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La cultura de los pueblos andinos se reproduce con las nuevas generaciones que nacen en Buenos Aires |
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Tengo asociado el 12 de octubre al dolor, como una fecha incómoda, pero también lo asocio a fiesta, a encuentro, porque en el lugar donde nací se produce el encuentro andino más importante de Buenos Aires, y si decimos Buenos Aires, podemos decir de Argentina.
Y si decimos Argentina, podemos decir el estado nacional en esta región del continente que quiso borrar del mapa a los indígenas, y que ideó un proyecto de nación donde su colaboración no iba mas allá de servir de abono a la tierra.
No por casualidad el barrio donde nací se llama Charrúa, el nombre de una nación originaria que se la dio por extinguida, y que hoy sus hijos vuelven de la amnesia que significó para nosotros la educación estatal.
Justamente la ingeniería de estados nación que se erigieron en el cono sur tiene como objetivo dividir estas naciones originarias, por eso lo que para nosotros era la Confederación del Tawantinsuyo antes de la llegada de Pizarro, hoy ese lugar esta dividido en cinco naciones criollas: Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Chile y Argentina.
En Argentina en particular se intentó borrar esa memoria, de muchas maneras, entre otras importando europeos para “regar de civilización” a estas tierras. Pasaron los años y la tan elogiada generación del 80’ llevó a cabo esa idea, y forjó un modelo de país que mira a Grecia como “su lugar” su cuna, su origen.
Por ello, con esta idea racista, arrebataron las tierras de la Patagonia, y del Chaco y completaron la faena civilizatoria, con la celeste y blanca, con la pluma y la palabra.
Pero hoy es justo en Bolivia, donde nacieron mis padres, donde los indígenas dejaron de ser los “desaparecidos” de nuestra historia, emergió un presidente indígena. Aunque todavía no hay un gobierno indígena, lo cierto es que no se puede desaprender en un par de generaciones lo que se marcó a sangre y fuego en siglos. Lleva tiempo.
No es por casualidad que Bolivia es uno de los países mas pobres de la región, pobre según la vara que mide las ganancias económicas como parámetro de riqueza. Así mide occidente.
A este país llegaron quechuas y aymaras con documentación boliviana, como trofeos de guerra al igual que los de otras naciones en las provincias del interior del país. Socialmente, son los “cabecitas negras” “grasitas”, “cabeza” y ahora el peor epíteto que tiene esa carga de desprecio social: “boliviano”.
Pero esos “negros de alma” o esos “bolitas” que “vienen a quitarle el trabajo a nuestra gente”, son distintos, tienen modos diferentes, y se relacionan de otra manera. Por lo que si lo argento es lo mejor del mundo, a nosotros nos queda ocupar el lugar de lo peor.
Argentina se creyó la Europa de América del Sur, aunque los europeos no los reconozcan de tal manera y los traten como a cualquier sudamericano. Pero bueno, cuando esto se hizo efectivo en la guerra de Malvinas de pronto por estos lados los mapas psicológicos cambiaron y empezaron a reconocer a los vecinos y se dieron cuenta que éramos parte de la cintura cósmica del sur.
Pero recuerdo que alguna vez en un foro cuando recién comenzaba a dar mis primeras opiniones en el ciberespacio, me trencé en una discusión donde se hablaba de “lo latinoamericano” y yo aseguraba que mucho de latino no tenía, y tampoco era católico, apostólico y mucho menos romano.
Si bien ya desde temprana edad sabía que mis padres eran bolivianos, y que en realidad eran indígenas, recién arañando mis 20 abriles llegué al vallecito donde nacieron ellos y palpé al idioma nativo bien vivo y como lengua única del lugar.
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Marcha del contrafestejo del 12 de octubre en Buenos Aires |
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Entonces fue allí que comprendí que renegar contra España o contra la Iglesia por el genocidio que perpetraron no era tan estratégico para el futuro inmediato. De hecho no se puede volver atrás, y que potenciar lo que todavía queda nos puede servir para recuperar algo mas que la memoria.
Será por eso que la fiesta con ropaje de fiesta religiosa que se hace en mi barrio, sirve para sentir que los que vivimos en este énclave andino que inventaron quechuas y aymaras en Buenos Aires, sirve para ver que estamos vivos, que no nos creemos “lo peor” “ni los mas feos”.
Somos nacidos en ciudades, y nuestros padres se las arreglaron primero para que existamos, después para que sobrevivamos, y siguen poniendo en práctica algunas enseñanzas de los abuelos adaptadas al nuevo medio. No son “tan puros” como quisieran algunos puristas indígenas ni algunos antropólogos. Será que la pureza no existe y somos mil veces mestizos, será que los genes son humanos y punto y se trata de otra cosa.
Lo cierto es que estamos vivos, y que cada quincena en estos últimos 10 años nos pueden leer nuestros paisanos, los que viven en Buenos Aires y otros que viven en otras geografías a través de la web.
Como quechuas y aymaras, para algunas estadísticas no existimos, ni como pueblo ni como medio de comunicación, será porque somos difíciles de clasificar, de ubicar.
Ojalá con esta nueva Ley de Radiodifusión recientemente aprobada, puedan oírse mas nuestras voces, nuestra música, nuestras necesidades, y como intentamos hacer desde hace ya una década, tener un discurso propio.
Por ahí algunos dirán ¿indígenas en la Capital Federal? Y cada 15 días a través de nuestro medio, les respondemos ¡si!