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Una escena de antaño, tango en la ciudad de edificios |
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No fue un día normal de cierre, generalmente el encierro es una fija. Esta vez prioricé un casorio, se casaba una persona que si bien no es mi amigo, nos tenemos mucho afecto, se nota en la mirada y el abrazo.
Quizás su cariño es porque me asocie porque juntos conocimos a la persona con la que acababa de casarse. Lo cierto es que este brasileño se encariño tanto con Buenos Aires que cambió su vida y se casó con una argentina, morena.
Morena de piel ya que sus padres tienen origen en el norte de este país.
Como siempre iba tarde, vi la dirección del lugar y se me escapó una mueca parecida a una sonrisa ya que era a media cuadra de la sede donde comencé mi carrera universitaria.
Iba en bondi y de casualidad sintonicé en el dial el programa de radio que tanto me había gustado en su programa debut.
Allí un cordobés, al que no se le notaba la clásica tonada, intercambiaba impresiones con una madrileña que se ganaba al público con su acento castellano tan agradable.
En ese momento tenían una comunicación con un funcionario del Ministerio de Cultura de la “Capi” o cuya sigla más nueva es C.A.B.A. (Ciudad Autónoma de Buenos Aires).
Se dio una conversación informal entre los conductores y el funcionario porteño al que consultaron sobre las cosas que se podía hacer durante los fines de semana en esta cosmopolita ciudad. La respuesta señaló conciertos de música clásica, museos, recitales de jazz y referencias al arte moderno.
Le preguntaron si a la hora de planificar actividades tenían como referencia algún otro lugar y la respuesta no me sorprendió cuando se refirió a Madrid, Londres, París y Berlín.
Fue una respuesta que eran música para el oído de la clase media de esta ciudad, que cuando les nombran estas ciudades asocian cultura, y se imaginan a Grecia, Roma y el buen gusto de París.
No se puede negar que en cualquier lugar hay cultura, si se puede dudar de los juicios de valor que ponderan una “alta cultura” y que minimiza las demás expresiones culturales.
Siguiendo con la conversación, el funcionario hizo referencia a ciertas actividades con niños en el barrio de Chacarita y se explayó en el origen y la historia de ese nombre, contándole a la audiencia que Chacarita es una deformación de la palabra chacrita.
Creí que iba a aprovechar la ocasión para contar también que chacrita es una palabra de origen quechua, pero no lo hizo.
Me di cuenta que la omisión no es casual, hay una parte de la porteña Buenos Aires que no quiere ver mas que su origen europeo, que lo tiene, pero que no necesita ocultar otras influencias propias de la historia del lugar.
De pronto me acordé que hace poquito tiempo se encontró un galeón español en Puerto Madero y se lo usa como atractivo turístico y se lo piensa como parte de la historia de la ciudad. El contraste con como se trata el descubrimiento de cementerios indígenas en Punta Canal es mas que elocuente.
Será que los indígenas que hicieron orfebrería que está tan al alcance de la mano, no son parte de nuestra historia? ¿El galeón lo será mas?
Se asocia Buenos Aires con el tango en todo el mundo, y no existiría ese ritmo sin el aporte de instrumentos traídos por europeos a los arrabales, traídos por personas que en sus letras contaban su vida y su sentir, en forma genuina. Un verdadero resumen porteño hecho arte.
Y fue ese arte de los arrabales, no era socialmente aceptado en su época, fue tan despreciado como hoy es la cumbia por algunos sectores.
Hay otros géneros musicales que se cultivan en esta ciudad como el de los grupos de sikuris que vienen creciendo en cantidad de personas y grupos, esto se ve con claridad en el encuentro anual que realizan en el mes de agosto al que denominan Mathapi. También se vió en la celebración del In ti Raymi, hace unos días.
A diferencia de las expresiones que el gobierno de la ciudad fomenta, estos esfuerzos colectivos no son dignos de respaldo, siendo hoy espacios donde través de la música se encuentran porteños que vinieron de los andes con porteños descendientes de europeos.
Lo que nos tiran muchas veces para frenarnos, es la idea de extranjeridad, que es una suerte de límite que muchos aceptamos sin chistar.
Como se elude esa trampa, se verá en la cancha (también palabra quechua) de estas elecciones,
Porque si no participamos plenamente del ejercicio de ciudadanía, no solo perdemos nosotros, sino que faltará una parte de la sociedad. En particular en la CABA faltara escuchar algo mas que las melodías de los porteños andinos que no son silenciosos, por ahí son silenciados.