La festividad de Villa Celina y el espacio público

Sikuris San Alberto
 
Finalmente el domingo 23, se realizó la Festividad de Villa Celina. Quienes estuvieron presentes, sobre todo aquellas personas que asisten desde hace años, vivieron sensaciones contradictorias, volvían a padecer situaciones irregulares, provocada por la mezcla de prepotencia e ignorancia de las autoridades del Partido de La Matanza. Que la festividad se haya realizado el cuarto domingo y no el tercero, como es la costumbre, fue una consecuencia menor, pero une la celebración de este año con lo ocurrido en el año 1994, cuando las autoridades municipales aduciendo problemas bromatológicos por la venta de comida en las calles, con apoyo policial, comenzaron a obligar a los puestos a retirarse y amenazar con que la “fiesta no se iba a hacer”. También, como en este año, la festividad pudo realizarse, con la consecuencia posterior de alejarse de las calles pues los eventos siguientes cada año  tuvieron como escenario los predios del Club Banco Hipotecario. Ello hasta el año pasado.
Como señalamos en ediciones anteriores los terrenos del Club del Banco Hipotecario fueron loteados y urbanizados, en consecuencia ya no pueden usarse. Este dato se reflejó este domingo en la gran cantidad de gente que igual llegó a Villa Celina buscando ese lugar como escenario de la festividad, y luego marchaban por la Av. Olavarría hacia la zona de la iglesia de Villa Celina, atravesando las cuadras que fueron urbanizadas en los últimos años, donde residen sobre todo bolivianos que hace pocos años llegaron al país, a diferencia de otras zonas de V. Celina, donde hay residentes bolivianos desde la década del cincuenta.
 
Primeras filas de la fraternidad Tobas Bolivia
Si bien los medios radiales de la colectividad y Renacer habían informado sobre este cambio de escenario, mucha gente asiste “por costumbre”, es decir tiene el dato que la festividad se realiza en tal lado y en tal fecha, teniendo como referencia los fines de semana, segundo y tercer fin de semana de octubre en Charrúa, tercer fin de semana en Villa Celina, y así concurren.

La limitada festividad de este año se realizó en orden por las calles de la “zona céntrica” de Villa Celina, en algunos tramos retomó su recorrido antiguo por la calle Chilavert, como hace 21 años, cuando comenzaba. Al mediodía, finalizada la misa, comenzó la procesión, acompañada de la demostración de los grupos de danza. El recorrido tomaba parte de la calle paralela, Barros Pazos, para extender un poco el mismo y así permitir que los grupos de danza se lucieran un poco más, culminando en la capilla de Santa Teresita, a pocas cuadras de la Av. Gral Paz, donde se ubicaron la talla de la Virgen de Copacabana y los pasantes de este año.
Entre la sorpresa y el desconcierto de los vecinos de esas cuadras, habituados a otro recorrido, a medida que transcurría la tarde soleada y fría, las calles recibían a mayor cantidad de visitantes que desde las veredas acompañaban las demostraciones de los grupos de danza.
Puede considerarse un saldo positivo la coordinación que hubo entre los grupos de danza y la asociación Tukuy Kallpa, organizadora del evento. Pese a las forzadas circunstancias lograron salir en orden, respetaron las consignas dadas y coordinaron mutuamente. En medio de este barullo municipal es un buen antecedente.
Con todo, la realización de la festividad de este año pone en evidencia muchas cuestiones. Si bien ni la actitud ni la percepción  de las autoridades municipales avanzó en absoluto,  siguen nulos y vacíos en cuanto al desconocimiento y falta de valoración de este tipo de manifestaciones colectivas de la cultura  y religiosidad popular. Se suma a la ausencia de algún tipo de políticas reales que podemos considerar para  aquellas manifestaciones culturales que promuevan  el “reconocimiento de los migrantes”.
Pero este tipo de caracterizaciones son absolutamente insuficientes para describir la situación actual, la de quienes organizan y participan en estas actividades y lo que representan como sector de la población argentina. Veamos brevemente el caso de Villa Celina como ejemplo de esto.

Los tinkus inician su recorrido por las calles del barrio
 

De cierto modo lo que este domingo se observó en Villa Celina son como dos espacios diferentes de la colectividad, tanto urbanos y poblacionales. Una que habla de bolivianos con décadas de residencia, ya definitivamente radicados e incorporados a este país. Incluso la misma asociación, Tukuy Kallpa, buscando cumplir los requisitos legales para tratar de estar en regla con todas las obligaciones que exige el estado, personería jurídica, dos terrenos comprados en uno de los cuales se construyó la sede de la asociación y de los cuales hay que pagar impuestos y servicios, se realicen o no actividades.
En este sentido la festividad era una fuente de ingresos genuina, y en el caso de esta asociación esos recursos fueron materializados en terrenos, sede, actividades y un proyecto para toda Villa Celina.
En este sentido, el municipio de La Matanza, o los funcionarios a quienes delega esta tarea, no son capaces de percibir nada de esto, un beneficio asociativo para toda la comunidad de la zona, no solo de las familias bolivianas. Al contrario, ponen trabas o buscan otro tipo de “resoluciones”. Ya advertimos en nota anterior que todo el trámite previo venía en forma normal, hasta que aparecieron inspectores a “hacer revisiones y comprobaciones”, en una, al menos sospechosa, muestra de “celo profesional”, haciendo cálculos desmedidos sobre la cantidad de gente que circulaba en esa fecha y contabilizando en moneda sobre ello. Luego de ese día comenzaron los problemas y las prohibiciones. Ya lo afirmamos, la asociación busca cumplir con todos los requisitos en regla  y con papeles que comprueben y respalden esos movimientos.

 
Se acomodaron como pudieron frente a a capilla Santa Teresita donde concluyó el recorrido

Si además el día de la jornada esos inspectores no aparecieron y se deja toda la negociación a la policía. Es necesario asociar esta circunstancia con lo ocurrido en el caso de Irineo Mora Sandi y algunos comerciantes de la zona, al negarse a aceptar pagar coimas fueron acusados de diversos delitos, en el caso de Irineo Mora hasta de “tenencia de armas de guerra”, imputándole pruebas falsas, por las cuales estuvo detenido más de un año
En este caso intentaron prohibir la fiesta. Es necesario discernir algunos puntos. Una reacción es tomar la figura del intendente de La Matanza, F, Espinoza, acusándolo de avasallar los derechos de los bolivianos y de sus hijos argentinos. Lo que nos parece es que, en el caso del intendente, ni debe estar enterado de estas festividades realizadas en su propio distrito, y si lo están, seguro de que no tiene(n) noción de la importancia cultural y social de este tipo de eventos.
Esto se inscribe en el marco de la ausencia de las llamadas políticas de integración de los migrantes, pero que en este caso hasta ni se puede llegar a considerar esa situación. La mayoría de los jóvenes que danzaban son argentinos, primera y segunda generación de estos migrantes llegados hace ya varias décadas.
“Es un problema de falta de respeto a los propios argentinos” como afirmaba al ser consultado un dirigente de la zona, indignado porque además no se consideraba el esfuerzo de estos jóvenes para presentarse en estas festividades.

Los pasos de los caporales ante la mirada de los vecino que sacaron sus sillas para estar cómodos
 

Por otro lado, tenemos la actitud de otra asociación en formación, que medraba con el cobro de puestos, en las zonas linderas adonde se realizaba la celebración. No importaban los esfuerzos de superar las aristas conflictivas de estas festividades masivas, sólo miraban el interés pecuniario inmediato sin pensar en la situación del conjunto de la población de origen boliviano que busca otras formas de ocupación del espacio público, que de cuenta del arraigo genuino de la población de este origen y sus descendientes nacidos en el país.
El tránsito colectivo hacia formas organizadas y asociativas de gestión aún es insuficiente. Priman los intereses de cada grupo o asociación sobre los del conjunto, no hay una acumulación y elaboración de experiencias compartidas que nos conduzcan a la resolución de estas instancias  de manera institucional.  Reaccionar ante el conflicto cuando ya no hay tiempos no es solución, fue el caso de Tukuy Kallpa. Debemos avanzar hacia formas asociativas que reúna y comparta este tipo de situaciones, es otra etapa la que transita la colectividad, se trata de superar  las experiencias nulas o negativas de los que nos precedieron.

Jorge Vargas

 

 

Cuando caia la tarde la Morenada Orgullosos Rebeldes hicieron su aparición
 

 

Las chicas del grupo de caporales de Isidro Casanova
 

 

Los niños también participan en las fraternidades
 
Atenta la mirada del público ante el paso de los danzarines
 
periódico Renacer

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