Las heroínas del siglo XXI    

Las madres de ayer y hoy tienen nuevos desafíos una historia da cuenta de muchas
 

Bolivia celebra el Día de la Madre el 27 de mayo. Renacer entrevistó a una heroína de este tiempo para rendir homenaje a todas las madres bolivianas.

 Adiferencia de otros países, el Día de la Madre en Bolivia obedece al homenaje de las valerosas mujeres cochabambinas. Mujeres que al ver cómo morían sus esposos, hermanos y padres frente a las fuerzas españolas, el 27 de mayo de 1812 no dudaron en defender la patria encabezadas por la anciana no vidente Josefa Gandarilla, quien arengó a sus compañeras para ir a la lucha contra el yugo español. En la colina de San Sebastián, más conocida como la Coronilla, cientos de ellas murieron defendiendo sus “hogares sagrados”.
Hoy en Renacer decidimos rendirles homenaje retomando la vida de una madre boliviana que a fin de defender su integridad y la de sus hijos debió dejar el terruño. Ella es Julia Quispe, oriunda de Provincia Umasuyus, La Paz, Bolivia, pionera desde niña en impartir los derechos a la educación y al respeto de la mujer, una cofundadora de la más notable organización femenina y originaria, de esos tiempos.
En el año 1980, de plena dictadura militar, los pueblos necesitaban reunirse a pensar sus derechos y lo hacían escondidos en las montañas. Los hombres llevaban la delantera con la organización Tupac Katari de La Paz y Julia asistía acompañando a su madre. Allí las mujeres que escuchaban y acompañaban con respeto las decisiones de los hombres, ahora tendrían un espacio de opinión y desarrollo con su visión femenina.
Porque fue bajo el ala protectora de esa institución que le dieron nacimiento a la “Confederación Nacional de Mujeres Campesinas Indígenas Originarias de Bolivia, Bartolina Sisa”. 
En principio la Confederación de las Bartolinas se creó a nivel departamental, en ése entonces con sólo 13 años de edad Julia fue la referente de su comunidad. Ya de pequeña había aprendido a tomar atención de las cosas que los mayores hablaban y esa capacidad se complementaba con su andar inquieto. Ella podía andar por las comunidades llevando las instrucciones decididas en las asambleas a otros dirigentes, sin que los militares lo notaran. Su herramienta, una bicicleta y su cabeza, que retenía los mensajes de unos y otros. Así a tan corta edad se constituyó en representante de su              pueblo natal Umasuyus.
Al ir creciendo ella aprendió   de sus derechos como  mujer y fue aprendiendo a   transmitirlos, teniendo la ventaja de         hablar aymara y quechua podía llegar con más facilidad a las mujeres de cada comunidad, donde con otras compañeras “Bartolinas” las iban instruyendo sobre valores vitales para su salud, crianza de  sus hijos, respeto a sí mismas frente a un poderío a veces abusivo de los hombres como cabezas de familia y afirmándolas como ciudadanas útiles para una nueva sociedad más integradora.
En 1985 recuerda, participó en el preparativo y desarrollo del primer Congreso Nacional de los 9 departamentos, desde entonces la organización de “las Bartolinas”, pasó de ser organización departamental a Confederación  Nacional. Nombre que inevitablemente les causó la separación de la organización masculina que les había dado su apoyo y ella recuerda que hubo celos de ciertos dirigentes, que no admitían tal crecimiento. Pero ellas se consolidaron “sin despreciar el apoyo que los varones de Tupac Katari nos pudieran dar” y dieron una lección de igualdad, “porque la mujer ni el hombre anda solo, ambos se necesitan tienen que trabajar juntos, son una dualidad”, afirma.
A medida que la Confederación Bartolina se hizo más fuerte, ellas hacían aplicar las leyes en casos de violencia familiar, consiguiendo la participación de médicos forenses en casos de maltrato físico.
Julia se emociona al recordar los caminos andados, siente que dejó mucho por hacer en Bolivia. La ironía de la vida hizo que se cruzara en su camino con un hombre violento, ella admiraba ése dirigente, por ser muy capaz, carismático y con ciertas influencias. Pero no daba cuenta que éste tenía naturalizada la violencia y que su rol de cabeza de familia lo aplicaba a golpes, como todavía suele suceder en la actualidad.  
Sino eran los golpes, era el maltrato verbal y psicológico a ella o a sus hijos. Con tres hijos Julia, viéndose acorralada por la situación debió irse de su país natal, buscando una salida para criarlos.
Llegando a Buenos Aires pudo ver el maltrato a sus paisanas en los lugares de trabajo, aunque no fue su caso. Llegó a lo de un familiar y luego a lo de otros paisanos que le brindaron techo y trabajo, donde pudo traer a los dos hijos mayores que se le habían quedado en Bolivia.
Al principio fue muy difícil adaptarse, pero eso no hizo que perdiera la sagacidad para reconocer las necesidades de su colectividad en tierra extraña. Mientras fue recuperando salud y fuerza, tuvo un intento de conformar una organización de mujeres, pero al ver que una de sus compañeras se afanaba por lograr contactos políticos para logros personales desistió de la idea.
Su andar, su experiencia, su ideología para plantarse en la vida tienen la peculiar característica de haberse moldeado con los pensamientos revolucionarios de su época, por eso persiste su idea de conformar una organización con los lineamientos de las “Bartolinas”. Tal vez sea una “Bartolina suelta” en Buenos Aires y su llegada a estos lados tenga una repercusión como la que tuvo en sus pueblos.  
Como ella, deben haber tantos casos similares que son silenciados, de mujeres que viven en similares condiciones. Ya el hecho de dejar el terruño para encontrar mejores oportunidades donde criar a sus hijos, en la lucha diaria para subsistir, enfrentándose a las dificultades que presentan las grandes ciudades para nuestros hijos, las convierte en las heroínas del siglo XXI. En Bolivia es ley “organizar festividades tendientes a resaltar la virtud del sentimiento materno” y seguramente como aquí en cada rincón del planeta donde haya una madre boliviana le rendiremos homenaje por demostrar día tras día su heroísmo y entrega de amor, aunque a veces el campo de batalla cambie según las circunstancias.
                                                                                                                                  Amparo Bellot Garvizú

 

 
periódico Renacer

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