La macha-quiché guatemalteca y Premio Nobel de la Paz estuvo en Bolivia celebrando la declaración aprobada el pasado 13 de septiembre en las Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indígenas.
Sonriente y amable con quienes se acercaban a ella para felicitarla, abrazarla o simplemente saludarla, Rigoberta Menchú se declaró demasiado «emocionada» al estar en un país, Bolivia, con el primer presidente indígena de Latinoamérica.
Su amabilidad no cambió incluso cuando se le preguntó del porqué perdió las elecciones presidenciales en su país hace algunas semanas. Se limitó sólo a decir que estaba en Bolivia para celebrar lo que durante dos décadas pidieron los indígenas: que los estados respeten sus derechos. Y esto ocurrió cuando el pasado 13 de septiembre la Organización de las Naciones Unidas (ONU) aprobó la Declaración Universal de los Derechos de los Pueblos Indígenas. Un papel que garantizará los derechos más elementales de 370 millones de indios del mundo luego de 515 años de ser prisioneros en su propia casa.
Para celebrar el evento en La Paz y Cochabamba, durante tres días, se realizó el Encuentro por la Victoria Histórica de los Pueblos Indígenas del Mundo, en el cual los asistentes aprobaron un documento de 14 puntos, entre los que figura la demanda de «descolonizar las Naciones Unidas y trasladar su sede a un territorio que dignifique y exprese las justas aspiraciones de los pueblos, naciones y estados del mundo».
El papel
La Declaración tiene 46 artículos y varios apartados y considerandos. Entre estos últimos, «que los pueblos indígenas tienen derecho a determinar libremente sus relaciones con los Estados en un espíritu de coexistencia, beneficio mutuo y pleno respeto».
Por otro lado, ya como parte de los artículos, se garantiza el derecho de estos pueblos a: no ser discriminados, a la libre determinación (libres para su desarrollo político, económico, social y cultural). Derecho a ser autónomos y contar con recursos para ello; a que no destruyan su cultura; a no enajenar sus tierras; a una educación sin discriminación; a establecer sus propios medios de información y en sus propios idiomas; a que se les consulte antes de emitir leyes que los afecte; a la medicina tradicional; a la tierra e indemnizaciones si se llega a tomarla; y a no realizar actividades militares en sus territorios sin consentimiento, entre otros.
Luchando por otro Nobel indio
La guatemalteca no pierde las esperanzas que Evo Morales pronto reciba el galardón que la distinguió hace 15 años. «Por eso también llegué hasta Bolivia, para respaldar la candidatura de Evo Morales para Premio Nobel de La Paz en 2007 y sino puede ser este año, seguiremos la campaña hasta que lo logre. El liderazgo de Morales como jefe de Estado, si recibe ese reconocimiento, permitirá consolidar las luchas de los pueblos indígenas de todo el planeta», afirmó.
Ahora toca hacerla cumplir
«La resolución del organismo mundial es fruto de años de lucha y también de sangre derramada. Ahora nos corresponde a nosotros estudiar ese texto, difundirlo y lograr que los Congresos en cada país suscriban esa Declaración y se acabe con la discriminación de más de 500 años que hemos sufrido los indígenas en nuestras propias tierras», dijo.
También planteó la necesidad de instalar una Convención Indígena que dé seguimiento al texto de la Declaración y vele para que los gobiernos cumplan con los 46 artículos de la norma, una vez sancionada en sus respectivas legisla-ciones. Es decir, antes el Estado explotaba los recursos naturales de un área donde viven los indígenas, ahora se les deberá consultar para dicho fin.
Esta tardanza, debido a la negativa de países como Estados Unidos, Canadá, Nueva Zelanda y Australia, no impidió que los indígenas continúen luchando por sus derechos, llegando a su fin la semana pasada, cuando en La Paz se reunieron los líderes indígenas de una veintena de países.
En esta reunión, Evo Morales, recibió el apoyo de cambiar la sede de las Naciones Unidas.
Desde La Paz: Richard Sánchez