 |
Los cargamentos todavia siguen presentes en las distintas festividades |
|
|
|
¿Por qué será que justo en el mes de la Pachamama, se da la independencia de Bolivia? Una feliz coincidencia, o sólo un dato que no reviste demasiado significado. Igual, cualquiera podrá retrucar, ¿de que independencia hablamos?
Mas allá de significa dos diversos, es un mes donde ocurren acontecimientos importantes, y sino, como es el caso de nuestra gente acá en Buenos Aires: se van inventando.
Desde hace unas cuantas décadas, algunos con fe religiosa, otros por el sentido andino del intercambio, o por el sentido social de reforzar determinado tipo de lazos, surgieron las festividades patronales.
Es justamente por la virgencita de Urkupiña, o de Copacabana, que en Capital, Gran Buenos Aires y otros lugares del interior del país, se celebran estas festividades en los barrios donde habitan residentes bolivianos.
Pero para llevarla adelante cualquiera de ellas se requiere inversión económica y organización. Gasto improductivo que lo llamarían los economistas, pero que tiene un valor que no se calcula en dinero.
Estos espacios de encuentro y de intercambio permitirán a futuro transportar otro tipo de significados e ideas, no solo para mejorar la realización de los mismos sino para pensar en el bienestar general.
Ahí están los grupos de danzas que están queriendo organizarse para mejorar un espectáculo que merece ser valorado. No es poca cosa disfrutar y divertirse con otros, por ahí rozando alegrías, después de tanto trabajo que implica ganarse el sustento en este sistema de vida, donde no s toca vivir.
Organización y colaboración requerirá la elección simbólica que están impulsando algunos residentes bolivianos en Buenos Aires que pugnan por el derecho al voto. Algo que por ahí no se ve como una necesidad, de las mas imperiosas, pero permitirá a futuro conseguir algunos derechos y por sobre todo curar esa herida de sentirse parte de un país que los expulsó.
Los lazos no los cortan las geografías, y menos en este momento donde las tecnologías permiten otro tipo de acercamiento.
Pero de nada servirá sentirse actores políticos de Bolivia, si no reconocen que también son actores políticos en el lugar donde uno vive. Ser actor político no significa simplemente votar, o sea, porque uno vote una vez cada dos años, no es un actor político.
La palabra política esta bastante bastardeada, pero uno no deja de actuar políticamente, al marcar su presencia, de hecho las festividades mas allá de lo religioso y cultural es un claro mensaje político de presencia. Montar una fiesta en un barrio es decirle a todos los vecinos que estamos aquí. Estamos vivos.
Pero eso es un primer paso, ese mensaje puede manifestarse de diferentes maneras.
Para ejemplos de cómo nos ven y nos manejan con sus palabras algunos funcionarios, basta ver como proceden con los Feriantes de Bonorino.
Superar esa primera etapa, costará un poco mas de tiempo, así como vemos que algunos consiguen mejorar las condiciones económicas, será necesario mirar otras necesidades para mejorar a nivel colectivo y acercarse al “vivir bien”.