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Los trajes de morenos posan antes de ser usads en la Fiesta de Charrúa |
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La festividad más grande de la colectividad boliviana genera movimiento económico considerable tanto en Buenos Aires, el conurbano bonaerense y Bolivia, que beneficia a la ciudad, los músicos como también bordadores-fabricantes de las ciudades de La Paz y Oruro.
Buenos Aires es una fuente inagotable de cultura, cartelera teatral como pocas, eventos musicales masivos y gratuitos, y un importante fomento para obras clásicas.
Pero estamos ha blando de «alta cultura», y no es toda la cultura que emana esta ciudad diversa y multicultural. Existen expresiones culturales como la Festividad de Charrúa, que se hacen con todo el esfuerzo de los integrantes, que invierten tiempo y dinero para que los habitantes de esta ciudad conozcan expresiones culturales que solo podrían si se trasladaran hasta Bolivia.
Pero el gobierno de la ciudad solo fomenta o difunde la «alta cultura» y la que no responde a los parámetros u órdenes aceptados, quedan fuera de cualquier tipo de proyección.
Por ello pudimos ver que el apoyo brindado a este evento multitudinario de 40 .000 personas por parte del gobierno de la ciudad se limitó a una veintena de baños químicos y algunas vallas metálicas a ambas manos de una cuadra.
Este movimiento económico que se genera por Charrúa impacta en Bolivia, ya que dan trabajo a los bordadores de los trajes de las morenadas, que trasladan los mismos hasta la capital argentina, haciendo una travesía de miles de kilómetros por tierra.
«Pasar la frontera con varios kilos de equipaje en un principió no era nada fácil, ahora la aduana argentina ya conoce la festividad y es mas fácil» sostiene Ramiro Saravia de la Morenada Real Urkupiña.
Sin embargo este trayecto de miles de kilómetros que tiene el camino allanado, en la frontera, La Quiaca, mas propiamente en la Aduana del lugar, se presenta el único contratiempo. En un principio retenían por largas horas, e incluso días, a los pasantes y dirigentes, quienes deben abonar un depósito, en algunos casos por cada traje y en otros en conjunto por toda la vestimenta que traen.
La Asociación de Conjuntos Folclóricos de Residentes Bolivianos en Argentina, a la cabeza del su Presidente el señor Ricardo Torrez, había tramitado en la Embajada de Bolivia, una documentación que respalde y facilite el ingreso de los trajes de morenos al país, como también una Carta de Invitación del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, pero dicha documentación «a la hora de presentarla en la frontera, no sirve de mucho, las autoridades argentinas no le dan mucha importancia e igual se debe pagar la garantía exigida por cada traje» sostuvo Roger Lacoña (pasante de la Morenada 5 de Agosto).
Otras morenadas, que también recurrieron al Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, tal es el caso de la Morenada Real Oruro, esta documentación les sirvió para justificar a donde estaban trayendo los trajes, la señora Esther Fernández integrante de ésta morenada agregó, «pero de todas formas igual tenemos que abonar la garantía por cada traje que traemos.»
Dichos montos varían, en el caso de traje de moreno (varón), se abona la suma de 20 a 50 U$S por cada traje, pero también se hacen pagos globales que oscilan entre $ 10.000 a 20.000 en conjunto, estos montos son devueltos al retornar los trajes a Bolivia, y son descontados si faltare alguno.
En el caso de la ropa de las «cholitas» se paga una franquicia, las polleras se abona de 5 a 10 $ y los sombreros de 2 a 3 $, esta vestimenta se queda en Buenos Aires, no retorna a Bolivia.
Según Ramiro Saravia, hubo algunos intentos de parte de la embajada Boliviana para poder traer los trajes sin abonar ninguna garantía ni franquicia, pero por el momento no prosperó el trámite diplomático, porque no existe un convenio que especifique éste tipo de intercambio y quedó en espera para el próximo año.
Y en el caso de otra de las Morenadas, que éste año contó con la presencia de la reconocida cantante orureña, Zulma Yugar, «la carta de invitación y la documentación otorgada por las autoridades bolivianas, no sirven para nada, y es complicado el ingreso de los trajes, en algunos casos una vez ingresado ya no los devolvemos, es decir que los compramos, no los alquilamos» afirmó Félix Cárdenas.
Este gasto es abonado por los pasantes, según uno de ellos, que prefirió mantener su nombre en reserva, quien ya se disponía a emprender viaje a Bolivia para la devolución de los trajes, con la labor cumplida.
Pero también hablamos con las autoridades diplomáticas
de la Embajada Boliviana en Argentina, el señor Alejandro Machicao, Consejero de la Embajada, sostuvo que ante el pedido de algunas fraternidades, el encargado de la Embajada escribió notas para que las fraternidades pudieran conseguir eludir algunas dificultades «existe convenio cultural, pero el sentido es general y no tiene precisiones por las cuales se pueda evitar inconvenientes para las fraternidades de Buenos Aires»
El funcionario recomienda que las personas o fraternidades, que realizan el trámite de transportar los vestuarios envíen una nota a la Unidad de Asuntos Culturales del Ministerio de Relaciones Exteriores detallando las cantidades y el destino exacto de dichos vestuarios para que expidan allí alguna carta de respaldo del gobierno boliviano ante las autoridades de control del gobierno argentino.
Finalmente Machicao, aclaró que «lo ideal sería hacer algún tipo de acuerdo entre las cancillerías para que contemple este tipo de situaciones específicas».
Podemos concluir, que éste año las fraternidades, mas propiamente las Morenadas, al igual que años anteriores, pasan las mismas dificultades al momento de transportar la vestimenta, derogando gastos significativos no solamente en la vestimenta, sino también en las bandas musicales, que vienen también de Bolivia, por sumas importantes (ver recuadro), que este año alcanzó a doce bandas y una de Perú.
La colectividad boliviana en Argentina mantiene sus tradiciones culturales y folclóricas vivas, haciendo grandes esfuerzos todo el año para celebrar durante varios días el fruto de su trabajo.
Carlos Paniagua Martinez