¿Qué sucede después de abrirse paso?

Interior de una de las galerías que comienzan a organizarse
 

Sumas elevadas de alquiler, arbitrariedades y malos tratos, caracterizan las relaciones entre propietarios  e inquilinos en las galerías de Flores.

Como contamos en la anterior edición, «Abriéndose paso en las galerías», quiso contar sobre el cambio de fisonomía que sufrió un sector del barrio de Flores. Las galerías Comerciales en la zona de Flores, más propiamente en la inmediaciones de la Av. Avellaneda, la mayoría de los que alquilan estos locales son bolivianos dedicados al rubro textil.
Contactándonos con un inquilino de una de ellas pudimos evidenciar que el abrirse paso, resulta relativamente sencillo, si se tiene el dinero.
Los propietarios facilitan el alquiler, en cuanto a los tiempos, ofreciendo contratos desde tres años, como es lo habitual, hasta de seis meses, ofreciéndoles como un periodo de prueba, que en el caso de que no les vaya bien pueden retirarse a los seis meses, hasta ahí parece muy lindo, fácil y práctico, pero por esos seis meses los inquilinos deben abonar una llave de entrada, que oscila desde $ 15.000 hasta $ 30.000, según la ubicación del local dentro de la galería, cualquiera sea el tiempo de contrato, ya se puede imaginar uno, que después de probar los seis meses decide quedarse, debe nuevamente abonar el mismo monto de la llave que había abonado para los primeros seis meses.
Aparte de los alquileres, como es habitual, se abona las expensas, las mismas que cubren los gastos ya conocidos, y en el caso de la galería a la que nos referimos, debe cubrir el costo de servir café a los clientes, mas que todo a los mayoristas que llegan del interior, pero este servicio fue arbitrariamente suspendido por el propietario, sin ninguna explicación.
Si hablamos de infraestructura, nos comentaron que la mayoría cumple con las normas, pero hay algunas, que al ver lo lucrativo que resulta el negocio, optan por algunas reformas, para poder habilitar mas locales, como por ejemplo, eliminar los baños para discapacitados, que por ley deben tener las galerías, también en éste caso, se presento la circunstancia que el dueño, quiere hacer una reforma general de la galería «achicando» los locales para ganar mas espacio, obviamente, el monto del alquilar no sufrirá ninguna «reforma», y mucho menos de rebaja. Este proyecto de reforma también causo otro conflicto, el querer realizarlo en una época que afectaría a los inquilinos, por lo cual se organizaron para presentar su queja, y poder fijar una fecha que no afecte a ninguna de las partes, si es que el propietario puede ser afectado, porque el alquiler lo sigue cobrando, pero el inquilino no puede vender.
El abrirse paso, si se tiene dinero resulta fácil, lo difícil es sobrellevar ese tipo de arbitrariedades, sumadas a las que no podían faltar, las experiencias sobran, en cuanto a malos tratos con tinte discriminatorio, también los hay, quitándoles algunos derechos aún cuando se esta pagando lo que ellos piden.
Por otro lado se debe correr con gastos extras que, también hay que reconocerlo, es por culpa de los paisanos, que no habilitan correctamente sus negocios y tienen que abonar las  «multas» que surgen en este tipo de casos.
Después de conocer estos detalles, ellos recomiendan que se debe tener mucho cuidado y estar seguros de la inversión que están realizando, que fácilmente puede convertirse en pérdida. Como todo negocio, implica riesgos, algo que los paisanos asumen claramente, y deben afrontar con algunas desventajas. Este camino tiene altas y bajas, pero es importante conocer algunos detalles que pueden evitar sinsabores.
La incipiente organización por delegados de algunas galerías, pueden ser un eficiente instrumento para evitar algunos abusos, y también  para pensar futuros negocios.

Carlos Martínez Paniagua

 

 
periódico Renacer

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