Encontrarse para tener voz

Una niña sale de una escuela de la zona sur de la ciudad de Buenos Aires
 

Muchas veces las diferencias de criterios sobre un tema, impulsa a una de las partes en cuestión  a usar  la violencia para terminar la controversia. O sea, cuando no se puede convencer al otro de la postura de uno, se lo descalifica o se lo intimida.
No es solo violencia darle un garrotazo a otro, sino se puede ser mas violento e hiriente con palabras o actitudes ofensivas.
Generalmente los que tienen un  poco  mas de poder, lo usan para que no se les escurra el control de determinada situación, y así poner a raya a los que piensan diferente.    
En las sociedades donde vivimos «en los papeles» el monopolio de la violencia lo tiene el estado, pero en los últimos años, las competencias del estado fueron mermando, en varias áreas, entre ellos en la economía, factor que permite «comprar» la mano de  obra necesaria para ejercer violencia.
Aunque en las formas, el sistema democrático republicano, permite la igualdad entre los ciudadanos y se erigió como modelo a imitar en el resto del mundo, no dejó de imponerse la «ley del más fuerte»
Hace no más de 600 años, existía una diversidad de culturas  que mostraban diferentes formas de ver la vida y resolver las problemáticas cotidianas de las personas agrupadas en sociedades.
Pero con el poder de las armas y la economía se impuso una forma de ver la vida, un modelo mundial capitalista que esta en la fase de «globalización», de partes interconectadas que pueden ser perfectamente ensambladas para que funcione la «economía mundial».
La globalización como toda creencia-mercancia, que repe-timos como saber dado  y verdad incuestionable, tiene costados poco explorados que incide en la  vida de millones de seres huma-nos.
En este cuadro de situación los estados nacionales tienen poco poder ante los grandes centros de poder trasnacionales, ubicados en el hemisferio norte del planeta, que manejan la economía y que dirigen la imaginaria «nave mundial».
Ante las inminentes celebraciones patrias de algunos estados sudamericanos, donde se invocan independencia y libertad, ¿estaremos festejando fechas vaciadas de contenido? O serán solo rituales para hacernos creer que tenemos una patria en común.
Ya cuesta encontrar puntos en común entre un joven nacido y criado en un  country de Pilar y otro nacido en el del Bajo Flores de esta ciudad. Tampoco existen puntos de encuentro entre las realidades de estos jóvenes, que los puedan acercar.
Por estos lados solo se insuflan los aires nacionales, cada vez que se disputa algún partido en  un  mundial, o cuando algún equipo de otra disciplina consigue un éxito deportivo.
Cuando las realidades cambian, también suelen redefinirse conceptos e ideas, y será por eso que ya no generan tanto entusiasmo las celebraciones «patriotas» de antaño, que traducen a las nuevas generaciones en actos patrios y juras de banderas.
Y ahí nos toca a nosotros, que somos parte de estas ciudades de este país y de esta patria, pero no reconocidos. Como hijos no reconocidos, transcurren nuestros días, aunque vaya paradoja, existe un pasado muy fuerte que nos une a la tierra que hoy habitamos.
¿Qué hay detrás de querer extranjerizarnos?, sabemos que los estados nacionales creados en Abya Yala (América)  no tienen  mas de  200 años de historia. O sea,  son creaciones muy nuevas y cortas en 30.000 años de  historia. Aunque cualquiera que haya cursado en una escuela desde Alaska a Tierra del Fuego le da la sensación de que  la historia comenzó cuando llegaron los invasores del otro lado del océano. Antes, parecería, no ocurrió nada interesante.

¿Que fue patria ayer, que es patria hoy y que será patria mañana?
Buena parte de la discriminación que algunos sufrimos se sustenta en esas verdades con pies de barro, que los estados se encargaron de enseñar como verdades.
Eso de «nuevo mundo» o «América Latina» o «indios salvajes»  son simple palabras que a menudo usamos, que no son inocentes, que tienen una carga y un sentido histórico. Empezar a desmenuzarlas y desmontarlas es una tarea sencilla pero poco ejercida. Lo de nuevo  mundo porque se supone que los habitantes de este continente, lo habitaron recientemente, y a veces se usa el término para justificar que somos un pueblo  joven, adolescente a diferencia de la «vieja Europa».

 

 
periódico Renacer

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