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La igualdad de derechos hay que hacerla valer |
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Si bien se «tiró para adelante» el aumento del ABL (impuesto al alumbrado, barrido y limpieza) para los vecinos porteños, medida dispuesta entre el gobierno de Telerman, en retirada, y el de Macri, por asumir, es un índice del perfil de la política que espera a los habitantes porteños.
Si señalamos este dato, que afecta a todos los vecinos de la ciudad, es porque se trata de empezar a modificar con mayor rigor algunos parámetros de pensamiento y conducta vigentes entre nosotros, que nos ubican ajenos a estas cuestiones, o bien nos autoexcluimos por ser migrantes, bolivianos, extranjeros o como se prefiera definir, como viviendo por fuera de estas cuestiones de la política, de las políticas públicas o sociales, como si no viviéramos en esta sociedad y este tipo de circunstancias nos resultan totalmente ajenas. Grueso error. Los impuestos los pagamos como cualquier vecino, los servicios buenos o malos los recibimos como todos. Si padecemos inseguridad o vemos a los jóvenes consumir el «paco», esa droga tan letal, que no se fija en el DNI para seleccionar a sus víctimas, ni discrimina entre origen o color de piel.
Otro índice de estas tendencias políticas lo constituyen las declaraciones en relación a la política habitacional, en particular hacia las villas. En el número anterior puede leerse un reportaje a uno de estos funcionarios, quien habla de derechos de una forma unilateral y parcializada sin con-templar la multiplicidad de derechos sociales, humanos, culturales, económicos. El único derecho que defendía era el de la propiedad privada y desde ahí sugería términos como expulsión, u otros matices ni tan democráticos ni basados en conceptos integrales de justicia o derechos humanos y sociales vigentes.
Si nos referimos a las villas es porque gran cantidad de paisanos viven en ellas, en algunos casos de forma permanente y en otros vivir en ellas ha sido parte de estrategias pasajeras hasta encontrar los recursos económicos y laborales que permitieron trasladarse a otro barrios porteños o localidades del Gran Buenos Aires. La asociación simplista de relacionar villas con extranjeros y delincuentes no se corresponde con la realidad. Estas asociaciones discursivas lo que buscan es generar condiciones para la erradicación compulsiva de este tipo de asentamientos. No por casualidad la Villa de Retiro es el gran objetivo de estos preparativos, tampoco por casualidad esta villa está ubicada en las zonas más caras de la ciudad.
Ambas situaciones públicas, puestas a manera de ejemplo, nos afectan con mayor o menor crudeza. El punto es que tipo de respuestas se van generando. Tal vez la política del avestruz, de meter la cabeza en el propio agujero y hacer de cuenta que no pasa nada?. O la que señalamos anteriormente, que por la condición de migrantes no nos incumbe? O bien exacerbar las condiciones de victimización y considerar que los abusos, injusticias o atropellos que hay en la sociedad nos ocurren solamente a nosotros? Hace unos días hubo una conferencia de prensa de las víctimas del incendio del taller de Luis Viale. Reseñaron olvidos y atropellos estatales, esto no es ninguna novedad, y prometieron acciones, pero no se percibía una actitud integrada o institucionalizada del reclamo y la participación, era como persistir en tácticas y estrategias de cero resultado y mucha queja.
Lo que aún faltan son formas de compromiso y participación más maduras, institucionales, políticas, de reconocer que en todas estas cuestiones tenemos el derecho a reclamar y a cumplir con obliga-ciones y derechos, que la participación y la organización no nos está vedada en absoluto. Antes bien, hay una gran falencia de parte nuestra como sector social. Lejos estamos de un ABC participativo e institucional en la cuestión pública y política.
Las muestras asociativas que damos, o que dicen representarnos, son las oportunistas e interesadas que en nombre de la colectividad hacen acuerdos arrimándose al poder de turno con la ilusión de un acuerdo o una promesa que dependerá del humor de turno más que de un logro a base de esfuerzo.
Hay que superar la queja, hay que construir y hay que cambiar actitudes para mejorar.
Quizás, será la próxima generación que comprenda que el otro no es un enemigo, que es un potencial compañero que va en la misma dirección y que hay que cuidar para conseguir juntos, objetivos.