Batallas discursivas

Los indígenas del Oriente se manifiestan por las rutas para manifestar sui apoyo al gobierno
 

Ya estamos en el último mes del año, todo cuesta el doble (cualquier similitud con los precios de los supermercados son pura coincidencia), el calor pesa y la mayoría se prepara para las fiestas y se acerca la época de balances.
Y los que pueden darse unas vacaciones lo harán, pero todavía falta.
Todavía falta para que terminen las clases, y en el medio será la asunción de la nueva presidenta en Argentina.
En materia de deporte las novedades más relevantes del ámbito doméstico, tienen que ver con los campeonatos ganados por dos clubes «chicos», Lanús campeón del fútbol argentino y Arsenal, que tiene casi asegurada la Copa Sudamericana.
Tanto Lanús, como Arsenal de Sarandí (Avellaneda), están conectados con el sur de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, los une y/o los separa el Riachuelo.
Ese sur otrora industrial que dejó contaminación y un ejército de desocupados, después de la exitosa dictadura militar que además sembró el miedo, y sentó las bases para que el gobierno democrático de Menem pudiera desmantelar el aparato estatal.
Para los nacidos en el «sur» (esa palabra que define no sólo geografías sino posicionamiento ante el mundo y su orden) se suceden acontecimientos a cada rato, que obligan a una toma de posición constante, aunque uno no se de cuenta.
Lo que sucede hoy en Bolivia es una síntesis de lo que se pelea en la región, un estado que quiere rede-finirse y cuya población apoyó para que se de «el proceso de cambio».
Las mayorías que desde hace 500 años se llamaron a silencio, hoy quieren ser protagonistas, y los protagonistas hasta hace un par de años que no quieren pasar a ser actores de reparto.
Esa lucha es central en el «corazón de Sudamérica», y sus resultados influirán en el resto del subcontinente, por ello la virulencia para frenar a la Asamblea Constituyente, cuyo mayor de los éxitos será proveer de mayores posibilidades a las mayorías indígenas que todavía no tienen el poder, aunque al frente esté un presidente aymara.
Bolivia hoy es como un auto sin freno de mano, circulando desde los cerros hacia los llanos, con innumerables obstáculos en el camino.
Los medios de comunicación construyen dos Bolivias, uno en el oriente y otro en el occidente, uno en los andes y otro en los llanos, uno rico y otro pobre, uno locomotora y otro vagón de cola.
Como toda «construcción» es antojadiza influir en los demás, y para eso existen los medios de comunicación, para darle fuerza a determinadas visiones.
El error de cálculo en los personeros del gobierno, al elegir la ciudad de Sucre como la sede la Asamblea Constituyente, fue aprovechada por una oposición que aún debilitada en las urnas en las elecciones y en el referéndum, supo atizar sentimientos regionales.
De pronto instalaron el tema de la capitalidad, y tocaron el orgullo herido de los sucrenses que envalentonados «de local» fueron por todo.
Esa Bolivia que se quiere descolonizar, discute sobre acontecimientos heredados de la época en la que fueron colonia.
Así vimos por TV a los indígenas que fueron a Sucre para dar el respaldo a la Asamblea Constituyente, eran violentados por citadinos tan morenos como los primeros, que los llamaban «llamas».
Los medios de comunicación también juegan, y no son un actor de reparto, ni aquí ni allá, ni en Santa Cruz.
Y sino, analicemos la paradoja discursiva de la palabra «camba» que señala a una parte de los originarios de esa extenso departamento (Santa Cruz), y que se apropiaron los hijos de los migrantes europeos, que hoy tienen el poder económico.

 

 
periódico Renacer

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