 |
Música para los difuntos en el Cementerio de Flores |
|
|
|
Se acerca el 2 de noviembre, día en que la comunidad andina radicada en este país realiza diversas ceremonias familiares y comunitarias en las casas y en el barrio (el 1° de noviembre), y concurren a los cementerios (el día 2) aquellas familias que tienen deudos descansando en estas tierras.
Desde hace varios años el Cementerio de Flores, ubicado en el sur porteño, es asiduamente concurrido por gran cantidad de miembros de la colectividad boliviana y los pueblos andinos.
Esta presencia es muy numerosa, sobre todo después del mediodía. Gran cantidad de familias concurren en grupos y se ubican alrededor de las tumbas de sus seres queridos. Como se sabe, nuestras gentes se caracterizan por recrear tradiciones y costumbres que heredamos de nuestros mayores. Esta jornada no es la excepción. Quien se acerque verá concurrir al cementerio muchas familias acercando bebidas y comidas para compartir, para recrear aquella relación profunda que se estableció en vida con el difunto.
Es la manera que viene de antiguo. Los pueblos originarios de este continente tenemos otro modo de creer en el mundo, en la Pachamama, en los elementos sagrados del universo, las diferentes manifestaciones de la pacha; hananpacha, kaypacha, ukupacha. Estas creencias y tradiciones no se perdieron ni olvidaron. Es cierto que en estos quinientos años han sido atacadas, han sido cambiadas en parte sobre todo por la religión católica. Así muchas familias hacen la mezcla, combinan formas de la religión cristiana con nuestras creencias. Ha sido una manera de resistir a tantos siglos de opresión. Por ello puede ser común que las familias vayan a misa y luego estén junto a sus seres queridos que descansan a nuestra manera, en reciprocidad. Esta forma se realiza con las cosas que en vida le gustaban a quienes ya partieron, con aquellos elementos que da la madre tierra, fruto del esfuerzo y el trabajo, los alimentos, las bebidas que nos alimentan, los sonidos que nos llenan el alma, las pequeñas ceremonias de agradecimiento y respeto como la c´halla, que hacen posible que en ese intercambio nuestras formas de la comunidad y la reciprocidad, el ayni, tengan hoy la vigencia que tienen, que a miles de kilómetros de nuestra llajta originaria tengamos la convicción y la fuerza para recrearlas.
Esto lo deben entender aquellas personas que también concurren al cementerio por las mismas razones que nuestra gente, pero que miran extrañados y hasta con rechazo cuando un grupo de sicuris de niños, por ejemplo, realiza música ceremonial alrededor de una tumba, a manera de homenaje, cuando ven a los familiares c´hallar con la cervecita la tumba del
dif unto, adornada con flores y guirnaldas, cuando algunas comadres están sentadas alrededor compartiendo un poquito de comida porque esa es la forma de revivir y convivir que se practicó en vida de quien hoy descansa y está con la pacha.
Todas estas formas deben ser comprendidas, es cierto, pues no van a poder decir que estos elementos sean para el jolgorio o la falta de respeto con que suelen asociarlos. Todo esto es de respeto, a nuestra manera, son muestras comunitarias, practicadas en nuestros ayllus originarios de tiempos inmemoriales, son muestras de cariño y memoria para quien, aunque descansa su cuerpo físico en esta parte de la tierra de Buenos Aires, sigue acompañando la vida y suerte de sus familias y compadres..
Por todo ello, porque son de tiempos inmemoriales de este continente, Abya Yala, es que tampoco consideramos que sean costumbres de extranjeros que deban adaptarse. Nos asiste el derecho de practicar estas formas que son propias y originarias de este continente. Lo que hoy llaman naciones, países, tienen, a lo más doscientos años, y estas prácticas comunitarias tienen miles de años de realizarse en este continente. No desconocemos que por cuestiones del poder y la dominación, estas formas son las que se impusieron, pero también nos pertenece el derecho a resistir y a seguir perseverando en nuestras costumbres, creencias y culturas.
Por ello, también algunos grupos y organizaciones están realizando una gestión ante las autoridades del gobierno porteño para que estas prácticas sean reconocidas, no como una dádiva, deben ser reconocidas porque nos corresponde por derecho. Se trata de obtener alguna legislación, acompañada de formas legales que impidan abusos de algún funcionario intolerante, de algún prepotente en su ignorancia que nunca falta, pero sobre todo para que se aprenda a convivir y compartir en espacios públicos comunes.
Organizaciones como Minkakuy Tawantinsuyupaq, como este mismo medio, Renacer, están promoviendo esta gestión, que es para toda la comunidad andina, no es una cuestión de nacionalidades. Por eso en estas semanas el medio de la colectividad peruana, La Gaceta del Perú, se incorporó a esta gestión. Quienes concurran este año al cementerio de Flores en esa fecha, les pedimos que lo incorporen a sus conversaciones, a su conocimiento, a difundir y acompañar esta gestión que es para toda la comunidad andina en este espacio de Buenos Aires.
Nota: para mayores datos pueden consultar el archivo en la edición digital de Renacer o el sitio:
http://comarkasur.com.ar/