En el Centro Cultural Paco Urondo de la UBA, ubicado en la calle 25 de mayo esquina Pte. Perón, se desarrolló a el martes 4 de diciembre la proyección de «Las exiliadas del neoliberalismo» de María Galindo del Colectivo Mujeres Creando, «Bolivia, Mal de Altura», «Viaje a la Bolivia Insurgente» del Colectivo Situaciones y UNIA Arte y Pensamiento, Argentina-Bolivia y «Mama Coca» de Jennifer Jackson y Fernando Tarzia del grupo de Cine Crimental. Esta exhibición se desarrolló en el marco del 3er. Festival Transterritorial de Cine Underground, que es un festival para la difusión de cine independiente, con películas, documentales y cortos que no suelen exhibirse en el circuito comercial, y que se realizó en múltiples sedes en Argentina y en otros países como Perú, Chile y Uruguay.
El Paco Urondo fue una de las sedes en las que se llevó a cabo el festival, con la intención de comenzar a crear lazos de la comunidad boliviana con la Universidad de Buenos Aires.
Este Centro Cultural es un espacio creado para, entre cosas, difundir desde lo académico la cultura popular latinoamericana para toda la comunidad.
La relación de la Universidad con el resto de la sociedad fue siempre problemática. Dirigida desde un principio a un sector minoritario de la sociedad, sólo una elite podía acceder a ella. Luego el acceso se fue ampliando a más sectores, pero siguió siendo restringido. Fue la generación de los años 70, la que se replanteo más seria-mente este problema, del acceso la educación y a la riqueza, la igualdad, independencia y justicia social. Ellos y miles obreros, quienes constituyeron más del 50 por ciento de los detenidos-desaparecidos por los militares, además de docentes, intelectuales, artistas, periodistas, fueron secuestrados, torturados y asesinados por tener este tipo de ideales, que no favorecían a los intereses de los que más poder y riqueza poseían .
Fue como parte de esa generación que el profesor y escritor Francisco «Paco»Urondo, también luego muerto por la dictadura, creó un espacio de acción cultural en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires abierto a toda la sociedad, que sirviera para poner en comunicación a la universidad con el pueblo y que cumpliera un rol transformador, de apertura y acceso al conocimiento. La Universidad al servicio de la liberación nacional que ayudara a hacer visible la producción popular y aportara para la integración con Latinoamérica, luchando contra las barreras políticas, económicas y especialmente culturales que históricamente mantenían separados a nuestros pueblos, por medio del diálogo, la justicia social y la libertad ideológica.
El Centro Cultural, que hoy se abrió con su nombre, retoma el que creó Paco Urondo, cerrado poco después por la dictadura, por su compromiso con la difusión y promoción del arte y la cultura de y para el pueblo, que integrara a los sectores excluidos de la universidad. En una nota que firman quienes en la actualidad sostienen este espacio dicen:
«Sobre las paredes y muros de la Facultad de Filosofía y Letras, con sede en 25 de Mayo esquina Perón, estaremos colocando la imagen del rostro de un maestro que en la década del 70, pretendía la destrucción de una estructura de interpretación de la realidad en estos países del sur: Paco Urondo. Para que Paco no se vuelva invisible es necesario interrogarnos acerca de las actuales condiciones de posibilidad de nuestra Universidad, de hacerse cargo de estos últimos treinta años en los que no se realizó el duelo necesario para aquellos acontecimientos que fueron clausurados por no considerarlos selectivamente importantes para nuestra historia. Acontecimientos que fueron vividos, que fueron determinantes de nuestro pueblo y nuestra propia cultura y que, por tal motivo, eran merecedores de pasar a formar parte del legado patrimonial para los tiempos futuros [...]Visto de esta manera, quizás, podamos entender que el Centro Cultural Francisco «Paco» Urondo debe entrar hoy al escenario, en el cual los años 70 son mirados como un espectáculo donde bailan a destiempo los rostros de nuestros muertos y la inercia espiritual en la actualidad de nuestras instituciones».
Lucila Anigstein