Colonato y racismo en Sucre

Los sucesos de Sucre, la salvajada arremetida contra representantes de los pueblos Qullana/indígenas, me hacen reflexionar sobre algunos elementos que por tiempo son parte de la historia: El nombre de la “ciudad blanca”, disimulada con la fachada de las casas, que implícitamente designa el racismo colonial. De la “raza blanca”. La “torre de Heiffer” reproducida en Sucre y los edificios templos religiosos de estructura colonial, son la reproducción y sentimiento de pertenencia europea, de la supuesta “raza blanca”. Pero perro persiste la practica de relaciones entre los hacendados y los comunarios nativos que no solo se produce en sus haciendas, sino con gente “revolucionaria”, juventud universitaria que por los años 1979, visite en tiempos de carnavales al archivo de Sucre, donde junto a mis compañeros de estudio, observamos las diferentes pandillas de bailarines en la plaza principal cantando coplas y arremetiendo a las jóvenes mujeres con huevos “qullus”, globos –todos preparados-, pero quien les llevaba eran comunarios del área rural, eso les comentaba a mis compañeros de estudio y la docente Silvia Rivera. Eso de que usen a los comunarios solo de servicio y cargadores -de huevos y globos- me parece un racismo colonial. Los otros me contestaban si pero deben reconocerles mas bien están trabajando.

Pero hoy con los sucesos y las acciones en la Asamblea Constituyente (2006-2007), lo ultimo con el vergonzoso acto del 24 de mayo 2008 (acto celebratorio dicen de “grito libertario”, confundido con libertinaje), demuestran precisamente, la salvajada de acciones de “pandilleros pandémicos coloniales”  que descargan la furia inhumana de un racismo infundado, pero de odio y canallesco,  contra gente noble e indefenso de pueblos qullanas/indígenas. Eso no solo debe quedar en lamentos y disculpas, sino, merece esclarecimiento y condena en doble vía, pues tiene alcances lamentables que empañan la dignidad de pueblos y personas. Pues eso no debe quedar en la impunidad de la supuesta investigación, pues las cosas son publicas y los tres poderes del Estado deben actuar de inmediato, sobre todo el poder judicial. De no ejercer el mismo, están encaminando a los pueblos indígenas a actuar con el derecho y la justicia comunitaria. En este proceso y suceso hay corresponsabilidades que tienen que ser esclarecidas, unos con mayor peso que otras: Por un lado, la gente que frente a la Asamblea Constituyente planteaba “capitalía plena” hoy autonomistas celebradores del “grito libertario”, hacen gala del libertinaje salvaje de pandilleros pandémicos coloniales arremetiendo con soeces palabras y actos reñidos con derechos básicos, “derechos humanos”y constitucionales, de analfabetos con saña y sentimiento colonial a la gente indígena de las provincias como era a las mujeres de pollera en la AC; por otra, la gente direccional/copular del MAS y del gobierno no se salvan, pues les a arremetido movilizando a la gente de las provincias con la llegada del presidente y la entrega de ambulancias y una serie de obras a los municipios rurales y les deja a la suerte a gente y alcaldes de las provincias indefensos, ordenan la retirada de la policía y el ejercito, con los saldos bochornosos y ridiculas de una veintena de personas humilladas y violadas en sus derechos en plena vía publica y celebratoria del “grito libertario”, que en el fondo es “grito libertino”, mas de medio centena de heridos, actos con los  que mellan la dignidad de los sucrenses patriotas, si es que aun hay.  Lo peor es que también son gente de izquierda o por lo menos con pasado de militancia de izquierda como MIR –MBL que decían defender a los pueblos indígenas y la democracia a lo que hoy les odia  y se agrupan en el Comité interinstitucional para descargar la furia colonial con sus pandilleros pandémicos que utilizan a la juventud dice estudiosa/universitaria y pueblos indefensos que por desocupación y la miseria/pobreza material sembrada por ellos mismos, hoy son usados como carne de cañón o la infantería en la confrontación entre gentes del pueblo, pues los autores intelectuales siempre están en la retaguardia, muchas veces compartiendo cafés o tertulias en el mismo sitio y mesa. Eso también es racismo y conducta colonial, sin embargo de boca afuera nos hablan de “revolucionarios” y “demócratas”  respetuoso de las leyes, cuando a cada momento e instante están desconociendo y violando la propia CPE, con acciones coloniales e inhumanas.  Los vejámenes de Sucre del día 24 de mayo 2008, nos hace recuerdo e interpela a la memoria histórica de los sucesos de Chayanta Macha, (…) con los hermanos Dámaso Nicolás y Tomas Katari en esos espacios y los de Tupaq Katari-Bartolina Sissa, Gregoria Apaza  (1781) y lo de Pablo Zarate Willka (1899), (…) en lo que hoy se conoce como altiplano central, la diferencia solo es el descuartizamiento respaldado con sentencias coloniales que esta vez es con capitalia y autonomía, fuera de los marcos de la propia constitución política del estado. Pero también esta alertando al movimiento de los pueblos y no solamente social y gremial, sino, de los pueblos Qullana, del Tawantinsuyu y del continente Awia-yala, de que en este s.XXI y el proceso de pachakuti continua estigmas del racismo colonial que prácticamente es una pandemia social de sectores sociales que se consideran de “sangre azul”,  movilizando y alterando las energías conviviales y cosmogónicas que van mas allá de las fronteras y espacios de encierros republicanos.  

Todo eso nos remite a forjar y ejercer derechos  de un enfoque y lectura de matrices civilizatorio culturales antes que meras confrontaciones clasistas –de ricos-pobres, de colono-esclavo- dentro de una misma matriz, sistema capitalista y colonial. Cuando eso tenemos que ver en las dos matrices civilizatorio-culturales: La ancestral milenaria con semillero en Tiwanaku-Inkario y la centenaria occidental con semillero en Europa del este, que desde la invasión colonial cobra su vigencia como la única, arguyendo de valores universales. Eso es invasión, cultivar valores de ch’ulla chama/ una fuerza débil. Pero queremos complementar y reconocernos mutuamente con defectos y virtudes, pero con derechos diferenciados en una dinámica convivial y de complementación antes que exclusión, opresión y dominación de una sobre otra. Eso quiere decir reorientar el dialogo y los pactos, entre pueblos “indígenas” y sectores de mestizos criollos patriotas, diferenciado de las familias apatridas que solo piensan en el negocio privado de las transnacionales, menos en forjar la patria y fortificar el Estado.

 Aquí tenemos que vencer el dilema: ¿ continuar tercamente en la lucha de clases con estigmas de racismo colonial  o reconocimiento mutuo, dialogo y conversación de gentes en un proceso intercivilizatorio?Altu pata, juyphipacha, 26 mayo 2008.  


Simón Yampara H.

(GMEA).-



 
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