Ni tan extranjeros, ni tan parias

Gustavo Moya se empadronó en San Pablo y fue el primer boliviano fuera de Bolivia que se empadronó en el mundo
 

El histórico empadronamiento biométrico que ya comenzó en los cuatro países del exterior para las elecciones del próximo 6 de diciembre, no serán significativos en los resultados que todos dan por descontados.
En realidad gana el pueblo boliviano en su conjunto, en su diversidad. Es que faltando cerca de 15 días para la finalización del empadronamiento, ya se empadronaron mas del 90 % del padrón manual que existía hasta el momento.
Es que la particularidad del caso boliviano marcará un precedente en la región, ya que, si bien es un país pobre, está invirtiendo un gran presupuesto para garantizar transparencia y de paso hacer aparecer nuevos ciudadanos “debajo de las piedras”, quienes no existían ni hasta en las estadísticas.
Fue un favor de la oposición que se anotó un triunfo pírrico en varios frentes, por un lado despertó la pasión por anotarse y por el interés en la política de los bolivianos en el mundo.
Bolivia que históricamente expulsó gente  a la que encima nunca le reconoció sus derechos, paradójicamente siguió aportando a la distancia, no sólo con remesas.
Sólo en Argentina se calcula que viven cerca de un millón de ciudadanos bolivianos, y si Bolivia reconociera (como Italia y España) a la siguiente generación nacida en Argentina, estaríamos hablando de millones. Agarremos la calculadora, una pareja de bolivianos tiene mínimo cuatro hijos, por lo que se anotarían mas de dos millones de personas.
Sólo en Argentina contaríamos tres millones, si se suma los demás que migraron a otros países estamos hablando de la mitad de los habitantes de la actual Bolivia.
Ya repetiría desde su tumba Juan Bautista Alberdi, uno de los que sentaron las bases del estado argentino “gobernar es poblar”.
El estado boliviano no pudo eliminar a su población originaria, como pretendió el estado argentino, pero hay diferentes formas de eliminar a un pueblo y no necesariamente derramando sangre se consiguen los objetivos de la colonización.
Una forma de conseguir dicho cometido es la asimilación, en la cual se despoja de su particularidad a un pueblo, en nombre del progreso o de la mejoría en las condiciones económicas de vida. Así se homogeneizaron vastas poblaciones en el mundo para controlarlas e influenciarlas de una manera efectiva.
Standarizar a millones es funcional para una elite que dirige una determinada sociedad puede desplegar su cometido de dominio “de arriba hacia abajo”.
El estado boliviano que surgió por la necesidad de una elite de conservar su condición en el Siglo XIX, perdió todas sus guerras y sendos territorios, pero no pudo eliminar a naciones tan arraigadas a la tierra que habitan, con su propia forma de ver el mundo y sentir la vida.
Se intentó responsabilizar a estas naciones quechuas, aymaras y guaraníes del atraso boliviano, cuando la resistencia de estos pueblos por ser asimilados o integrados aun estado nacional determinado es un triunfo para la humanidad.
Digo triunfo porque la “civilización” trata de de imponer una forma de ver la vida y el mundo y arrasa con todas las diversidades y como una maquinaria aceitada durante siglos, ofrece sus tentaciones y bondades, cual piedras de colores.
Justamente lo que la mayoría de la población ahora boliviana no perdió, y que tiene gran valor en este mundo de hoy, fue mantener viva y dinámica su cultura, para que su gente siga produciendo y consumiendo sus genuinas producciones.
En Bolivia se están dando lecciones al sistema democrático, cuando en lugares “mas desarrollados” siguen votando hasta los muertos.
Hablando de muertos, nosotros acá venimos a ser los “desaparecidos  de Bolivia” quienes tendremos la posibilidad de decirles a propios y extraños que estamos vivos, llenando de datos los centros de empadronamiento.  

 

 
periódico Renacer

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