 |
Una mañana fria y los chicos de la zona sur que llegan a un colegio en otro punto de la ciudad |
|
|
|
El traslado de niños y niñas de la zona sur a escuelas de la zona norte y centro de la ciudad, es mucho más serio y complicado que un viaje de 45 minutos.
Apenas el micro tomaba Avenida Rivadavia en Flores, invadidos por la curiosidad e inquietados por saber que sucedía más allá del micro, las caritas empezaban a asomarse a las ventanillas como podían, es que el cinturón de seguridad les impedía incorporarse por completo. No podía ser para menos, el movimiento comercial del lugar, con esas vidrieras enormes, carteles y anuncios llamativos, típicos de una sociedad avasallada por el consumo, centraban su atención, el énfasis era mayor en aquellos chicos que desde que comenzaron las clases, empezaron a recorrer por primera vez esas calles.
Algunos habían llegado hace unos meses atrás, otros se mudaron de provincia a capital o vienen de barrios que limitan Capital y Provincia, y la mayoría, los más chiquitos, los de 1er grado, después de concluir el nivel inicial en los jardines de su barrio no lograron conseguir lugar en las escuelas por donde viven.
Este grupo de aproximadamente
30 chicos de diferentes grados y nacionalidades, argentinos, bolivianos, paraguayos, peruanos y hasta ecuatorianos, recorren todos los días alrededor de 45 minutos, desde Villa Lugano hasta Villa Santa Rita, cerca de Devoto, para llegar a su escuela.
Parten todas las mañanas a las 7. 30 hs. Aunque esperan en la escuela Nº 4, el establecimiento escolar no se hace cargo del gru-po, se constituye sólo en un referente físico, en este caso, de parada para el micro escolar. Porque en la intemperie de la calle esperan la llegada del micro y a la vuelta sucede lo mismo, de idéntica manera se espera la llegada de los padres.
Pero, no es el único micro que traslada chicos en edad escolar a escuelas del otro extremo de la ciudad de Buenos Aires, sólo de ese lugar salen 4 micros con la misma cantidad de chicos, a esto hay que sumar otras salidas de lugares estratégicos de Villa Lugano, lo mismo sucede en Mataderos, V. Soldati y el Bajo Flores.
| |
 |
Faltan escuelas en la zona sur, pero hay otras prioridades |
|
|
No existen datos fehacientes y actualizados de los últimos años sobre la cantidad de niños y niñas que quedaron sin vacantes en las escuelas de los barrios de la zona sur de la ciudad, pero está claro, que año tras año, el número se incrementa.
Según afirmó Gustavo Lesbegueris, encargado del área de educación de la Defensoría del Pueblo al diario La Nación, el 10 de Noviembre pasado. “El Ministerio de Educación porteño, negó sistemática-mente la in-formación”.
Sin embargo, el problema de falta de vacan-tes en la zona sur, correspondiente a los Distritos 4º, 5º, 19º 20º y 21º, no es ninguna novedad. El censo del 2001 evidenció la disparidad en la cantidad de población estudiantil entre la zona sur y norte con respecto a la disposición de establecimientos escolares. Además, en la zona sur el movimiento migratorio es mayor y la tasa de natalidad duplica a la zona norte.
La falta de planificación en la construcción y refacción de escuelas de acuerdo a las necesidades de las zonas, los problemas edilicios y la sobrepoblación, serían los factores determinantes para que niños y niñas en edad escolar se queden sin lugar en las escuelas de su barrio.
No obstante, para “remediar” el faltante de vacantes, el Gobierno de la Ciudad implementa desde hace 8 años atrás, la reubicación de alumnos en escuelas de distritos escolares menos saturadas, disponiendo para el traslado micros escolares gratuitos.
Es así, que estos chicos llegan involuntariamente a estas escuelas, sin decisión y elección de sus padres, sino por arbitraje de las supervisarías de Distrito, que, al no quedar otro recurso, disponen de escuelas alejadas de sus barrios, la mayoría emplazadas en la zona norte y centro de la ciudad, donde paradójicamente son reducidos en número, escuelas que en algunos casos no llegan ni a 10 alumnos por grado.
¡Qué poquitos son!, expresó con admiración una de las madres que se acercó a conocer la escuela, es que los establecimientos escolares donde asisten sus demás hijos, que sí consiguieron vacantes, están sobrepobladas, inclusive las escuelas privadas de la zona sur promedian 30 alumnos por grado.
Con la medida de trasladar estos chicos a escuelas de otras zonas, el Estado en alguna medida parece resolver irónicamente su omisión a la obligación y el deber de garantizar a los chicos en general “Escuelas en sus barrios”, tal como estipula la Ley Nacional y la del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, obviando aspectos fundamentales que tienen que ver con la garantía de “permanencia” y “desarrollo íntegro” de estos chicos, al que se refiere también ambas leyes.
La falta de escuela para estos niños y niñas no sólo implica tener que viajar 45 minutos, a este hecho se van sumando otros, como el tener que esperar al micro escolar en la intemperie de la calle.
El retraso de algunos minutos significa directamente no asistir a la escuela por ese día, no hay posibilidad de atraso, porque el micro no vuelve a buscarlos.
Padres que se quedan con un vacío en el corazón por no poder acompañarlos a la puerta de la escuela.
Chicos que llegan a escuelas que desconocen la dinámica de su barrio, del lugar que provienen, de su idiosincrasia, sus costumbres, su cultura. Escuelas que quizá no están preparadas como las escuelas de la zona sur, acostumbrados a recibir en sus aulas a chicos que provienen de países limítrofes.
La relación directa entre la familia y la escuela se encuentra limitada, los más perjudicados son los más chiquitos, de 1er y 2do grado. Las observaciones que surjan de la maestra o familia no siempre pueden tratarse personalmente. Estas familias tampoco tienen relación con las familias del resto de los compañeros de sus hijos.
A estas alturas del año, hay padres que todavía tienen dificultad de llegar a la escuela o volver de ella al barrio.
En algunos casos, estos grupos de chicos ya son considerados por los directivos como parte integrante de la escuela, a otros les está costando y hay casos en los que no quieren asumir esa realidad. Cualquiera sea la actitud para con estos niños y niñas, son señalados como los chicos del micro que vienen del extremo sur de la ciudad de Buenos aires, “de barrios pobres”.
AME