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Así quedó herido el joven costurero a manos de un empleado del tallerista |
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Así justificó el tallerista Ticlla su inacción para mejorar las condiciones laborales, mientras tanto golpeó ferozmente a un costurero que explotaba, al que debe más de tres mil pesos y solo entregaba vales como adelanto.
Alfredo Mamani de 23 años, después de vivir dos años en Buenos Aires retornó a Bolivia, luego de unos meses en su país, decidió volver porque no encontró trabajo y como antes había trabajado de costurero no dudó en acudir a la “célebre” esquina Cobo y Curapaligüe, lugar de donde muchos talleristas y fabricantes pueden conseguir “esclavos de la costura”, quienes por necesidad, algunos por estar indocumentados, aceptan cualquier oferta que les hace esta gente inescrupulosa, que en su mayoría, en este último tiempo, son bolivianos, ironía de la vida, bolivianos explotando bolivianos.
Alfredo, la mañana del lunes 13 de enero llegó a la Alameda, con el rostro casi desfigurado, por la múltiple fractura del tabique nasal y los labios reventados, el joven costurero había sido agredido en el taller ilegal en el que trabajaba, en la Av. San Martín 938, del Partido del mismo nombre. En una mañana normal, Alfredo comenzó su jornada laboral de 16 horas realizando el trabajo que habitualmente hacía hasta que tuvo un altercado con el encargado de taller, Cristhian, discusión que comenzó por la tareas que realizaban, “él quería que yo haga todo el trabajo, cuando él se estaba caminado sin hacer nada, me dijo que él era el jefe y además siempre decía, yo soy camba y ustedes kollas y deben obedecer”, afirma Alfredo, ya con los puntos en los labios y a la espera de que le apliquen el yeso en la nariz.
La pelea
A raíz de que Alfredo reclamara algo que era justo, el agresor le arrojó con un rodillo de una máquina Over, y luego un golpe que le dejó casi inconsciente, para después en el piso seguir golpeándolo con mucha saña, cuando Alfredo recupero pudo defenderse algo hasta que su esposa apareció para poder separarlo de la pelea.
Mamani, recuerda que momentos antes de la pelea, el agresor y el dueño del taller, Joaquin Ticlla, quienes por cierto se llevan muy bien, hablaron algo y luego Ticlla salió del taller, habrían acordado generar el incidente. Después de la pelea dieron parte al policía de la cuadra, quién llamó al agresor y éste se defendió diciendo que Mamani le había agredido con una navaja, pero en ningún momento su argumento fue creído por el policía por la lesiones que tenía Alfredo, posteriormente fue llevado al Hospital Thompson en ambulancia, “me hicieron esperar horas y no me dieron ni agua” recuerda. El, junto a su esposa decidieron dirigirse a la Capital, a la Alameda, tenían conocimiento de que allí obtendrían la ayuda y contención necesaria.
Ocultando las evidencias
Por la tarde Alfredo y el equipo de la Alameda, se apersonaron por el taller en busca de la sobrina de Mamani de 16 años, que se había quedado trabajando y además para retirar sus pertenencias. Ya en el lugar Alfredo pudo evidenciar que habían cambiado de lugar las máquinas para tapar las manchas de sangre, y Ticlla arguyó que la pelea había sido en la calle, pero cuando el joven costurero les mostró las manchas de sangre, no tuvo más remedio que admitir la pelea, y según los costureros que se quedaron y también la sobrina, el propietario del taller, había felicitado a Cristhian por agredir a Mamani, y hasta planificaron, que en caso de que el recurra a la policía, argumentarían que el rompió una pequeña bomba que sirve para limpiar las máquinas. No solo eso, en un principio también negó que la sobrina de Mamani trabajaba ahí, además mando a que los empleados indocumentados salieran a la calle porque no estaba dispuesto a pagar multas por cada uno de ellos.
Alfredo ganaba $1,40 por cada prenda, pero nunca recibió todo lo que el producía, solamente le entregaban los famosos “vales”, y Ticlla argumentaba que el fabricante no le pagaba, pero que su plata se estaría ahorrando, no solo de el sino de todos. En el lugar se pudo evidenciar que fabricaban para las marcas Ramirson y Lidas, de coreanos y bolivianos, cuando los miembros de la Alameda le preguntaron que por qué no se unía para reclamar junto con otros talleres para que los fabricantes aumenten los precios dijo, “no puedo comerle el brazo a quien me da de comer”, que los propios fabricantes les proveen de máquinas y de mercado para que puedan trabajar.
Es habitual en esta época
Vera señaló que en esta época es habitual que suceda este tipo de atropellos, porque es el fin de la temporada “los talleristas y fabricantes buscan desembarazarse con cualquier excusa de los costureros, y lo hacen de ésta manera, violentamente los echan a la calle para no cumplir con sus obligaciones porque el taller está parado o semi parado”. Remarcó que a fines de diciembre y principios de enero siempre llegan costureros agredidos, la anterior semana había llegado una pareja que el costurero había sido acusado de querer abusar a la hija del tallerista, algo que era falso y los demás costureros desmintieron, “una vil excusa para sacarse al costurero de encima y no pagarle nada” afirma Vera.
El proceso
El caso irá a un Juicio Penal y a un Juicio Laboral, tanto a los fabricantes como a los talleristas se les va a imputar, el delito de reducción a la servidumbre, trabajo infantil, trata de personas, violación a la ley de migraciones y violación a la ley de trabajo a domicilio, eso en el aspecto penal, que puede derivar a mediano plazo en la confiscación de maquinaria, para que tanto el tallerista como el fabricante, aporten con daños y perjuicios a costureros que han sufrido la situación de servidumbre. Y por otro lado el juicio laboral, donde tienen que reclamar todos los costureros de las hora que han trabajado como si hubieran trabajado en blanco, los aportes previsionales, jubilaciones, aguinaldo, vacaciones.
Alfredo y su familia, recibieron asistencia y contención de la Organización Internacional para las Migraciones, quienes les proveyeron de un hotel, alimentación y asistencia médica, para que puedan moverse en estos días hasta que esté bien y pueda volver a trabajar.
Por su parte Alfredo concluyó que “quiero que me ayuden hasta que me sane, porque después seguiré trabajando, no soy flojo, y al señor Joaquín Ticlla, que le enseñen a pagar a la gente, que sepa el sacrificio que cuesta ganar algo”.
Esta parece una historia de nunca acabar, ya conocida por muchos y que lamentablemente se sigue repitiendo, sin que los responsables puedan cambiar esta realidad.
Carlos Martínez P.