Peligro de desalojo en Lomas

Los vecinos de Lomas esperan decisiones
 

Los vecinos del Barrio 6 de Agosto lograron una ley de expropiación para poder quedarse en el terreno, pero Felipe Solá vetó la ley antes de irse del Gobierno y hoy dependen del fallo a favor de la Legislatura de la Provincia de Buenos Aires.

Las 300 familias que ocuparon hace ya más de dos años un terreno deshabitado en el barrio de Lomas de Zamora, viven por estos días momentos definitorios en su historia de lucha.
Primero debieron luchar por convertir a ese predio que era como un gran pantano en un barrio, con manzanas y casas de material, que pudieron levantarse con ahorros de años y con préstamos de financieras de la zona. «Como era un lugar inundable, tuvimos que levantar el piso, ponerle tierra para que quedara unos 2 metros más alto», comenta un vecino del barrio.
Meses después, ya instalados, empezó otra lucha. Los dueños de la empresa Sitergas comenzaron a reclamar la propiedad e iniciaron un juicio de desalojo. Los vecinos tuvieron que organizarse: haciendo asambleas todos los fines de semana y eligiendo a una co-misión de delegados. Intentaron dialogar con la empresa, e incluso llegar a un acuerdo económico, pero del otro lado tuvieron excusas y desinterés.
Las Subsecretarias de Tierras de la Provincia de Buenos Aires, y de Nación tomaron cartas en el asunto a partir de los reclamos de los vecinos y de la intervención del cónsul boliviano José Alberto Gonzáles. «Estamos impresionados con el accionar del  cónsul. Siempre se portó como un vecino más», dice Salas, uno de los delegados, mientras que los otros de la comisión lo afirman con la cabeza.
A partir de las gestiones de los vecinos y el cónsul se avanzó en la redacción de una ley de expropiación del terreno a la empresa, que pasaría a ser de la Provincia de Buenos Aires, y ésta lo cedería a las familias que lo habitan.

 
En el barrio los vecinos siguen construyendo

No obstante, en los meses que siguieron, hubo dos intentos de desalojo, que las familias resistieron, dispuestos a pelear por sus casas. «La unidad de todos lo hizo posible. Además los vecinos de enfrente están a favor nuestro, porque antes eso era un terreno abandonado y era un peligro. Y nosotros lo hicimos un barrio, no una villa, y además nos damos seguridad entre todos», cuenta otro vecino delegado.
En diciembre de 2007, Felipe Solá vetó la ley por una cuestión de «fondos», y paralelamente, aunque enero es un mes de feria judicial, el expediente siguió avanzando y para el jueves 10 de enero se esperaba otra vez un intento de desalojo.
«Para poder quedarnos, para que la ley vuelva a tener efecto, la Legislatura de Buenos Aires debe aprobarla. Los Diputados ya le dieron media sanción. Ahora falta que los Senadores hagan lo mismo, pero todavía no se sabe cuándo van a comenzar a sesionar», expone Salas.
«Tenemos la promesa de que van a fallar a favor. Pero mientras tanto la jueza Liliana Natiero sigue con la causa para echarnos. Entonces hay una contradicción».
El jueves 10, un patrullero y dos policías de civil fueron al barrio a averiguar si los delegados efectivamente vivían allí. No hubo intento de desalojo, pero sí mucha tensión. Familias dispuestas a quedarse, a resistir.    
Laura Figueiredo

 

 
periódico Renacer

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