Las heridas y los palos son de nosotros, las ganancias son de ellos

Con esta imagen recordaron hace unos meses un nuevo aniversario de la tragedia del taller de la calle Luis Viale
 

Camino un domingo por el barrio de Flores y escucho un clásico tema de Savia Andina, y no deja de remitirme a la situación de muchos trabajadores del rubro textil.
La voz intimista de Gerardo Arias desgrana dulces palabras sin estridencias en quechua:
En estos últimos días las radios que se dirigen a la colectividad, tuvieron como tema excluyente de tratamiento, el enfrentamiento entre sectores que dicen representar y defender derechos de uno y otro sector del rubro textil.
Con el correr de los días se fue agitando para convocar a otra marcha, por una presunta dignidad perdida. Como si una manifestación por si sola solucionara los problemas que aquejan a un rubro, y que a medida que pasa el tiempo, perjudican al eslabón más débil de la cadena.
El costurero de hoy, como el minero de ayer, es el trabajador mas perjudicado en este sistema. No todo patrón de taller es un esclavista, ni todo costurero es un esclavo.
Las relaciones laborales ahora son más complejas, y parece ser que el derecho a la ganancia de los empresarios del rubro es mas importante que el derecho de los trabajadores.
Encarar esta problemática como un problema entre colectividades o grupos nacionales es un error intencionado para que no se encuentre ninguna solución.
Si bien hay fabricantes de origen coreano, judío, boliviano o argentino, es un riesgo generalizar. Dicen que el capitalismo no tiene nacionalidad, su bandera es el dinero y los que lo alaban no tienen límite alguno para asegurarse ganancias.
Estos incidentes suscitados donde se alienta un nacionalismo por un peligro inminente, consiguen desviar la mirada del principal problema que sigue sin solucionarse, un sistema de trabajo que sostiene su vida por la explotación de un par de sectores: los costureros y algunos talleristas.
Hay muchos talleristas y costureros que son de nacionalidad boliviana, pero no todos...
Pero la nacionalidad no es lo importante, es importante saber que quienes ponen la fuerza de trabajo hoy en el rubro apenas puede sobrevivir pero garantizan las voluptuosas ganancias de quienes están en la punta de la piramide.
Despues del incendio de la calle Luis Viale, que dejo al descubierto en forma descarnada la situación de miles, era el momento de decir: no va mas. Esa bandera, ese símbolo fue capitalizado por la organización social La Alameda a quien se apunta como responsable de las eventuales inspecciones.
Hay algo de razón en este malestar, si el responsable es el sector de marcas y fabricantes, ¿porque no hay tanto empeño en escrachar sus oficinas?
Para todo hay un sector mas débil  y los talleres fueron un blanco fácil donde apuntar, hacer el sacrificio mediático,  y ganar puntaje social sin importar el precio. Hasta ahora en esos informes televisivos no he visto la cara de estos ciudadanos que se  enriquecen de  este sistema. ¿irían los medios?
“El tallerista malo que explota a personas en condiciones infrahumanas”, será la noticia y la sociedad comprará esa imagen que le muestra el aparato mas influyente de estas sociedades, que es la TV.
Por muchos discursos que después aclaren que las grandes marcas son las responsables finales de esa situación, lo que quedará en las retinas de los que vean el informe, será “ese esclavizador y ese esclavo” que es “liberado” del taller pero cuyo destino, en la mayoría de los casos, empeoró.
Ser un héroe en las pantallas, puede dejar daños colaterales en la vida  real.
Ese informe periodístico en cuestión no omitirá la nacionalidad de “víctimas y victimarios” sino que alimentará la ya pesada mochila de discriminación social que pesa sobre este grupo social.
El informe ya fue emitido y la gente se quedará con “una parte de la película”. Los que se quedan con las mayores ganancias financiarían gustosos estos enfrentamientos porque se benefician desviando la mirada del punto central.
Del otro lado del ring, tratando de defender lo indefendible, ACIFEBOL y su líder,  agitan  por el eter de una FM para defender una nueva deidad: “la overlock y la recta”.
Intentan comandar una cruzada por el “honor manchado” y quiere encolumnar a toda la colectividad. Este grupo aspira a representar a “toda la colectividad” y es el mismo que esperó  a que el mismísimo Evo fuera a saludarlos a la Plaza de Mayo.
Pero todo aquel que no comulgue con la idea que este grupo  intenta imponer, “es un mal boliviano”, al cual habrá que amedrentarlo para que no critique tan abiertamente. Como es imposible negar que hay “malos talleristas”,  se limita a decirles a quienes cuestionen su  postura de “defensa” los conmina    a denunciarlos, y a otro tema.
El cuadro de situación es mas complejo de lo que parece, los buenos no son tan buenos y los malos no son tan malos.
Si ambos sectores que dicen defender a “los pobres talleristas y costureros” todavía no consiguieron mejoras, algo esta fallando.
La solución parece no pasar por marchas multitudinarias ni escraches liberadores, habrá que buscar medidas contundentes, donde los hoy enemigos necesariamente tendrán que ser aliados. Aunque usted no lo crea.

 

 
periódico Renacer

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