La senadora paceña y el costurero del bajo flores

Los pro peronistas de oposición al gobierno ganaron en la poderosa Buenos Aires y quieren cambiar el rumbo
 

La semana anterior al día de las elecciones, una mañana de martes frío y soleado de junio, conversando con un paceño a la espera de ser contratado como costurero en la esquina de Cobo y Curapaligüe, encontraba que tras seis años de residencia en el país, “era la primera vez que le costaba conseguir trabajo en la costura”. En su discernimiento, las razones eran en primer lugar la persecución del actual gobierno porteño y luego, tal vez, la crisis internacional. Tres días después pudo leerse en un medio local que clausuraron otro taller, ubicado en la calle Zelarrayán. Al lunes siguiente de las elecciones, la cadena holandesa de ropa C & A  cierra sus actividades en el país. El domingo 28 de junio el PRO, la representación partidaria del gobierno porteño, con un sólido porcentaje se impuso en las elecciones legislativas de la ciudad de Buenos Aires. Moraleja, al menos por dos años y medio más, no cambiará esta dura tendencia para el ramo textil.
A principios del mes de junio, en la provincia de Buenos Aires, en un operativo conjunto de Gendarmería, Migraciones y Ministerio de Trabajo hubo diecisiete allanamientos a talleres en la localidad de Villa Celina. En la provincia de Buenos Aires, las elecciones fueron ganadas por los aliados del PRO. Ambas expresiones políticas son tendencias que en el área metropolitana  de Buenos Aires inciden en la realidad del residente boliviano, del originario y del extranjero en esta ciudad, sobre todo si se es pobre. Muchos serán futuros objetivos de las políticas e intereses excluyentes que representan Macri y De Narváez, de todo lo cual ya se tienen muestras elocuentes, con varias medidas tomadas por el actual gobierno del PRO en Buenos Aires. Este tipo de nuevas expresiones de la derecha suelen contemplar entre sus objetivos la persecución de los migrantes. Como modelos a seguir tienen gobiernos como el de Silvio Berlusconi en Italia, que define a los norafricanos, entre otros, como objetivos de estas prácticas excluyentes, o como sucedió con la expulsión de los gitanos de Nápoles. Por lo pronto el gobierno de Macri hace todo lo posible, de manera silente y sinuosa, para que de la ciudad salga toda forma de pobrerío. Como el caso de los talleres textiles que pasaron al partido de La Matanza, señalado esto no por defender las prácticas de explotación o ilegalidad, sí la de señalar que no se construyen políticas públicas para solucionarlas y defender las fuentes laborales. Ante este panorama, victimizarse siempre no soluciona las cosas, y esta parece ser la norma habitual de respuesta hasta el momento, o bien afanes de organizar patrullas perdidas de la bolivianidad en la ciudad, como la marcha al Ministerio de Trabajo dos días después de las elecciones, en demanda por la promulgación de la ley Buenos Airea Produce, marchas que no cosechan resultados, solo expresan impotencia, falta de concepciones realistas y generan frustración.
A nivel nacional, sin duda terminó una etapa, aquella que inició en el año 2003. La derrota de N. Kirchner y D. Scioli en la provincia de Buenos Aires, obligará a profundos replanteos tácticos y estratégicos del actual gobierno así como a un reacomodamiento de alianzas y posiciones dentro del Frente Para la Victoria y el movimiento peronista, la estructura política gobernante a nivel nacional. En términos generales puede verificarse que hubo un corrimiento del electorado hacia posiciones de derecha. Es una tendencia que esta creciendo en nuestro continente, cuya expresión mas grave es  el reciente golpe de estado en Honduras.
En este marco político, el sorprendente desempeño electoral de la propuesta de Proyecto Sur en el territorio porteño, ubicado en un sólido segundo lugar, y el de Martín Sabbatella en la provincia, aportan otras alternativas de participación y reconocimiento. Del largo discurso de un entusiasta Pino Solanas en la lluviosa noche del domingo, con cinco diputados en su haber, apuntemos su expresión de que los pueblos originarios y las políticas ambientales son signos contemporáneos de las concepciones políticas actuales. Aunque una cosa es el discurso y otra el ejercicio ejecutivo real, el gobernar.
Con todas las décadas de radicación de la colectividad boliviana en el país, resulta llamativo y frustrante que no se haya logrado construir representaciones genuinas y maduras como sector social que forma parte de esta sociedad. Lo cual no quiere decir que no existan bolivianos o hijos de bolivianos incorporados a las actividades de diversos partidos políticos, claro que de forma individual y no como expresiones representativas que busquen viabilizar las demandas y derechos del sector, donde no se logró una articulación colectiva de las demandas como ciudadanos en las plataformas partidarias.
No se trata de formar patrullas perdidas de la bolivianidad en el extranjero, y ni hablemos de los auto-llamados dirigentes de la colectividad boliviana. Sí se trata de que estas demandas sean expresadas como ciudadanos, como vecinos, articuladas a las propuestas colectivas de los diversos sectores de la  sociedad argentina.
El tema de los niveles de participación es otro dato. El simple ejercicio del voto, una vez cada dos o cuatro años, no implica una participación sustantiva. Seria un avance sin duda, pero las dinámicas políticas activas y transformadoras requieren de partidos y plataformas políticas, solo integradas a estas podrán lograse avances colectivos de la comunidad boliviana en sus procesos de integración.
Tenemos un caso como el de María Eugenia Estensoro, del Acuerdo Cívico y Social. Leemos en su página en Internet: “Soy una inmigrante boliviana. Nací en La Paz, hija de padre y madre bolivianos. Mi bisabuelo materno, un agrimensor de apellido Lavadenz, descubrió el petróleo en Bolivia; su hijo, Jorge, fue uno de los fundadores de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos e importante empresario petrolero; y mi padre, Pepe Estenssoro “heredó” esa profesión
L a senadora del Congreso argentino, a lo largo de su carrera  no ha desarrollado sus vínculos de  representación política con las demandas de la comunidad boliviana. En su diferencia abismal con el costurero boliviano de Cobo y Curapaligüe, ambos ubicados en los extremos opuestos de la escala social, tal vez su único vínculo sea, además de haber nacido en La Paz, demostrar la ausencia de representatividad genuina de la colectividad en el país.
El costurero y la representante de origen paceño en el senado argentino, también expresan, aún en la migración, las seculares desigualdades e injusticias de la nación boliviana, aquellas que el gobierno de Evo Morales intenta revertir. Pero en política rara vez se hace lo que se quiere, se construye sobre lo que se puede, lo que permite la negociación, el consenso y la madurez de la fuerza propia. El devaluado logro del 6 % de bolivianos en el exterior que tendrán la posibilidad de votar en las próximas elecciones de diciembre en Bolivia es un ejemplo de lo poco que pudimos conseguir.
Mientras tanto, ¿cuál es el comportamiento electoral de la colectividad boliviana ante los plebiscitos nacionales? Ni tan siquiera testigo u observador pasivo.
Teniendo la posibilidad de votar en Capital Federal y Gran Buenos Aires (donde radica el grueso de la colectividad), parece un chiste de mal gusto que se afirme que habitan en el país uno o dos millones de bolivianos, ya que ni siquiera votan  10.000 personas.
Es ese número el que representa para los que llevan adelante un gobierno, los que promocionan sus campañas. No se tiene ni el recurso de premiar, ni de castigar a los que definen políticas e ignoran nuestra propia existencia.
Es tan importante empadronarse, es el primer paso para tener participación política. No usar esa herramienta teniendo la posibilidad de hacerlo, habla de desinterés, y de confirmarle a los políticos que si bien, estamos y habitamos, no existimos.
Será hora de volver a nacer y comenzar a empadronarse…ud lo hizo?

Jorge Vargas

 

 
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