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Se necesitan ejemplos para las nuevas generaciones, la violencia no es un camino apropiado para buscar soluciones |
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La violencia generalmente es un recurso que se utiliza cuando ya se agotaron los demás métodos, convencionales que van desde el convencimiento hasta diferentes tipos de imposición y prisión.
Algunas veces es el último recurso, otras veces, se considera que es el mas eficaz o algunas veces es una reacción que se utiliza cuando se sienten amenazados.
Si se hace de a muchos se actúa como masa, y así cada uno de los que actúa violentamente cree que es menos responsable o se siente apañado porque lo hacen otros junto a él.
Cuando ocurren este tipo de reacciones se nubla la visión, ya no hay matices, todo es definitivo, blanco o negro, amigo o enemigo, bueno o malo, y así es fácil equivocarse.
Ese razonamiento primario es común verlo en todos los ámbitos, donde se reduce al mínimo el panorama de visión. En Bolivia, por ejemplo, específicamente donde los cívicos de Santa Cruz, Beni, Pando Sucre y Tarija, además de representantes sociales son los que detentan el poder económico y manejan los medios de comunicación, es difícil pensar diferente a lo que estos sectores mandan. Si se piensa diferente o no le gustan los métodos que utilizan estos “caciques”, son enemi-gos del departamento y por lo tanto son masistas, o sea están con el gobierno.
De discutir ideas, ni por asomo.
Entonces, buscan la forma de amedrentarlos ya que no los pudieron convencer, al menos para que se llamen a silencio.
Métodos bastante autoritarios, por cierto, de gente que invoca los métodos democráticos a la hora de criticar al gobierno.
El razonamiento es: “si no es uno de los nuestros, es enemigo”, nada mas simplista.
Pero ésto no es exclusivo de esos departamentos, ocurren en todos los ámbitos, sin irnos tan lejos ejemplos sobran en nuestro medio.
Por ejemplo, aquel que tiene un taller y empleados a cargo y no les paga como la legislación laboral señala, son esclavizadores, y los empleados, esclavos.
O ciertos talleristas o los que lo lideran, no son capaces de encontrar soluciones a la problemática del sector, por lo tanto quieren mantener la situación que existe ahora, y responsabilizan por sus males (allanamientos, gastos para adaptar el local y persecución) al titular de la Cooperativa La Alameda.
Otro razonamiento simplista, ya que la realidad es mucho mas compleja.
Hay un sistema de trabajo que tiene los días contados, que le conviene a los grandes empresarios y que a algunos grandes talleristas le cierran los números, pero que para la mayoría es un dolor de cabeza llevarlos a cabo si tiene que cumplir las normativas laborales existentes.
La solución no es cambiar la normativa vigente, eso seguiría beneficiando a los mismos, y los trabajadores perderían beneficios laborales, que si bien son nominales, amparan derechos elementales.
La solución pasa porque los afectados junto con las autoridades se sienten a encontrar la forma de que se cumplan las leyes, primero los derechos y después las obligaciones.
Las novedades no son muy alentadoras, los dirigentes se siguen reuniendo y convocan por los medios locales a multitudinarias reuniones para que algunos tengan la oportunidad de emitir acalorados discursos de barricada, y juntar firmas para desagraviar al programa La liga invocando a las autoridades consulares, como para darle cierta legitimidad, o aliarse a enemigos de La Alameda, para ganar fuerza.
¿Con que objetivo? ¿Se alcanzará alguna solución?
¿Las piedras y demostraciones de fuerza servirán para algo?
Por el lado del gobierno porteño, la estrategia no dista de su slogan, “primero las obligaciones, después los derechos” y lanzan una idea para regularizar a estos talleres que consiste en que se cumplan las normas necesarias, que saldrán de los bolsillos de los talleristas, pero no se afectará a las empresas que tercerizan sus trabajos.
O sea, no se afecta a los que mas ganan sino a los que menos se llevan.
Pero bueno, ¿que se puede pretender de un gobierno liderado por un empresario, y cuya mayoría de funcionarios también lo son?
Por el lado de la justicia tampoco se ven medidas que vayan en dirección de un cambio para torcer el brazo a estos intereses. Todo lo contrario.
Para evitar que las responsabilidades lleguen a los intereses empresariales, argumentan
“prácticas ancestrales” para que algunos “paisanos” zafen de su responsabilidad.
Un elemento legal que hoy le sirve a unos pocos pero que a mediano y largo plazo perjudican a la mayoría.