Vergüënza con doble punto en la UE

Manifestación por las calles de Madrid al cierre de las actividades del Foro
 

El 18 de junio de 2008 se legisló la Directiva del Retorno en la Unión Europea, titulada casi de inmediato por las agrupaciones de DDHH y migrantes como: La Directiva de la Vergüenza. La cual extiende las medidas represivas contra los inmigrantes, penalizando su ingreso y habilitando su expulsión. La discusión pasa por cuándo y sobre todo cómo será la aplicación de la directiva. RENACER tuvo la oportunidad de conversar con parte importante de los representantes de las principales asociaciones, colectivos y agrupaciones europeas que están combatiendo esta decisión política, quienes aseguran que el horizonte se vislumbra sombrío.

Antecedentes de la Directiva
El Nacimiento de la Unión Europea y por ende la eliminación de fronteras internas está hondamente asociado con el endurecimiento de las formas de ingreso para los no comunitarios. Cuando se conformó la UE, en 1992 tras la firma del Tratado de Maastricht, casi todos los países tenían leyes propias de migración, siendo los países con migración más antigua –como Francia y el Reino Unido- los que constaban con una legislación más dura. Algunos, como es el caso de España, tuvieron que instaurar una justamente debido a su ingreso al bloque. Es por esto que a Marta Malo, de la Asociación Mantera, que defiende a migrantes que fueron detenidos y constan con órdenes de expulsión por vender en las veredas, no le sorprende la legislación de esta directiva a la que ve como el último eslabón de una política sistemática de endurecimiento en los últimos 10 años. Según ella, «la agudización del paradigma de ‘choque de civilizaciones’ entre el cristianismo y el islamismo, la situación de emergencia mundial que supuso el mundo posterior al 11 de septiembre de 2001 así como la satisfacción de demanda de mano de obra barata con el ingreso de los países del Este en la Unión, cristaliza la posición actual de una Europa blindada al ingreso de indeseados».   

Contra el «sin papel» Todo el peso de la ley
Los gobiernos de la UE saben lo complejo que es cortar las cadenas migratorias, es por eso que se han concentrado en separar la migración legal de la ilegal, justificando la primera sobre el precepto de que se siguieron los canales apropiados de ingreso, como contratación en el país de origen, reunificación familiar, sub-contratos de trabajo o procesos de amnistía acotados, cuando en la mayoría de los casos hablamos del mismo tipo de migración ya que los motivos responden a las mismas circunstancias: falta de posibilidades laborales. En realidad, tal como plantea Miriam del Colectivo SECO, «tratan de justificar población que ya le es funcional, porque es un aporte en términos económicos y demográficos, y que ya está asimilada en la lógica de convivencia europea». Los segundos, los ilegales, deben ser expulsados, ya que como plantea inclusive los partidos más a la izquierda, no hay lugar para todos en Europa, ya que aquí también se avecina una crisis y la solución no es que se vengan todos sino que se invierta en sus países de origen. «Es un postulado poco feliz y que denota la falta de solidaridad que hoy tiene la mayoría de la gente de este continente», sostiene Xavi Ferrer de la Asociación Vecinal de Barcelona. «Estamos hablando de familias muy pobres que invierten todo lo que tienen para que su hijo más fuerte cruce en pateras o cayucos, pueda ganar algo de plata como sea y remesarla a casa, y la UE le responde así, encarcelándolos, expulsándolos y prohibiéndoles el reingreso», acusa Alcira Padín de la Radio Sin Fronteras de Almenara, Madrid.

Los actuales y futuros mecanismos de blindaje
Los gobiernos europeos parecen entender que detener la migración es muy complicado, es por eso que siguen el ejemplo del maestro en esto: EEUU. Por un lado, generan su ‘país soldado’ para que haga el trabajo duro, el cual tal como en la lógica militar golpea al más débil para tener el beneplácito de su superior. Mientras EEUU lo hace con México, Italia hace lo propio con Libia y España con Marruecos. En el caso de este último, como clarifica Fernán Chalmete del periódico Diagonal, «las ayudas ya no se centran en cubrir las necesidades de la población, sino que aparecen explícitamente subordinadas a los objetos anti-migratorios». Al sobre control interno y a la recarga  de vigilancia en los límites de la soberanía se le suma la exportación de los mecanismo de represión en los denominados países de tránsito.
Por otro lado, crean, tal como existen desde hace un par de décadas en EEUU, Centros de Internamiento para extranjeros (CIEs). Cárceles para personas que no han convertido ningún delito, en las cuales pueden estar detenidos hasta 18 meses, existen acusaciones de violaciones a
mujeres y menores, abortos clandestinos y golpizas y tortura, como acusa Pablo del barrio Caravanchel respecto al caso del boliviano Guillermo Monteagudo Encinas, en julio antes de ser expulsado. En la UE, hoy conviene cometer un asalto a mano armada que estar «sin papeles», ya que el primer caso existe el acceso a un abogado permanente, visitas periódicas, llamadas telefónicas y lo más importante, un juicio a corto plazo. En cambio el segundo, violando todos los principios de la ad portas sextagenaria Declaración de los Derechos Humanos, no cuenta con ninguno de estos privilegios, asiéndosele imposible a las asociaciones de defensa saber la situación de los migrantes aprehendidos. 
Con estos antecedentes no hay que descabezarse para deducir lo que sucederá en Europa en materia migratoria, ya que al menos a mediano plazo basta con mirar a los EEUU, quien desapercibido por el papel de «niño malo» que hoy encarna la UE, «tramita un proyecto de ley que prevé criminalizar cualquier tipo de ayuda a los migrantes, sean pastorales que depositan agua en lugares del desierto en la frontera con México o a agrupaciones de DDHH que pretenden evitar su expulsión sin el debido proceso», denuncia el Observatorio Control Interamericano de los Derechos de los Migrantes (OCIM).
La esperanza latina
Europa parece rendirse a la xenofobia, ante la evidencia que falsea la hipótesis que cuando el ser humano satisface sus propias necesidades empieza a preocuparse por el otro. Mientras en Italia, como nos cuenta Phillipo y Alessandro, médicos italianos que asisten extranjeros, los grupos que defienden a los migrantes, ante la desesperanza al ver como los obreros de las ciudades del norte se vuelcan a la derecha y votan contra la inmigración comienzan a plantearse emprender sus luchas en otras latitudes, en Madrid, una gran marcha, titulada: Nuestras voces, nuestros derechos. Por un mundo sin muros, organizada por el Foro Social Mundial de Migraciones no alcanzo a llevar 1000 personas según registra la policía.
Con un Asia lejana al problema y un África amarrada por la cooperación europea, las voces más clara en contraposición nacen en América Latina. A la expulsión, con antelación a la Directiva, por parte de Brasil de un puñado de turistas españoles por la prohibición de ingreso que sufriera una académica brasilera en España, los discursos de repudió por falta de memoria histórica de Evo Morales y la advertencia de suspender el suministro de crudo de Hugo Chávez, se sumó una marcha en contra de la medida en Buenos Aires. Aunque es claro que lo que se puede hacer desde acá es casi nada, no hay que renunciar en seguir manifestándose en contra, sentencia Sergio Prieto del Instituto Internacional de Estudios y Capacitación Social del Sur (INCASUR).

 Desde Madrid:Pablo Mardones

Occidente, tanto en su componente europeo como en el norteamericano, no acaba de comprender el profundo cambio que ha provocado en Rusia lallamada «crisis georgiana».

Digo llamada porque las palabras adecuadas para definir lo que ha ocurrido son otras: «ataque georgiano contra Rusia». No quiero decir con esto que todo se reduzca a esa agresión insensata. Más bien creo que la acción de Tsjinvali fue la clásica gota que colmó el vaso. Un momento tópico, fatal a su manera, en el que se pusieron bruscamente en evidencia muchas cosas que habían estado ocultas hasta entonces justo bajo la superficie. Un momento que rompe la continuidad y expone el estado de las cosas con cruda brutalidad.
Debo muchas de estas impresiones a mi privilegiada posición de miembro del Valdai Forum, un grupo de discusión que existe desde hace años y permite a cierto número de expertos internacionales, «sovietólogos» de vieja y nueva data, politólogos y periodistas, estar en contacto directo con los principales dirigentes de Rusia, con un intercambio de ideas muy franco (garantizado por su carácter extraoficial) y abarcador. Tres horas el 10 de septiembre con Vladímir Putin, el primer ministro, en Sochi (Mar Negro) y casi otras tres el 11 con Dmitri Medvédev, el presidente, en Moscú, en un gran salón del GUM, justo enfrente del Kremlin. Y un entreacto bastante intenso, entre el primero y el segundo, con el ministro de Asuntos Exteriores, Lavrov.
Dos hombres que intrigan al mundo entero, seguramente dos estilos. Pero
-pese a los esfuerzos que hicieron los colegas, sobre todo ingleses y estadounidenses, por evidenciar las diferencias, por saber «quién mandaen el Kremlin»? una línea única, muy clara, muy neta, muy nueva. Era lo que cabía esperar, dado que Putin y Medvédev, aunque sabían perfectamente lo que les iban a preguntar sus invitados extranjeros, aunque tenían claro que iban a la caza de los deslices de uno u otro, de las diferencias de acento, de tono, se sometieron a la prueba en rápida sucesión, muy seguros de sí mismos.
Resumo algunos de los pasajes cruciales, cumpliendo el pacto de no hacer citas literales, pero respetar el sentido general de lo escuchado. Este es uno de ellos, de Dmitri Medvédev: «El 8 de agosto fue para nosotros el fin de las ilusiones que nos hacíamos con Occidente». El espíritu de lo que había dicho Putin unas horas antes era idéntico. La argumentación no podía ser más clara. Tras el desmoronamiento de la Unión Soviética “dijeron ambos”, por muchas razones bien sabidas, Rusia fue débil, vacilante. El 11 de septiembre y en los años siguientes soportamos con dificultad la presión ejercida sobre nosotros y contra nosotros por los vencedores de la Guerra Fría. La padecimos no sólo por ser débiles, sino también porque nos hacíamos ilusiones con Occidente, con sus libertades, con su sinceridad. Así tuvimos que soportar la continua y para nosotros incomprensible extensión de los límites de la OTAN. Nos la colocasteis delante de las narices, incluso dentro de unas fronteras que habían sido de la URSS, pero también de la Rusia anterior a la revolución.
Protestamos, pero no reaccionamos. No podíamos. Luego llegó el 11 de septiembre y os echamos una mano en la lucha contra el terrorismo internacional, para acabar descubriendo que EEUU colocaba bases y contingentes en varios países de Asia Central. Mientras tanto el área de influencia estadounidense se extendía por Georgia y Ucrania, es decir, muy lejos de las fronteras de EEUU y muy cerca de las nuestras. Se desencadenaron dos guerras en Afganistán e Iraq, y nosotros no nos entrometimos. Con Irán echamos una mano. Pero en Servia los occidentales intervinieron sin cortapisas, contra Belgrado pero también contra nosotros, haciendo caso omiso de nuestras protestas e incumpliendo el pacto de que no se pondría en discusión la soberanía servia sobre Kosovo. Este incumplimiento de los pactos “dijo Medvédev” se ha repetido demasiadas veces desde el fin de la Guerra Fría. Si los dirigentes soviéticos que acordaron la retirada del 89 hubieran sido más exigentes (alusión muy crítica a Gorbachov, sin nombrarle), habrían pedido que se firmase el compromiso de no ampliar la OTAN. Pero el compromiso existió, aunque no se puso por escrito. Incluso después de la guerra de la OTAN contra Yugoslavia, permanecía el compromiso de no reconocer unilateralmente la secesión de Kosovo.
Luego, junto a las provocaciones de los dirigentes ucranianos y georgianos, se instalan más misiles en Polonia y un radar en la República Checa, que penetrará profundamente, sin ningún derecho, en el territorio ruso. Hasta que llegó la ofensiva de Saakashvili contra nuestras fuerzas de interposición que estaban en Osetia del Sur con todo derecho.
¿Qué esperaba Washington “exclamó Putin en un momento dado”, ¿que no reaccionáramos? ¿Que no defendiéramos a nuestros soldados, algunos de los cuales ya habían muerto en los primeros ataques de la noche entre el 7 y el 8 de agosto? Decís que nuestra respuesta fue desproporcionada.
Pero no hay manera de defenderse de un ataque de esa magnitud sin golpear los centros de mando, los de comunicaciones, los aeropuertos de donde salían los aviones que bombardeaban Osetia y a nuestras tropas.
Habéis escrito y repetido que Rusia estaba invadiendo Georgia. Es completamente falso: no teníamos esa intención y no sucedió tal cosa.
Cualquier comparación con el 68 checoslovaco está fuera de lugar. Esta es la situación. Y esta situación «ha modificado nuestras prioridades»
(Medvédev). ¿Fin del diálogo? En absoluto, pero cuidado (Putin), ya no retrocederemos más. «No queremos volver al clima bipolar» (Medvédev), pero «hace falta una nueva arquitectura de la seguridad internacional»
(Putin), porque la que hay ahora no nos gusta nada. El sistema bipolar no tiene futuro, pero la idea unipolar también está muerta y enterrada.
Rusia no es la URSS, no sigáis manteniendo este equívoco. No sigáis ampliando la OTAN con países divididos por dentro, clases dirigentes ineptas y resentidas por los recuerdos del pasado, sistemas institucionales inestables. Eso aumenta la inseguridad de todos.
Imaginad lo que habría ocurrido en agosto si Georgia se hubiera incorporado ya a la OTAN. «De todos modos» dijo Medvédev «yo habría tomado las mismas decisiones aquella noche sin dudarlo un instante, pero las consecuencias habrían sido de un orden de magnitud superior».
La crisis fue un catalizador que «alteró completamente las relaciones exteriores de Rusia». Las cosas han cambiado. Es mejor que EEUU y Europa se den cuenta. A cada acción le seguirá una reacción, aunque no sea igual y contraria, aunque no sea simétrica, de la misma fuerza.
¿Sanciones contra Rusia? Putin más agrio, Medvédev más comedido, dijeron: «No nos provoquéis». Habría qué ver quién pagaba un precio más alto. Vuestros hombres de negocios serían los primeros descontentos con semejantes decisiones. Y fue Putin, desde su posición de jefe del gobierno, quien se extendió con detalle sobre la situación económica de
Rusia, sus ventajas estratégicas en recursos, ante todo energéticos pero también financieros, naturales, tecnológicos, humanos. «No tenemos ambiciones expansionistas en ninguna dirección» (Medvédev) y estamos interesados en vender nuestros recursos como hemos hecho sin problemas durante todos estos años. Pero si Occidente «sigue dándonos empujones»
(Putin), sabed que nosotros, para empezar, no dejaremos que nos empujen, y además tenemos mucho espacio para volvernos hacia otro lado. «No nos olvidamos de nuestras profundas raíces europeas» (Medvédev) «pero podemos (en cierto modo, debemos) desplazar el centro de gravedad de nuestro interés hacia el Oriente, de lo contrario nuestras inmensas regiones orientales no podrían desarrollarse».
Es evidente que haremos todo lo posible por impedir tal desenlace. Si alguien se indigna porque lo decimos, si pone el grito en el cielo porque queremos limitar las iniciativas de un país soberano fronterizo con nosotros, entonces (Medvédev y Putin al unísono) os preguntamos: ¿por qué EEUU puede presionar a Kíev para que entre en la OTAN, si está a miles de kilómetros de distancia, y nosotros, en cambio, no podemos velar por nuestra seguridad? Palabras claras y duras, difíciles de rebatir. No darles la debida importancia equivale a acrecentar el peligro de una guerra en el centro de Europa. Ha llegado el momento de la máxima responsabilidad y el máximo realismo. En esto coinciden ambos.

Giulietto Chiesa
Traducido por Juan Vivanco
Megachip

 

 
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