Explorar otras formas de participación

Organizarse para hacer valer los derechos es fundamental para conseguir mejor vida para las nuevas generaciones
 

Huelga decirlo pero vivimos en la Argentina. Es un dato harto comprobable que la mayoría de los migrantes bolivianos se radican definitivamente en este país. Migrar tiene sus costos afectivos y de identidad. Sin apelar a la visión ilustrada y dramática desarrollada por parte de los investigadores académicos, quienes son prestos a diagnosticar “pérdidas de identidad” y cosas por el estilo, preferimos atenernos al estribillo de la canción popular que dice “cambia, todo cambia”.
Cambió el escenario cotidiano nacional, como cambian las noticias que día a día nos (des)conectan con la sociedad en que vivimos. En este país se trabaja, se estudia, se espera construir un futuro mejor. Es en esta nación argentina, su Estado, los vaivenes de su sociedad civil, sus diversas coyunturas en las que nos encontramos inmersos, esta es la nave colectiva que puede conducirnos a vivir en mejores sociedades, entendiendo por mejores a la justicia, a la dignidad, a la igualdad, a la vigencia de derechos y bienes colectivos.
Agosto, sin duda, es un mes que tiene algunas improntas significativas para la comunidad boliviana. Como sea, incluidas lecturas anticolonialistas, es el mes de la independencia boliviana. También, arraigada en una historia más profunda, en este mes se celebra el día de la Pachamama. En los cambios colectivos de la comunidad en este país –tiempo, espacio, lenguaje, trabajos y oficios, consumos, educación, tradiciones- es el inicio de tres meses de celebraciones colectivas que refuerzan una dimensión de la identidad que nos retrotrae a los orígenes profundos de una nación como la boliviana, a los pueblos originarios.
Pero agosto, en este país,  también es un mes donde la situación general local va rumbo hacia formas de polarización del enfrentamiento entre los poderosos de siempre, el bloque dominante como suele ser definido por los gramscianos, teniendo enfrente las llamadas clases populares, pueblo, clase trabajadora y burguesía, todas formas de definir ese sector mayoritario de la población argentina, sector donde está inserta la comunidad boliviana que vive en Argentina. El modo como se defina esta puja colectiva de intereses también ha de afectar a la comunidad boliviana. A no dudarlo.
Por ejemplo, sobre como puede alterar y afectar a la mayor actividad laboral económica actual de la colectividad, el rubro textil. Una de las disputas actuales gira sobre la apertura de las importaciones reclamadas por los sectores más concentrados de la economía, frente a una postura oficial que las impide para así fortalecer las condiciones para el desarrollo de una industria nacional y defender las fuentes de trabajo. La CGT, los gremios metalúrgicos, del calzado y textiles, salieron a respaldar la política industrial vigente y preparan una campaña de defensa de la estrategia oficial. Un dirigente sindical señalaba que "hay sectores importadores liberales, que quieren volver a los 90 cuando había más de 23 por ciento de desocupación, pero nosotros vamos a respaldar la política industrial que cuide los puestos de trabajo". La CGT, empresarios nucleados en el CAME y varios sindicatos firmaron una solicitada publicada en los principales matutinos, donde denunciaron "el fuerte lobby de sectores vinculados a la importación y de gobiernos extranjeros, para que la Argentina cambie su política de protección industrial"
Todo esto se traduce en que si se llegaran a abrir las importaciones para los rubros señalados, la producción de los talleres e industrias, como la textil, difícilmente se encuentren en condiciones de competir con el costo de los productos de origen chino o brasilero. Entonces habrá menos talleres, menos trabajo, mayor desocupación. Es una falacia pensar “yo me ocupo de mi trabajo y nada más”. Hay trabajo y mercado si hay condiciones económicas y productivas para que se generen y funcionen. Por eso se migró a la Argentina, donde hay nichos laborales en un país que pudo desarrollar una industria y un mercado laboral relativamente pujante. 
También, en el reciente diálogo político del Gobierno con las representaciones de los partidos políticos, uno de los temas propuestos fue el del voto del extranjero en las elecciones argentinas. Si bien estos temas pueden  aparecer como lejanos o ajenos para la colectividad, no debe ser así. Son señales de los tiempos presentes, que exigen la necesidad de la participación. Se suman a otros hechos inminentes como la próxima campaña del voto del boliviano en el extranjero. La plena vigencia de derechos, de las condiciones de una ciudadanía en dignidad, implican múltiples formas de integración, como consagración de todas las dimensiones de una comunidad renovadas en los procesos históricos, con estrategias integradas y realistas para resolver las diferentes problemáticas, saliendo así de las pujas callejeras o las rencillas de pueblo chico.

Jorge Vargas

 

 
periódico Renacer

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