A votar, mi amor…

A votar, mi amor…
Una pareja como muchísimas otras vivió una historia parecida
 

Domingo de votación y mi tarea como cronista aunque no vote hizo que compartiera la cola con miles de paisanos en el Bajo Flores.
“A votar, mi amor. Vamos a votar, mi amor”, me susurra en mis sueños de domingo una sonriente cholita, hasta que el timbre de mi móvil me saca como zombi del colchón. “¿Durmiendo todavía, Nico? –me pregunta el director del Renacer desde el otro lado del tubo-. “Ya son más de las diez y no has venido al Bajo Flores, zonzo. Siempre con ese ch’aquí dominguero, pues. Acordáte que mañana no hay excusas: la crónica de la elección la quiero a primera hora en mi casilla de correo”.
Mamita querida de Copacabana, cuándo me vas a liberar del pesado director. Este hombre no sabe que todo gran escritor tiene sus sanos vicios, pero que sobre todo, y aunque no sea practicante, el domingo es sagrado, sagrado para la farra y no para el trabajo, pues.
No lo culpo a mi cuate director, es que el día es histórico, por primera vez el Estado boliviano salta las fronteras y miles de paisanos –aproximadamente el 6% de los que viven fuera de Bolivia- pueden elegir a su presidente. Mientras camino por la Avenida Cruz, me despabilo comiendo un chicharroncito que puede hacer resucitar al más duro de los finados. La casera que ofrecía el suculento plato me contó que harto había vendido durante el mediodía. No era para menos, las autoridades calculan que durante la jornada de comicios en el Bajo Flores, 35 mil personas van a emitir su voto en las instalaciones del Club San Lorenzo de Almagro, algo así como el 30% del total de paisanos habilitados para votar en el exterior.
Ya cerca de la entrada, sobre la calle Perito Moreno, la larga fila de casi diez cuadras podía hacer recular al más ferviente de los votantes. José, un paisano nacido en Oruro, me explica que la mañana empezó con algo de frío, cuando llegó a eso de las siete. José dice que tiene paciencia y que esperó tantos años para poder votar, que aguardar un par de horas más no le va a amargar el día. Ya el sol del Bajo Flores pega duro en los miles de paisanos que hacen fila para emitir su voto y los ánimos se caldean, y no es para menos: los paisanos se quejan de la mala organización de la Corte Nacional Electoral, un tema que se tendría que tomar en cuanta para futuras elecciones. «La fila no avanza y está muy desorganizado, nadie nos informa», se queja a coro la familia Choque, oriundos de El Alto. Otos paisanos me cuentan que dentro del predio la confusión es parecida, pero que vale la pena el esfuerzo para “hacerle el aguante al Evo”.
El límite horario se extiende por más de cuatro horas, así todos los paisanos pueden emitir su sufragio. Acompañada por su familia, con 60 años de edad y más de 30 residiendo en la Argentina, Lidia me cuenta que va a votar por primera vez. Lidia no es adivina pero me advierte que hoy, en Argentina, Evo gana por paliza. Los resultados a boca de urna le dan la razón: el binomio del Morales-García Linera obtiene más del 90% de los votos en el país gaucho, y la formula de Manfred y Fernández ha quedado en un cómodo segundo lugar, con menos del 10%, más solos que Banzer el día del amigo. Ya por la noche, en la tele muestran que algunos paisanos festejan con wiphalas y tricolores en el Obelisco porteño. Está confirmadísimo: hay Evo para rato.

Por Nicolás G. Recoaro

 

 
periódico Renacer

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