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Testimonio de la mujer que contó como irrumpieron en su casa y procedieron a un violento allanamiento |
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Un allanamiento y requisa en una vivienda donde no funcionaba un taller, derivó en reacciones poco espontáneas.
Era el mediodía del martes 3 de junio cuando policías como funcionarios de la Subsecretaría de control comunal del gobierno de la ciudad realizaron un allanamiento con orden judicial.
Aunque figuraba que funcionaba un taller textil, la familia hacia tiempo que tenía las cuatro máquinas sin usarlas porque Víctor Laura trabajaba en relación de dependencia en una fábrica.
Según relató la esposa de Laura, al ver ese panorama se fueron, pero la rato volvieron. En el interín habían llamado a la gente de la Coordinadora para que los ayude a enfrentar a las autoridades. En 15 minutos Ayala, que debe haber abandonado su ¿trabajo? presurosamente, estaba en el domicilio de la señora.
Así fue que cuando los funcionarios decidieron clausurar un taller que no existía y secuestrar las maquinarias, hubo resistencia por parte del Sr. Laura y Alfredo Ayala, por lo que con inusitada violencia se golpeó al dueño de casa. Con Ayala, estuvieron más caballeros, los policías.
Además se hicieron presentes otros móviles, montando un importante operativo que era innecesario ya que con solo dos efectivos, se podía reducir a dos personas desarmadas.
Siguiendo el relato ante un público numeroso y entre sollozos, contó que al venir su hija del colegio, un efectivo policial, la llamó “negra de mierda”.
Se detuvo a Víctor Laura y a Alfredo Ayala pero a las horas fueron liberados.
La señora consternada ante la violencia, se dirigió al INADI para hacer una denuncia, pero no se la tomaron.
La familia hace dos meses aproximadamente no había accedido a que un inspector de la ciudad ingresara en su domicilio, para inspeccionar, posteriormente por ese motivo le dejaron una intimación. Ante este hecho, el Sr. Víctor y su señora se presentaron espontáneamente ante el Gobierno de la Ciudad, a la calle Carlos Pellegrini al 200, donde supuestamente se dejo constancia de su descargo personal, (no tenían dinero para contratar a un abogado).
La sobreactuación al parecer tenía otros objetivos que pronto se hicieron evidentes.
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Los destrozos en la sede de la Alameda son la exteriorizacion de la impotencia de los talleristas |
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El secuestro de las máquinas se debió a “infracciones administrativas, no hay un baño en condiciones, no hay matafuegos, no hay disyuntores diferenciales”
No se encontraron personas indocumentadas trabajando, y no hubo denuncia por explotación.
Lo cierto es que la bronca se direccionó hacia la cooperativa La Alameda, a quien se responsabiliza por todos los allanamientos que se realizan en la Capital Federal.
Dirigidos por el héroe Ayala, que parece inmune ya que no le toca-ron un pelo pese a resistirse a la autoridad reiteradas veces, des-cargaron su bronca apedreando las instalaciones ubicadas en Lacarra y Av. Directorio.
De “casualidad” la Alameda se dirigía a las inmediaciones del Departamento central de Policía, donde denunciaron la existencia de prostíbulos que además vendían drogas.
Al parecer le creyeron fervientemente a la policía, de que la denuncia venía de la Alameda, cosa que el responsable de la misma niega.