La justa mención sobre el orden esperado

Los deudos se juntan para saludar a un ser querido frente a la tumba
 

Lo sucedido el Día de los Difuntos en el Cementerio de Flores, pequeños pasos en las formas de integración de la comunidad boliviana en el país.

Quienes desde hace varios años estamos abocados en una gestión para el reconocimiento de las ceremonias comunitarias de origen andino en el Cementerio de Flores, practicadas en su mayoría por parte de la colectividad boliviana, este año recibimos una grata sorpresa en la cálida jornada dominical del último 2 de noviembre. El día, pero sobre todo la tarde, cuando las familias llegan en gran número, transcurrió de manera regular, sin algunos alborotos que ocurrieron en los últimos años, sobre todo producto de la incomprensión y prejuicio acerca  del sentido y contenido de estas prácticas culturales y ceremoniales, alborotos que consistieron en un marcado control policial, en ciertas actitudes intolerantes para con la comunidad boliviana, que justo es reconocerlo, esperábamos que este año se acentuaran, dado que la presencia familiar y comunitaria en el espacio público del cementerio aumenta año tras año y la gestión mencionada este año no tuvo demasiada continuidad, sobre todo ante el cambio de autoridades en el gobierno porteño. Por suerte nos equivocamos.
Recordemos que la gestión logró que el año pasado hubieran baños químicos en el cementerio, que se desplegara un refuerzo de los dispositivos de ordena­­mien­­­to, que se colocaran carteles de color verde en las zonas de ingreso donde se recuerda que se deben respetar todas las creencias y sus manifestaci­ones. Como una consecuencia de esta gestión hay un proyecto de ley en la Legislatura porteña, aunque sea incierto y confuso el sentido y contenido final de esta probable ley.
Como decíamos antes, nada del conflicto supuesto aunque no deseado ocurrió. Por un lado las familias llegaron constantemente, se distribuyeron en los diferentes sectores del predio del cementerio, algunos grupos de sikuris recorrían los sectores, no faltó la banda de vientos metálicos, la cantidad de comida y bebida que suele acercarse para mantener y fortalecer el sentido de reciprocidad entre las familias no fue muy ostensible. Este dato pude parecer un tanto banal, pero estamos habituados a escuchar quejas sobre los desbordes en este tipo de cuestiones, que «los paisanos son esto y aquello», que no respetan el espacio público, etc.….  
Las familias presentes pudieron recordar a sus difuntos y a la vez compartir alrededor de las tumbas a la manera que suele ser habitual en Bolivia: llevándole aquellos alimentos que en vida le gustaban, adornando la tumba con guirnaldas violetas y negras, con flores, con alguna foto, pero sobre todo recreando los tiempos familiares pasados.
Como otro ejemplo de estas formas de recreación familiar y comunitaria, un grupo juvenil de sikuris ingresó en la zona de los nichos y simplemente tocó algunos temas como homenaje a quien descansa en ese sector.
No se observó ningún policía recorriendo ni presionando, tampoco la presencia de otro tipo de control, salvo algunos empleados realizando recorridas rutinarias.
En cambio sí se echó en menos la falta de baños químicos, como los hubo el año pasado. Si hay gran presencia de gente debe haber un provisión de baños químicos, esta es una medida elemental y que no debiera ser motivo de gestión, además de solucionar lo relativo a higiene y decoro.
También se vivieron algunos momentos de dificultad con el tránsito de los vehículos, atascos varios entre que unos llegaban y otros que salían, pequeños embotellamientos que, en el tono de la jornada, fueron solucionados por los mismos conductores con paciencia. De todos modos, también este punto debería ser previsto. 
Lo novedoso de la jornada de este año fue la normalidad y la convivencia, esperable por cierto. Todo transcurrió como debiera ocurrir. La comunidad estuvo presente con sus prácticas ceremoniales habituales, sin desbordes. El dispositivo de control y administración del cementerio fue normal en su justa presencia.
Cabe preguntarse por las causas apacibles y convivenciales de esta jornada. Si fue por ser día domingo, como se interrogaba una de las personas que participan en la gestión, por lo cual no había tanto empleado o funcionario.  
O por una razón mas esperable, que las condiciones maduran, que la presencia constante y cíclica de la comunidad boliviana en un espacio público de  la zona sur de la ciudad forma parte y es un hecho asumido, reconociendo que dado que año tras año se registra un incremento en la concurrencia de familias, en la presencia y práctica de diversas actividades rituales y funerarias que tienen relación con la recordación de los difuntos en el marco de las creencias que vienen de tiempos antiguos, que los pueblos originarios del ande central desarrollaron y continúan haciéndolo, hoy en un cementerio porteño.

Jorge Vargas

 

 
periódico Renacer

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