Atando cabos

Movilizacion en la villa 31 para que atiendan sus demandas
 

Tener acceso a una vivienda en estas grandes urbes, es casi una misión imposible y aquellos que lo alcanzan tienen que invertir cada vez mas años de trabajo arduo. Pero para los que vivimos en este país, y seguramente en otros también, ni con eso alcanza.
No es casualidad que la crisis financiera desatada en la mayor economía del mundo haya sido producto de la necesidad de vivienda de cientos de miles de familias que trabajaron para «dios mercado» pero no les alcanzó para alcanzar lo cotizado que está un pedazo de tierra y unas paredes para vivir sus días.
¿Porque será que la necesidad básica de la «célula» de la sociedad se hace cada vez mas inalcanzable?
Lo cierto es que grandes negocios se hacen con esta necesidad, los negocios inmobiliarios que les llaman; pero no todos ganan en este negocio.
Los bancos son instituciones sagradas, como altares del capitalismo, allí uno pide lo elemental para vivir en este mundo: dinero, y como toda deidad, te cobrará intereses.
Como en épocas no muy lejanas,  cuando era responsabilidad de toda la sociedad construir las iglesias o velar por su conservación, lo mismo hoy vemos que pasa con los bancos ante turbulencias o erosiones de sus cimientos.
Algunos  desconfiados señalan que esos lugares santos, limpios, modernos e insípidos, son antros de usura y especulación.
Lo cierto es que los «comandantes» de estas naves financieras que sabían de los riesgos que conllevaba esta misión fueron despedidos o renunciaron a sus puestos con millonarias indemnizaciones «por los servicios prestados».
El capitalismo, en su versión neoliberal reza en uno de sus mandamientos, que el libre mercado no necesita de la intervención estatal para solucionar cualquier situación económica que se presente. Vaya paradoja, es justamente el estado quien sale al rescate de las entidades financieras, les garantiza las ganancias y los protege de las pérdidas.
Es que en este mundo algunos ciudadanos son mas tomados en cuenta que otros, sino solo miremos como debaten el presupuesto 2009 en la Legislatura porteña, la capital del país.
Mientras «Buenos Aires trabaja» en el asfalto de las calles y planea dirigir mas dinero de lo que recauda a estas «obras públicas», quita mas dinero al área social.
El dinero destinado al Instituto de la Vivienda de la Ciudad (IVC), que tiene todavía a su cargo la construcción de viviendas sociales para barrios carenciados, pasa de 484.425.710 a 286.077.330 pesos. No hay un aumento equitativo en el presupuesto de la Corporación del Sur, que supuestamente reemplazaría al IVC en la construcción de las viviendas.
En ese recorte del IVC desaparece el programa destinado a las cooperativas de vivienda (ley 341/964), que permitía otorgar créditos a personas con viviendas precarias que constituyen cooperativas y construyen sus propias casas. En 2009, ese programa tendrá asignados cero pesos
Si los habitantes de las villas se quejaban de que era exiguo el monto destinado para sus necesidades, el ajuste programado para el programa de reintegración de villas, que disminuyó de 74.182.585 a tan sólo 2.800.000 pesos, algo parecido a decretar su desaparición.
Los sectores que más necesitan de la intervención del estado para equiparar tanto desequilibrio entre poderosos e indefensos, son los mas castigados por estas crisis.

¿Que culpa están pagando?
En ese mismo presupuesto se incluye la asignación de una partida importante para la creación de la policía porteña, y por otro lado el gobernador de Buenos Aires propone disminuir la edad de imputabilidad de los menores. Son ideas parecidas, responden a la misma lógica, al peor de los sentidos comunes.
Tener mas policías haría mas segura las calles, y meter presos a los menores de 18años ayudarían en encontrar soluciones. Nada más alejado, es como tratar de frenar una hemorragia con curitas. No se va al fondo de la cuestión, son fuegos de artificio para que todo siga igual. Porque antes no pasaban estas cosas? Que cambió en estos 30 años en el país?, revisar un poco la memoria social no nos vendría mal.
Mientras tanto, nuestros gobernantes  busca garantizar la seguridad de bancos o ciudadanos que tienen propiedades, negocios, autos o simples íconos de consumo.
Los demás no solo no existen, sino que se busca su lisa y llana extinción, o expulsión de una tierra destinada para los que tienen el poder adquisitivo necesario.
En países como Brasil existen los «escuadrones de la muerte» que «limpian las calles de los garotos de la rua» esos niños que ya vemos deambular como zombies en las calles de algunas villas, acá se es mas sutil, solo se busca encerrarlos, aunque son otro tipo de jóvenes los que buscan esas salidas delictivas para saciar sus pulsiones consumistas.
Muchas veces se asocia equivocadamente pobreza a inclinación a la criminalidad, nada mas alejado, hay que ser bastante inteligente, y tener recursos para dedicarse a «ese oficio»
Aunque los grandes medios pongan el hincapié en el impuesto al uso de tarjetas de crédito, pocos son los que visualizan estas medidas violentas, regresivas y excluyentes, que generarán reacciones de los afectados.
Cortarán calles, y se los criminalizará más de lo que se lo viene haciendo desde hace décadas. Todo cierra, si ya se los ve a esos lugares como foco u origen de criminales, menos presencia del estado agudizará esa problemática que es en parte cierta.
Pero allí viven porteños que también trabajan, que sufren más que los vecinos de la clase media de esa seguridad que ellos reclaman día a día por TV. Es que hay ciudadanos más televisivos que otros.

 

 
periódico Renacer

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