Una nueva reunión con los funcionarios porteños confirmó el traspaso de la feria Bonorino, al predio de Varela y Av. Cruz. Unos 900 feriantes serían beneficiados con el traslado, quienes se organizan para poder pagar sus impuestos.
Hace uno meses los feriantes que se ubican en Bonorino y Av. Castañares, del Bajo Flores, fueron impedidos de instalarse en sus puestos por una orden judicial. Los feriantes representados por sus delegados de la Asociación Latinoamericana de Feriantes de Bonorino, pidieron una prórroga al fiscal quien los derivó con el Subsecretario de Mantenimiento Urbano, Lic. Vicente Spagnuolo y a su vez con el Director General de Ferias y Mercados, Lic. Rolando Berón. Donde las partes convinieron compromisos comunes (ver Renacer Nº 150).
Habiéndose cumplido el plazo previsto en aquella instancia, los delegados de la Asociación tuvieron una nueva reunión con los funcionarios del gobierno, quienes se comprometieron a garantizar el funcionamiento de la feria en el actual sitio, hasta que sea trasladada al predio que se ubica en las inmediaciones de Av. Cruz y Varela, aclarando que una vez trasladada la feria darán parte “a la Justicia Contravencional para impedir cualquier instalación no autorizada en el mismo lugar”.
Los delegados de la asociación volvieron a presentar el proyecto de Feria en el predio que los libraría de la inseguridad que tanto les preocupa y afecta en esa zona, en esta ocasión lo hicieron a esta repartición gubernamental, quienes averiguaron y aseguraron que el predio pertenece “al GCBA cuyo expediente se encuentra en la etapa avanzada de trámite” para la transferencia de la feria.
Hasta el momento ya se cerró la etapa de censo, que se hizo en el CGP 4 antes denominado 5 de P. Moreno y Centenera, donde se registraron un poco más de 900 feriantes entre “comideras” y vendedores de ropa usada, según nos contaba Jesús Vigabriel, presidente de la Asociación.
Y agregaba que “de a poco los vendedores se van registrando en la AFIP para empezar a pagar sus monotributos de Categoría F, que corresponden a los que perciben un sueldo mínimo de $ 1.100”.
En cuanto a aquellos feriantes que confeccionan las prendas que venden en la feria la asociación está promoviendo que se aglutinen en cooperativas familiares, pagando el monotributo F de $ 105 más una extensión por ser feriante de un valor de $ 33. Permitiéndoles eso trabajar en la casa y vender en la feria después, dándoles una libertad de movimiento con su mercadería.
En cuanto a los puestos de comida, inicialmente no participarán en el predio hasta que esté construido el Patio de Comidas, donde se promoverá el rubro de comidas típicas.
Mientras tanto en la feria podrán venderse comidas rápidas como choripanes, salteñas, panchos, sándwiches, todo bajo la guía del departamento de Bromatología para “hacer de esta una feria modelo de la ciudad de Buenos Aires” según decía el Subsecretario.
Con relación a los pequeños vendedores de jugos, la asociación está viendo de incluirlos al Monotributo Social, que es de un valor más accesible proporcional a sus ingresos.
Con respecto a los vendedores de ropa usada, ellos no pagarán impuestos en una primera instancia. Tendrán un día señalado para vender en la Feria mientras sean capacitados con el apoyo de la asociación y las reparticiones gubernamentales correspondientes, para ser productores de su propia mercadería.
Los funcionarios sostuvieron las ideas iniciales de comprar nuevos puestos para la feria, capacitar con cursos básicos de inglés a todos los feriantes para estar aptos de recibir a los turistas europeos, como es la idea del jefe de Gobierno según dijo el Subsecretario y “tener las ferias ordenadas en lugares específicos y no ocupando la vía pública”. Al finalizar la reunión firmaron un acuerdo con los próximos compromisos: la definición del nombre de la feria en el nuevo emplazamiento; la elección de delegados de los diferentes sectores y la elaboración de un reglamento interno de la feria en forma conjunta de las partes.
Amparo Bellot