Robo en la Salita de Salud de Charrúa

Robo en la Salita de Salud de Charrúa
Se ve muy descuidada la parte de atrás de la Salita de Charrúa
 

La inseguridad, la ausencia de instituciones, causas y responsabilidades a partir de otro hecho negativo.

A fines de febrero, además de la despedida del carnaval, trajo un hecho lamentable para el barrio Charrúa y la zona que le rodea, hecho que si bien es de tipo policial, pues en la noche del último viernes de febrero ingresaron en la Salita de Salud para robar y desmantelar las exiguas instalaciones que poseía, esta ratería expone una serie de problemas comunes al barrio y a amplios sectores de la sociedad.
Si bien este robo es, en apariencia, otro hecho policial de los tantos que difunden y registran todos los medios, al suceder en Charrúa, que para tantísimos de los lectores de este medio tiene una resonancia afectiva e identificatoria importan-te, bueno es que podamos compartir algunas reflexiones y datos sobre el contexto y antecedentes que facilitan que hechos como este ocurran. A muchos de estos lectores también les debe afectar y preocupar el robo en la Salita de Salud, dado que, por ejemplo y no es por azar, tiene las mismas causas que los robos y agresiones que han sufrido tantos de los asistentes y danzarines a la Festividad de Charrúa en el mes de octubre.
Hace años que el barrio viene perdiendo calidad de vida colectiva, acompañada de una falta de servicios adecuada, de la ruptura y ausencia de la vida institucional local, de la inseguridad en sus calles, del consumo de «paco», con sus terribles consecuencias para muchos jóvenes y sus familias.
Puede pensarse, «bueno, esto está ocurriendo en todos lados», mal de muchos es consuelo de tontos dice un refrán. Además, el pensar de ese modo nos inmoviliza en la búsqueda de soluciones para generar alternativas organizadas, pues no son males naturales, producto del enojo de alguna deidad extraterrenal. La mamita de Copacabana o la Pacha-mama seguro no tienen nada que ver en todo esto, son hechos producto de desajustes sociales.
Deberemos buscar más cerca, y para eso no hay que ser un Sherlock Holmes, en el abandono y la ineficiencia de las últimas administraciones del gobierno porteño hallaremos algunas de las tantas causas que generaron condiciones para que haya ocurrido este robo (elemental Watson).
También lectores atentos y memoriosos de este medio recordarán algunos datos, pues ya publicamos varias notas sobre las dificultades, llamémosle enferme-dad burocrática, que sobrelleva esta Salita de Salud, oficialmente el CESAC Nª 32 dependiente de la Secretaría de Salud del gobierno de la ciudad. Desde hace años vienen gestionando una modesta ampliación de su espacio, pues el personal médico y auxiliar, cerca de veinte profesionales, deben trabajar en un lugar tan pequeño, que sumando el espacio de todos los consultorios, tiene una superficie equivalente al living de una casa cualquiera.
Hace años comenzaron la obra, la pararon, cambió el gobierno en la ciudad, los yuyos crecieron y las ratas e insectos hicieron su asentamiento entre las paredes abandonadas y semiconstruidas. A fines del año pasado estuvo presente el jefe comunal, M. Macri, llevado casi a la fuerza por los vecinos, pues había ido a inaugurar una obra pública a cien metros del lugar. Entró a la salita, se compro-metió a tomar algunas medidas. Es justo reconocer que desde entonces estaban yendo algunos arquitectos, que diseñaron una ampliación mayor de aquella que se había propuesto inicialmente, pero hasta ahí llegó la cueca inconclusa, todo se acabó antes de la quimba, el aro y el floreo final.
Ahora, luego del robo, se está gestionando la reposición de muebles, medicamentos, computadoras, seguridad nocturna, algunas cosas ya son lamentables e irremediables como la pérdida de los datos con las fichas de los pacientes. También se movilizan algunos vecinos por su propia cuenta. El viernes 6 de marzo nuevamente cortaron la avenida Cruz para reclamar por esta situación, otros lo hicieron ante las autoridades del Hospital Penna, del cual depende la salita.
En toda esta situación, la asociación vecinal es como el macabro chupacabras, pero para las aspiraciones vecinales y comunitarias. Pese a. compartir el mismo espacio con la Salita de Salud, en Charrúa y F. Rivera, desde el retorno del Sr. Ricardo Fernández a la presidencia de la asociación, siempre estuvo en contra de las mejoras de la salita, de hecho en la práctica obstruyó estas mejoras.
Con esto ingresamos en otra de
las causas que señalamos inicial-mente, la ausencia actual de una vida institucional real en Charrúa. Sólo queda el sello vacío de la asociación vecinal, es una herramienta institucional que ya no sirve, es cosa del pasado, ya está harto probada su ineficacia.  De las nueve gestiones que contabiliza la asociación vecinal desde su creación en 1988, seis de ellas,  estuvieron a cargo de R. Fernández.
Finalmente, todo está relacionado. Los lectores deben pensar que esta ausencia institucional en Charrúa no los afecta, craso error,  si son danzarines de alguna fraternidad, pues su presencia, exhibición y seguridad termina dependiendo de una institución que no funciona en todo el año.
Así es la cosa, el grado de desorganización que exhibe la Festividad de octubre, está directamente relacionado con esta incapacidad de funcionamiento y gestión. También resulta otro ejemplo elocuente de la falta de organizaciones reales en el seno de la colectividad boliviana.
En el barrio, esta falta de espacios institucionales activos hace que los jóvenes deban estar en las esquinas, sin la posibilidad de controles familiares o comunitarios. Así, que terminen consumiendo «paco» o cometiendo algún delito, es sólo una cuestión de tiempo.
A casi quince años de haberse producido, Charrúa aún siente y lamenta el cierre del Centro Cultural Carlos Gardel. Ahí los jóvenes, niños y familias encontraban un lugar para fortalecer aquello que llamamos comunidad, imprescindible para fortalecer la calidad de vida de un barrio y para prevenir en sus causas hechos como este, el robo de la Salita de Salud de Charrúa, que tal como vimos, de un modo u otro, más tarde o más temprano, nos afectan a todos.
Jorge Vargas

 

 
periódico Renacer

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