irme justo al extremo opuesto de Buenos Aires, o sea a la puna, a averiguar qué pasa en el fondo de América a nivel de pensamiento”. Así decía la voz del filósofo en el cortometraje que se presentó al cumplirse 30 años de su desaparición física. La charla fue realizada en el C. C. de la Cooperación en la que participaron familiares del pensador.
El cortometraje sobre Kusch surgió de la idea de dar a conocer material inédito del pensador que no fue incorporado a las Obras Completas. Se encontraron muchísimas fotografías, material audiovisual y de sonido, por lo que se pretende hacer una investigación prolongada que oriente un futuro largometraje.
Se podía oír al autor decir “No sólo encuentro pensamiento, sino profundizo también qué es el pensar en general. Por eso escribí el pensamiento indígena-americano donde expongo qué pasa con el indígena, cómo piensa y qué pasa con nuestro pensamiento en toda su extensión, desde lo más profundo de nosotros hasta la teoría”.
Las obras del autor que hablan de América buscan el conocimiento filosófico en la vida de la gente más que en los libros. En ese camino experimental, Kusch construyó su pensamiento recorriendo los lugares donde vive el pueblo, como una fiesta en una chichería de Oruro o las ruinas de Ollantaytambo en Perú; y recopilando lo que aprendió de personas como la colla del mercado del Altiplano de Bolivia o el criollo correntino en un bar de Buenos Aires.
Ese permanente contacto con la gente de la tierra le brindó una total coherencia a lo que vivía y escribía, según lo aseguraban sus compañeros y amigos. “No hablaba de lo que hacía, no se vanagloriaba que tenía que sostener un pensamiento, porque él se metía en el barro. Él construía un pensamiento y si el pensamiento tenía madurez, funcionaba y después te enterabas que alguna de esas ideas eran purificaciones de lo que le dijo un hachero. Y seguramente eso le permitió hacer ese trabajo de campo tan especial”. Explicó Juan Pablo Pérez, el moderador de la charla.
Otro de los documentos que se expuso en la presentación fue una disertación que hizo Rodolfo Kusch para una humilde radio, en la que describe algunas diferencias culturales. “Ayer lo vi comer al indio Quispe un plato de sobras que le dejaron en un restaurante y su manera de comer me hizo acordar lo que me dijera el poeta boliviano Héctor Borda, ‘el boliviano come distinto que el ciudadano de Buenos Aires’. Nosotros en Buenos Aires comemos hacia afuera, como disponiéndonos a comer, el boliviano en cambio come hacia adentro, como si meditara, con el rostro inmóvil y la mirada perdida”.
Florencia Kusch, su hija, contó anécdotas familiares y resaltó la utilidad que tiene el pensamiento de su padre en la actualidad. “Él creía que hay momentos en que se debe reflexionar pero hay otros momentos en que es necesario actuar. Uno no puede vivir pensando eternamente y publicando ideas para que la lean tres personas. Uno debe preguntarse que estoy haciendo por mi país, a quién le sirvo. Eso lo sentí la primera vez que fui al barrio a dar un taller de Mitos. Y me dije a quién le importa, a quien le sirve un taller como este, a nadie. Ahí se me aclararon otros puntos con respecto al pensamiento de Kusch que él me los había marcado porque lo tenía muy claro”.
Rodolfo Kush murió en 1979 y fue enterrado en la Quebrada de Humahuaca, donde se le permitió vivir luego de que la dictadura militar lo despojara de los cargos universitarios en los que trabajaba. “Él estableció una oposición entre lo que son los saberes y el conocimiento y luchó contra ese conocimiento que se vende en el mercado que en la actualidad también lo denuncian los zapatistas”. Contó su hija Florencia.
“Él sabía que ese conocimiento racional mercantilizado se vinculaba al saber hegemónico, ése era el punto del saber occidental. Porque más allá de si está bien o está mal ese conocimiento, son un manojo de personas dueñas de los libros y la televisión que nos venden esa propaganda. Uno se da cuenta que es aquí donde tocó tierra el pensamiento de Kusch pues planteaba otra forma de pensar y no sólo en el pensamiento del mundo americano sino en cualquier barriada, simplemente donde la gente se reconoce en el otro, donde los integrantes de determinada comunidad tienen actitudes solidarias. Ése era el punto crucial que para Kusch tenía el pensamiento americano, ése Ser en Los Demás, es el sentirse parte de una comunidad. Lo que él planteó en su momento lo están planteando ahora no sólo las comunidades indígenas sino los pueblos oprimidos de América Latina. Eso es lo que nosotros tomamos para revalorizar el conocimiento de los saberes de ese pensar en América”.
Darío Giavedoni