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Los habitantes de la ciudad tienen que hacer valer sus derechos, que están antes que las obligaciones |
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El año 2007 es un año electoral. Esta frase, obvia en su cotidianeidad, debería hacernos reflexionar acerca de qué consecuencias tiene para nosotros la participación median-te el sufragio. La elección de los gobernantes es una decisión colectiva en la que tenemos el derecho a formar parte, dado que es posible votar en las elecciones a todos los cargos, exceptuando a las presidenciales, fuera de ello, se puede votar a todo cargo político y administrativo: gobernadores, intendentes, jefes de gobierno, como ocurrió en la reciente elección en la ciudad de Buenos Aires.
La elección de los gobernantes es una decisión que nos afecta a todos los habitantes de la sociedad argentina, sea usted nacional o residente extranjero. La orientación del poder político, una de las formas de poder, es uno de los modos de participación mediante el ejercicio del voto, es una de las formas de determinar nuestra condición de vida como ciudadanos, de nuestras familias, en nuestros barrios, de mejorar nuestra condición de migrantes.
Es perceptible que este derecho social y político no se utiliza ni desarrolla de manera suficiente por la colectividad, esa posibilidad de protagonismo ciudadano y social no es visualizada como una instancia necesaria. Los reclamos suelen que-dar y sólo canalizarse en la condición quejosa y denuncista, en exarcebar la victimización y las propias circunstancias de injusticia, en muchos casos padeceres comunes a otros sectores sociales de esta sociedad.
Vivimos en sociedades de conflicto permanente, que adoptan diversas formas e intensidades de virulencia de acuerdo al período histórico. Conflictos que se ubican lejanos a la candidez del discurso académico en relación a las migraciones, al considerar que en el siglo XIX la Argentina era receptiva y abrió las puertas a la migración europea sin mayores conflictos. Las formas de represión, persecución y asesinato de los nuevos habitantes llegados al país en esas décadas, hasta entrado el siglo XX, están registrados, basta recordar las masacres de la llamada Semana Trágica en Bueno Aires.
Cierto es que también hay procesos de ocultamiento y olvido, siendo esta otra forma de la conflictividad social, del conflicto por las hegemonías discursivas para definir el sentido y percepción de las sociedades, de imponer una visión del mundo sujeta a intereses económicos, políticos dominantes.
Ningún proceso de integración o inserción en otra sociedad está exento de la conflictividad, aunque se registren avances y retrocesos. Con todo, planes o programas como Patria Grande en la actualidad, por dar un ejemplo concreto, sin ser la perfección, constituyen avances sociales en ese sentido. Un programa como este no podría haber sido implementado, por ejemplo, a mediados de los noventa.
Pero no se trata de esperar pasivamente que los estados y sus administraciones resuelvan de manera paternalista nuestros problemas. Se trata de exigir pero también de ejercer derechos, y los derechos políticos y sociales están en primer lugar. El voto es uno de ellos, pero no el único.
Decíamos que no se advierte una participación significativa en estas formas de representación, derecho y participación social y política. En la última elección porteña sólo votó un diez por ciento del total de extranjeros empadronados, y de ese diez por ciento el porcentaje mayor de extranjeros no era el de los bolivianos. Y de los que se sabe que votaron, a instancias de ciertas representaciones erráticas de la colectividad, leáse Facbol o ADA, lo hicieron en buena medida por Macri, corriente política cuya trayectoria no ha sido defender los intereses de los sectores postergados de la sociedad. Después de declaraciones vertidas por el y sus mensajeros, parece ser que se le dio poder al verdugo porque nos sonrió para la foto.
Votar no es sólo ese momento de colocar el sobre en la urna, implica todo el proceso anterior de participación y representación para llegar a las decisiones, y todo el esfuerzo posterior para apoyar o presionar para que esas decisiones sean efectivas en la realidad.
El pueblo boliviano tiene ejemplos históricos y contemporáneos que dan cuenta de ello. Como parte de ese pueblo fragmentado, la colectividad no parece estar, en esa perspectiva, a la altura de esa historia, de ser continuadores de esas tradiciones de lucha y soberanía política. Nos limitamos a recrear tradiciones folklóricas o de patrias del himno escolar, no de la patria real, actual, viva y valiente.
El gobierno actual de Evo Morales puede ser un parámetro de todo esto. El presente proceso boliviano es, en algunas de las medidas que tomó, ejemplo, continuidad y referencia de la construcción de procesos políticos nacionales y continentales, de nuestra Abya Yala.
Así como hay una integración continental, dificultosa, sólo parcializada, a nivel de gobiernos y sus administraciones, falta profundizar la integración más valiosa, la de los pueblos.
Para el segundo caso, somos nosotros los representantes de ese pueblo boliviano y originario que pueden contribuir a que estos procesos estén en vigencia en esta sociedad, mediante las herramientas políticas, participativas, sociales, entre ellas el derecho a votar por nuestros representantes, por nuestros gobernantes, con una doble responsabilidad y compromiso por la condición de migrantes, de hacerlo en Argentina y en Bolivia.