La transformación  fisonómica y cultural de la localidad de Ezpeleta

Imagen histórica de las primeras festividades patronales donde fue pasante Doña Aleja
 

Hace 30 años era una ciudad pequeña con pocos habitantes concentrados alrededor de la estación de trenes y hoy es una localidad poblada casi en su totalidad. Allí vive un importante número de inmigrantes bolivianos.

  Ezpeleta es un lugar donde la presencia de extranjeros siempre ha sido muy fuerte. Pero en los últimos años la visibilidad de inmigrantes de nacionalidad boliviana ha tomado protagonismo. Uno de los indicadores más fuertes son las fiestas típicas en devoción a diferentes santos para lo cual despliegan un colorido y armonioso desfile por las calles bailando danzas folklóricas.
     La historia de Ezpeleta se remonta a la segunda fundación de Buenos Aires, cuando los españoles hicieron el reparto de tierras conquistadas. En el siglo XVII, llega desde España Don Salvador Joaquín de Ezpeleta y su hijo Mariano, diputado de Santa Fe, quien compra tierras en el partido de Quilmes y establece una estancia. La estación ferroviaria habilitada en 1872 fue bautizada con el nombre de "Teniente Coronel Severo Ezpeleta", quien poseía propiedades en el partido de Quilmes, en cuya jurisdicción se encontraba la estación. Alrededor de ella es que se establecen los primeros pobladores en 1891. Recién el 30 de agosto de 1973, por la Ley 8098 Ezpeleta fue declarada Ciudad.
     La localidad está ubicada al sur del partido de Quilmes en el límite con Berazategui. Al este delimita con el Río de la Plata, al oeste con la Av. Calchaquí, al norte con Av. Oscar Smith y Av. José Hernández y al sur con Av. Florencio Varela.
     Cuando se la declaró ciudad sus pobladores eran todos italianos o hijos de ese origen, así lo afirma Alejandrina “Doña Aleja” Dávila, quién se mudó a Villa Augusta, barrio ubicado a 7 cuadras al oeste  de la estación, hace más de 30 años. La mujer recuerda que sólo un vecino y ella eran bolivianos. Pasado 10 años aproximadamente es que los habitantes de origen boliviano y paraguayo empezaron a llegar en cantidad. Las mayoría de ellos se ubicó en el barrio Los Troncos y Los Ciruelos, escapando del desalojo de la villa 31. Estas personas eran inmigrantes de Cochabamba.
     En los 70 la urbanización de la localidad alcanzaba sólo los alrededores de la estación de trenes y la fábrica Ducilo, el resto eran terrenos baldíos. Pero en los noventa y con la crisis de principios de siglo, el proceso de urbanización se aceleró a la fuerza, ya que los asentamientos cobraron protagonismo. La gran mayoría de las personas que hoy en día viven en esos territorios son de la colectividad boliviana. Se puede observar en las calles los distintos negocios erigidas por ellos.
      El cambio más notable es la calle Chile, que según Doña Aleja, “no era así, nadie le hacía caso. Ahora es importante, hay muchos negocios. Cambió bastante, era una calle común y corriente y gente de la colectividad no había”. Por el contrario, hoy en día hay negocios en las que uno entra y puede obtener lo que quiere sin problemas desde chuño hasta ropa típica.

Marisabel Señoranis

 

 
periódico Renacer

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