Entrando al parque por la puerta principal, hacia la derecha, se encuentra el puesto de Sabina, una potosina que sirve una rica sopa de maní. Para comer un ají de pelado, habrá que avanzar un poco más, allí donde se encuentran los organizadores del campeonato de la región de Norchichas, Potosí: y justamente, como dice Sergio Chambi, el ají de pelado es el plato preferido por muchos chicheños. Lo cocina Elizabeth, que cuenta con grandes cacerolas ubicadas en el baúl de un Ford Falcon celeste. Un poco más allá se encuentran las gentes venidas de la comunidad de Cuyahuani –son paceños, de pueblo orillero. Las mujeres hablan entre ellas, los hombres gritan y discuten. Pero antes es preciso pasar por “El rincón tarijeño”, donde resultan imperdibles todos, todos los platos que ofrecen.
Los puesteros de comida alquilan su espacio a la Asociación Artistas y Artesanos del Parque Indoamericano, que actualmente preside Esperanza Vargas. El puesto de uno de los integrantes de la comisión, Bonifacio Tolava, es uno de los más sólidos, dentro de ese gigante “patio de comidas” –como él gusta llamar a la decenas de puestos que se encuentran alrededor. Ricas salchipapas, picante de pollo, pollo broaster, “comida de Bolivia”, dice y torna a decir, enfatizando gastronómicamente la unidad nacional.
“Vender no se vende, papacho, pero comer se come bien. Por esto recordaremos a Bonorino”. Esto decía hace dos domingos Petrosilla, una peruana que tiene un puesto de ropa en la calle más populosa del Bajo Flores. Todos desean que la intromisión del Gobierno de la Ciudad -tantas veces sin conocimientos básicos de los asuntos, como prueba la ley Buenos Aires Produce
Por Sergio Di Nucci y Jaime Gonzalo Choque