La vida en una fiesta, o en una fiesta te va la vida

Unas cholas de una morenada bailan al ritmo de kantus
 

Comenzaron las festividades en la colectividad, primero fueron las celebraciones por el aniversario de la refundada Bolivia, seguido por las fiestas patronales que movilizan a toda una variedad de personas.
Estos eventos se dan de Ushuaia a La Quiaca y desde la Cordillera de los Andes a Mar del Plata, en los cuatro puntos cardinales de este país que se llama Argentina.
Cada una con las características propias del lugar, con su historia y con su fuerza, que le pone la gente ya sea por devoción o porque también a quien no le gusta participar de una fiesta?
Algunas veces escuche como una especie de critica, el típico comentario “ah los bolivianos para eso si se movilizan, para eso si tienen plata” y algunos llegan a la histeria de hacer campanas contra el alcoholismo. Lo cierto es que lo que presenciamos los fines de semana de estos meses, son eventos donde un grupo social invierte, con un capital monetario significativo para el pasante, pero exiguo para billeteras de otro nivel, un encuentro social y abierto. No se cobra entrada para asistir.
No se llama fiesta si no hay una banda en vivo y si no hay un grupo de danzas, mixtura, estandarte y la cueca para cerrar con un nuevo pasante el ano entrante. Claro porque para todo, hace falta economía y organización.
Es una inversión social con resultados sociales, donde la participación es importante, y se hace de muchas maneras. Hay tentaciones de diverso tipo que te pueden atraer, servirte un rico plato, o comprar unas roscas, o degustar una chicha o una cerveza con amigos.
Pero lo que más atrae la mirada son las danzas de los diferentes grupos locales e invitados que despliegan sus pasos y su belleza por el asfalto o la tierra. Porque allí los chicos y las chicas son bellos/as, se sienten así y eso esta muy bueno. Se van a mostrar, si señor!.
Generaciones de bailarines se pueden ver, los morenos y diablos son para los más grandecitos y los caporales para los más jovencitos. Aunque ya esas normas no escritas estén fuera de tiempo, se puede ver a grandecitos bailando caporales (con buen estado físico) y a pibes entusiasmados con los pasos acompasados de la morenada. 
Se ven a abuelos y nietos compartiendo una danza, en épocas donde cada vez se intenta segmentar mas a las generaciones, o cuando se inventan cosas para conectarse sin poner el cuerpo.
Son los cuerpos de uno y de otro los que se ponen en juego, es el juntarse el objetivo, con coincidencias y diferencias, sean de donde sean. Algunos dicen que esos espacios son un pedacito de Bolivia en Argentina.
Pero como todo periodista, y coleccionista de estas fiestas, desconfío de esa sagrada frase típica de investigadores. En una fiesta se puede leer la historia de nuestro pueblo, de los quechuas y aymaras y su contacto con las creencias de los blancos, occidentales y cristianos.
Si bien se intentan imitar estas celebraciones que surgieron en los andes centrales, el elemento local se nota y mucho. Es justo la gente la que le pone su onda (término científico).
Porque si bien se cuente por ejemplo que la “Festividad de Charrúa es la celebración mas grande de los bolivianos en Argentina”, la mayoría de ese barrio a la hora de mostrar un documento, sacarían su DNI de color verde.
Pero más allá de lo que digan los papeles se trata de una población con una cultura común que esta diseminada territorialmente en cuatro países, y lo que es reciente es que Buenos Aires alberga en su seno una cantidad importante de quechuas y aymaras que sigue dando vida a su cultura con excusas folclóricas pero con efectiva pasión. Lo que tiene mas posibilidades de dispersarse en una megalópolis, se junta y crea redes que son mas fuertes y permeables que las redes económicas.
Son esos lazos afectivos, de compartir y saber que hay un “idioma en común” que permite pensar en nuevos pasos acorde al momento histórico. Son las nuevas generaciones las que tendrán esa misión de traducir en vigorosos lazos políticos y económicos la conexión con el fenómeno novedoso del proceso boliviano.
No se logran con discursos lindos esos desafíos, más bien se trata de crear las condiciones necesarias para que esto se lleve a cabo.
Ahora que se comienzan a empadronar los bolivianos en el exterior, no esta mal anticiparse a lo que vendrá. Y resuenan algunas preguntas, una vez terminado diciembre, será oportuno cortar el empadronamiento de los bolivianos en el exterior?, con lo difícil que es llevarlo a cabo.

 

 
periódico Renacer

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