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La comparsa mayor de la colectividad boliviana saco el primer premio en el rubro corsos oficiales |
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Fermín Terrazas un potosino que vive en La Rioja, hablo con Renacer sobre la experiencia de la participación de la comparsa boliviana en la tradicional fiesta de La Chaya.
Fermín nació en Potosí, en su juventud trabajaba como mecánico, conoció a su mujer se casaron y decidieron venir a vivir en la Argentina convencidos por los relatos de los familiares que ya residían acá. Confiesa que en ese momento, tomo esa decisión porque pensó que acá podía vivir un poco mejor, ya que Bolivia no brindaba buenas condiciones económicas, principalmente. Actualmente reside en la ciudad de Chilecito, provincia de La Rioja, junto a su familia, aunque alguno/as de sus hijo/as volvieron a Bolivia para estudiar en la Universidad.
Fermín, organiza desde 1992 la comparsa de la comunidad boliviana para participar en los festejos de la Chaya. Esta fiesta tradicional del pueblo riojano, tiene un sentido similar al que tiene el carnaval en todos los pueblos norteños. El desentierro del pujllay (el diablo) a principios de febrero implica el inicio de la chaya: los topamientos en los barrios, el ramito de albahaca en la oreja de lo/as soltero/as, las coplas y vidalas que entonan los cantores, las bebidas típicas como el vino y la chicha son componentes indispensables de esta tradición. Al llegar a fin de mes se entierra nuevamente del pujllay para ingresar en un tiempo de cuarentena antes de Semana Santa. Así esta tradición resulta de una fusión entre dos grandes culturas: la católico-cristiana y la de los pueblos originarios, mas precisamente, los diaguitas que habitaban esa zona. Fermín, nos cuenta que la participación fue una iniciativa familiar cuando varias familias que vivían en las parcelas (campos lindantes a la ciudad de Chilecito) se mudaron a la ciudad para emprender otros proyectos ligados al comercio. Este fenómeno se da en la mayoría de los casos de las familias que llegan a la provincia que comienzan trabajando en los campos y con el tiempo, exploran otras labores, principalmente el comercio de ropa, frutas y verduras y el trabajo en la construcción. Fermín junto a su esposa e hijo/as vivió 16 años en el campo, trabajando en diferentes fincas, hasta que decidieron radicarse en Chilecito. También condujo por un tiempo un programa de radio a través del cual enseñaba el quechua, confiesa que le encantaría reactivar ese proyecto ya que hay mucha gente interesada en aprender.
A lo largo de todos estos años asegura que vivió épocas de crisis pero siempre intento seguir adelante. Nunca olvidó sus raíces y su cultura, siempre que puede regresa a su tierra potosina aunque, por mas que quiera, no podría vivir allá porque eso implicaría empezar otra vez y asegura que su edad ya no se lo permite. Además Fermín, ve con optimismo los cambios que se están realizando en su país, reconoce que la última vez que fue a Potosí quedo admirado porque notó que el/la campesino/a se maneja libremente por las calles, que está volviendo a usar sus vestimentas nativas, que se defiende porque ahora tienen apoyo. Espera que Evo Morales gane nuevamente las elecciones o que continúe alguien cercano a el y con su misma línea política.
Dulce ilusión
En 1992 la comparsa boliviana se presenta por primera vez en los carnavales, Fermín recuerda que participaron sin nombre, porque la armaron sobre la fecha y no tuvieron tiempo de pensarlo, se presentaron solo como caporales pero bailando ritmo de saya y alquilaron los trajes en Córdoba. Al año siguiente, hicieron los trámites necesarios para comprarlos en Bolivia, así la comparsa fue creciendo cada vez más, y es esperada en los carnavales por el público chileciteño. A partir del segundo año, la comparsa se llamó «Dulce Ilusión» inspirados en la ilusión de las danzas y las raíces bolivianas.
En 2002, Fermín sufrió un inconveniente que no le permitió continuar con esta iniciativa, cuando fue a comprar los trajes a Bolivia como todos los años y regreso por Bermejo y en la aduana argentina le retuvieron los trajes (hasta el día de hoy) valuados en casi $6.000 y no solo eso, sino que además le pusieron una multa de $13.000, que no puede pagar, y que, ase-gura es injusta, en tanto que la mercadería que traía tenía un destino cultural y no comercial. Aunque trató de explicar esto en la aduana, los gendarmes argenti-nos, para nada comprensivos y no dispuestos a escuchar en la mayoría de los casos, decidieron sancionarlo con dicha multa. Por eso mismo, Fermín planea averiguar en la Embajada boliviana como facilitar la compra de trajes y el regreso a Argentina, porque confiesa que muchas veces viaja «con el corazón en la boca», ya que en todos los controles desde Jujuy a La Rioja, es revisado por Gendarmería. Sin duda, este ensañamiento se repite con la mayoría de boliviano/as que cruzan la frontera, alcanzando un tinte de discriminación muy alto. En este sentido, es urgente una intervención pública boliviana para evitar los maltratos y la hostigación de los controles oficiales argentinos con lo/as ciudadano/as de dicho país.
A raíz de ese hecho, la comparsa no participó durante seis años. En el 2008 deciden regresar con el nombre de «Llajtay Manta» (de mi tierra). Y este año, se produjo una división producto de algunos conflictos internos: un grupo de chico/as decidieron armar otra comparsa. Para Fermín, lo importante es seguir, no solo porque a lo largo de todos estos años la comparsa ganó diferentes premios (2do premio a la mejor comparsa de mayores, el 1er premio dos años seguidos: en el 2008 y este año) sino principalmente, porque la gente los espera todos los años y los apoya. Fermín ya esta pensando en el año que viene: «Vamos a hacer todo tipo de baile que acá no se conocen todavía como la morenada, la diablada, y siempre que podamos vamos a seguir participando de la chaya».
La Colectividad Boliviana en la Rioja.
Al principio funcionaba de manera informal, cada tanto se juntaban alguno/as delegado/as de los distritos con la intención de generar redes de solidaridad entre las familias para afrontar algunas situaciones desagradables o para apoyar a alguna familia que llegaba sin recursos. Además organizaban festejos a los que concurrían todo/as lo/as boliviano/as de la zona. A partir de 1985 lo/as residentes se organizaron como institución y actualmente, hay diferentes colectividades en la provincia, divididas por regiones. Así la colectividad de Chilecito funciona en el pueblo de Nonogasta, tiene personería jurídica y una estructura formal. Fermín fue presidente de la misma en 1992 y 1993 y asegura que se alejó porque en 1998 desde la colectividad le exigieron que pida autorización para presentar la comparsa, el se negó porque como boliviano se siente con todo el derecho de armar la comparsa y compartir con el pueblo las danzas tradicionales de Bolivia. Desde entonces no quiso involucrarse más en el tema.
Según una estimación de Fermín, en la zona hay aproximadamente mil familias bolivianas, un dato que no pasa desapercibido a la hora de pensar a la comparsa, las fiestas u otras actividades culturales que se llevan adelante desde la comunidad boliviana, como acciones que permiten una integración en la sociedad riojana desde el conocimiento mutuo y el respeto.
Desde La Rioja: María Pía Silva