Muchos son costureros

Mariela de 16 años y otra jovencita fueron acompañadas por una  autoridad consular hasta su comunidad, porque como tantos otros menores que son traídos de Bolivia,  estaban amenazadas si osaban salir del taller de costura.
Fueron buscadas en una recóndita comunidad de los valles cochabambinos, y les prometieron a sus padres que iban a tener un trabajo  próspero, vivienda y comida. Pero como a otros menores y muchos jóvenes bolivianos, fueron a parar un taller de costura, de la mano de un compatriota o de un pariente.
Ellos vienen engañados, pagaron y pagan con sangre la osadía de buscar un destino mejor, para ellos y sus familias.
Pero la responsabilidad no comienza ni termina con los paisanos que traen gente para sus talleres. Existe una cadena de responsabilidades que involucra a los explotadores, estados nacionales que hacen «la vista gorda.» Y por su lado, la pobreza e ignorancia hace que las víctimas no puedan vislumbrar una salida por un buen tiempo.
Diariamente el consulado recibe cientos de casos con estas características, algunos son derivados a la OIM y otros, las mismas autoridades consulares deben ocuparse de retornarlos a su país para poder preservar su seguridad.
Así como la responsabilidad es de varios, la solución es de varios y en ese sentido la sociedad y las instituciones juegan un papel importante.
Ya en la Coordinadora o Co.Co.Bo. muchos jóvenes costureros vieron que fueron usados para darle multitud a esa agrupación y luego excluidos. Actualmente se sabe que hay fabricantes o hijos de fabricantes intentando representar a los costureros. Como ya había sucedido antes, parece un método para poder controlar a los trabajadores en cada intento de organizarse.   

                        Amparo Bellot

 

 
periódico Renacer

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