Las tradicionales ferias de Alasitas de Buenos Aires no paran de crecer

Una pareja realiza su pedido y busca a una persona para quele bendiga y sahume su deseo.
 

Más de 50.000 personas asistieron a las ferias de Alasitas que se realizan en los parques Indoamericano y Avellaneda y el predio 6 de agosto, en la ciudad de Buenos Aires.

Por cuarto año consecutivo, tal como ocurre en la ciudad de La Paz, a las doce del medio día del 24 de enero, la gente que acude a comprar sus deseos en forma de miniatura acude a los “yatiris” para “sahumar” y bendecir lo que compraron en miniatura, para que luego a través de su fe, y trabajo, pueda hacerse realidad, casas, automóviles, dinero, títulos profesionales y todo cuanto uno pueda anhelar y encontrar a la venta en los puestos de los artesanos.
Este año la Feria organizada por la Asociación de Vendedores, Artesanos y Artistas del Parque Indoamericano, en su cuarta versión tuvo una afluencia de gente importante, el paseo Islas Malvinas, que cruza el parque, a mediodía estaba intransitable, la organización había instalado 250 puestos de artesanos, mas los puestos solidarios, a los costados del paseo, dejando a la entrada unos 100 metros libres, que también se llenaron de vendedores independientes, por así llamarlos, que no pagaron por el lugar para vender, mas los puestos de comida, que se duplicaron en relación a cada domingo, cerca de cincuenta personas  se encargaban de bendecir, ubicados detrás de los artesanos, mas las empresas que tienen alguna relación con la colectividad promocionaban sus servicios, se llegó a casi 400 puestos entre los que pagaron por el lugar y los que simplemente fueron y se acomodaron donde pudieron para vender.
La presidenta de la institución, Esperanza Vargas, nos manifestó que el año pasado habían visitado el lugar cerca a 50 mil personas, “este año sobrepasamos las 50 mil personas, es una alegría para nosotros, que se siga manteniendo nuestras costumbres y tradiciones”, afirma satisfecha Vargas. El único inconveniente que tuvo la organización fue la falta de permiso para el uso de energía eléctrica para el equipo de amplificación, el mismo que fue resuelto con un generador móvil.
Los billetes de la feria

 
Los toritos son un clásico en las Alasitas que se realizan los últimos años en Buenos Aires

A lo largo de la feria podía encontrarse una variedad de artesanías y de todo precio, 10.000 dólares costaba $10, una casa se conseguía desde $20, toros de yeso desde 10 a $40, por cierto lo que más llevó la gente, una Trafic llena de billetes desde $20, y para completar el rito, la “challa” y “sahumada” por los “yatiris”, costaba desde “su voluntad” hasta $20, “bien challadito siempre pues”, decían los curanderos. Los puestos de los artesanos para los no socios costaba $200, para los socios $150, y algunos puestos especiales, para bares y comidas que irían con todo costaba $400. Cabe resaltar que estaba prohíba la venta de bebidas alcohólicas, pero en la fiesta de la abundancia no podía faltar y de algún lado salió.
Cuando era las 14:00 Hrs, se dio paso a la inauguración formal y la misa tradicional, teniendo en cuenta la diferencia horaria con Bolivia para coincidir en el horario, allá era las doce, estuvieron presentes el Ministro Consejero de la Embajada de Bolivia, el señor Sixto Valdez, la señora Cecilia Aróstegui del Consulado Boliviano, posteriormente se celebró la tradicional misa donde muchos de los presentes hicieron bendecir sus artesanías.
El intenso sol no impidió que los presentes después de la misa disfrutaran de grupos folklóricos y tropicales, mientras el resto de la multitud seguía el ritual, comprar, challar, bendecir y luego disfrutar la deliciosa gastronomía boliviana.
Esperanza Vargas, agradeció a la gente que colaboró en la organización, y por medio de nosotros quiso dirigirse a la gente “lo único que quiero pedir a la gente de la colectividad, en especial a los que fueron a vender, es que aprendamos a respetar el orden, el próximo año atenderemos más este detalle, la gente debe tener respeto a la organización, no ponerse donde sea, donde uno quiere, por algo se organiza con tiempo”, sostuvo Vargas.
Así fue esta fiesta de la abundancia donde familias íntegras disfrutaban del día, y transmitían a sus hijos o nietos las costumbres de su tierra de origen, que no olvidaron y que para ellos, es la causa para que les vaya bien lejos de su país.

No solamente gente de la colectividad se acercó para pedir su deseo en la foto dos jóvenes que trabajaban por al zona.
 

Predio 6 de agosto
Como es habitual, la comunidad boliviana en la Argentina celebró, el 24 de Enero, la tradicional Fiesta de las Alasitas, en los epicentros de la colectividad: Parque Avellaneda, Parque Indoamericano y Predio 6 de agosto.
En un año marcado por la crisis mundial, miles de personas, fieles a su tradición, compraron sus deseos, hechos miniaturas, como automóviles, toritos, pasaportes y dinero entre otros. Sin embargo, las ventas de artesanías disminuyeron notablemente con respecto a años anteriores.  La fiesta del Ekeko debió ajustarse al momento actual.
Folclore, artesanías música y bailes fueron algunas de las cosas que no faltaron en el predio de la colectividad. Con la ancestral fe hacia el diminuto aunque poderosísimo Ekeko, cientos de personas se hicieron presentes para vivir la tradicional fiesta.
Alrededor de 50 feriantes expusieron sus artesanías en miniaturas, los precios de las mismas oscilaban entre 3 y 5 pesos (títulos y billetitos), y 50 pesos (los toritos más grandes). La mayoría de las familias que visitaron el lugar gastaron menos con respecto a otros años, lo cual hizo que la inestabilidad económica de los últimos tiempos se sintiera en el lugar: “Subieron un poco las cosas y mucho no se puede gastar. Este año compramos un poco menos”, aseguró Vanesa, una joven paceña, mientras cargaba a su hijo en brazos.  Los almanaques con la figura de Evo Morales, rodeado de billetes en su interior llamaban la atención de los visitantes que paseaban por el lugar. Sin embargo, fueron los toritos, para la buena fortuna, los más solicitados por la gente. 
Para finalizar el ritual se hacían largas filas para ch’allar sus objetos debido a que eran muy pocos los “yatiris” que se encontraban en el lugar. En medio de encantos y emisiones de humo de incienso, rezaba con devoción un maestro: “El ritual constituye una manera de mantener y alimentar la esperanza de un futuro mejor… Llevamos la costumbre de nuestros abuelos a la Argentina, llevamos nuestra tradición”. Así rezó Ernesto, un anciano paceño que emigró a la Argentina en el año 2003.
Por  otra parte, los puestos que ofrecían comida y bebidas obtuvieron mayor suerte, los platos típicos estuvieron a la orden del día;  pero fueron  los 35 grados de temperatura los que hicieron que el mayor consumo se concentrara en las bebidas, lo cual  benefició gratamente a los vendedores.  Sentados bajo medias sombras, familias enteras pasaron el día disfrutando de la fiesta.
A diferencia de realizaciones anteriores, en esta oportunidad no asistió ningún funcionario boliviano.
Lágrimas, Alaska y Sagrado son algunos de los grupos que participaron en el evento con sus canciones. Mientras hubo quienes los observaron desde muy cerca, tantos otros prefirieron mantener sus ubicaciones al reparo del sol y disfrutarlos a la distancia. 
Al día siguiente se remataron aquellas artesanías que no se vendieron el día anterior.
Año tras año Alasita cobra fuerza y adquiere mayor renombre. Quizás en los tiempos de crisis vale más encomendarse al “Ekeko” para que vele por la supervivencia de la familia y garantice que los alimentos básicos no falten en la mesa.

Carlos Martínez P. y Mariela Giménez

 

 
periódico Renacer

Zaikoms // Diseño Web