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Una señora logra emitir su voto después de esperar largas horas en el Bajo Flores |
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Una de las grandes novedades de las elecciones del 6 de diciembre en Bolivia, además del aplastante triunfo de Evo fue que por primera vez participaron los bolivianos que viven en el exterior.
Desde el periódico que dirijo nos tocó realizar una cobertura a nivel nacional de las elecciones, sabíamos que iba a ser histórico. Tenemos registros de incalculable valor, que ya son parte de nuestra historia que muestran el entusiasmo y el compromiso “a prueba de balas”
Como para “comerse” mas de una cola e insistir en dejar el voto. La lectura de la colectividad no estaba errada, a pesar de que no era obligatorio, habían muchas cosas en juego para aguantarse lo que viniera y sufragar.
Mas de una década que la clase política boliviana venía esquivando la reglamentación de la ley, que confirmaba el derecho de voto de los que tuvieron que emigrar. Si hasta los criminales en Bolivia podían votar, por eso éramos peor que parias, ciudadanos de cuarta.
Fue la nueva Constitución del Estado Plurinacional de Bolivia aprobada a fines del año que obligaba al congreso boliviano a reglamentarla. La oposición y el gobierno acordaron darle el mínimo de participación posible, solo el 6% del viejo padrón de cuatro millones de ciudadanos iban a ser los afortunados.
Para llevar adelante esta tarea la Corte Nacional Electoral, ahora llamado Órgano del Estado Plurinacional decidió empadronar sólo los bolivianos que vivieran en Argentina, España, EEUU y Brasil. Pero en Argentina tenían que residir en el conurbano bonaerense, la ciudad Autónoma de Buenos Aires, en las provincias de Mendoza y Jujuy.
En Brasil en San Pablo, en España en Barcelona, Madrid y Valencia; en EEUU en Maryland, Washington, Virginia o Nueva York.
Se podría decir sin temor a equivocarnos que fue un acto discriminatorio, por lo menos.
Pero la cosa no termina ahí, cuando en Bolivia el empadronamiento biométrico comenzó el 1º de agosto, en la mayoría de las ciudades antes señaladas se inició después del 16 de septiembre; en Buenos Aires que lejos es la plaza más importante, recién se inició el 18 de septiembre.
Otro “filtro” que no tuvieron forma de sortear muchos miles fue que tenían que tener la cédula de identidad actualizada, y con eso apuntó a los que viven hace mucho tiempo fuera de Bolivia, ya que no tiene utilidad práctica tener una cédula de Bolivia si uno vive, trabaja y vota en un país como Argentina. Solo los que están regularizando su situación de radicación, podían tener ese requisito.
Encima, la difusión en los propios medios de la colectividad apuntaron a la Capital Federal, cuando el grueso de los bolivianos viven en el conurbano.
De no ser por la patriada “y el boca a boca” de los residentes bolivianos en estos lugares del país, hubiera sido un fracaso redondo con un impacto negativo que frenaría el avance en el reconocimiento de mas derechos.
Un poco en serio, un poco en broma, se dice que en Argentina vive el departamento (provincia) mas numeroso de Bolivia, y en este lugar fue justamente donde Evo consiguió proporcionalmente un respaldo significativo. Sólo superado por los resultados en zonas rurales y en San Pablo.
La entrega fue total, sobró pasión como para que algunos estén desde las 4 de la mañana para esperar su turno y emitir el voto.
En contraste una desorganización, un maltrato similar al que la mayoría de los bolivianos vive a diario en este país.
Lo cierto es que algunas cosas cambiaron en Bolivia, y otra no, pero a pesar de ese abrumador respaldo de los residentes bolivianos en Argentina, el gobierno boliviano todavía no tiene una política definida para atender y aprovechar esa fuerza de la colectividad.
Evidentemente nuestra gente le tiene mucha fe a Evo, es como un símbolo de esperanza, pero observando la campaña electoral de los partidos políticos que hicieron pie en esta ciudad para convencernos y elegirlos, lo que faltaron fueron propuestas serias. Se notó mucho que conocen poco la colectividad, si hasta se escucharon cosas desopilantes. Propuestas que ofenden la inteligencia del compatriota medio, que mayoritariamente no es instruido, pero que a fuerza de maltratos de todo tipo “ya no como sanguches de vidrio”.
Para estar a la altura de las circunstancias, hace falta organizarnos y en eso nos aplazamos.
Existe como un gen autodestructivo, quizás producto de tanto dolor de 500 años que hace que en el hermano se vea a un enemigo en potencia y no un aliado para mejorar las condiciones de vida de todos. ¿Será una maldición?
Pero es recurrente el comentario por parte de funcionarios de este gobierno de que muchos residentes viajan a Bolivia autonombrándose como representantes “únicos” de la colectividad, y actúan como si así fuera. Cuando todos sabemos que las organizaciones están atomizadas y que si bien hay organizaciones de diferente tipo, ninguna se puede arrogar semejante nombramiento.
Por todo lo acontecido estos últimos meses y lo del día de elecciones podemos inferir que si antes éramos ciudadanos de cuarta, ahora somos de segunda.