Los últimos, como siempre

Mucha alharaca con motivo de la prohibición de la FIFA de jugar partidos de fútbol por encima de los 2500 metros de altura, pero a la hora de hacer realmente deporte, no damos la talla, estamos en la cola de la cola. Mientras las noticias de las semanas anteriores destacaban con grandes titulares y fotografías la “gran unidad” del pueblo boliviano para reivindicar su posición con relación a la altitud, en estos días no hemos visto ni siquiera pequeñas menciones de lo insignificantes que somos en materia deportiva (y en otras cosas). O sea, mucho barullo con la altitud, pero no tenemos altura para competir con otros.
Todo ese despliegue propagandístico sobre la “unidad” de los bolivianos en la “lucha” por presionar a la FIFA para que cambie su decisión, me pareció desde el principio un gran circo instrumentado con fines políticos. El que más y el que menos pisó el palito para sacar el pecho e inflarlo de nacionalismo altiplánico.
El Presidente de la República le dedicó al tema más energía y tiempo del que le dedica a otras cuestiones de Estado. Y es que el fútbol le apasiona, el deporte le fascina… ¿No fue acaso Secretario de Deportes de la Federación de Cocaleros del Chapare, antes de ser Secretario Ejecutivo de la misma (hasta el día de hoy)? Entonces, no es extraño que Evo apareciera jugando fútbol en la nieve, en la Plaza Murillo, y esas fotos dieron la vuelta al mundo porque son parte de lo que nos hace un país singular y disparatado. Con esas noticias estamos en la sección de curiosidades de los diarios, aunque no llegamos a entrar en el libro de Guinness.
En cambio, con los XV Juegos Panamericanos, ni siquiera aparecemos en los medios. Sencillamente no existimos, somos invisibles, como siempre, los peores.
De las 1,079 medallas que se repartieron en los XV Juegos Panamericanos de Río de Janeiro, no fuimos capaces de obtener ni siquiera una de bronce. Ni una sola.
Otros países se repartieron 333 medallas de oro, 332 medallas de plata, y 411 medallas de bronce… pero Bolivia no obtuvo ni una de bronce para consolarse.
Todos los países que nos rodean lo hicieron mejor. No hablemos de Brasil, el anfitrión, que consiguió un honroso tercer lugar con un total de 161 medallas (54 de oro). Argentina lo hizo muy bien para quedar en séptimo lugar, con 59 medallas (11 de oro). Chile obtuvo 20 (6 de oro), Ecuador se llevó 19 (5 de oro), Perú 12 medallas, y hasta Paraguay conquistó una medalla de bronce para salvar el honor. Nosotros nada, cero, nihil.
En la vergonzosa cola compartimos la última posición con una cantidad de países-islas del Caribe y pequeñas naciones como San Cristóbal, San Vicente, Suriname, Bermuda, Belice o Aruba. Sólo a los ticos les fue tan mal como a nosotros. Incluso Haití, Honduras y Nicaragua, con los que siempre nos comparan –por ser los peores en todo- en las estadísticas internacionales, obtuvieron medallas.
Pero nadie habla de esto, parece que el furor patriotero no llega a esos extremos. Somos buenos de la boca para afuera, como en la política, puro discurso, pura alharaca, y nada concreto. Puro bla bla. Podemos izar nuestra bandera a 6 mil metros de altitud, pero no subir los dos o tres peldaños de un podio.
Si hubiera realmente un compromiso con el deporte, con la salud física de los bolivianos, no importarían las proezas de los pulmones presidenciales, sino los presupuestos que se destinan al sector del deporte. Pero como siempre suele suceder, la cultura y el deporte son los rubros que los presupuestos siempre sacrifican. Y conste que Bolivia vive ahora una época de absoluta bonanza económica, si no se aprovecha este momento para darle el lugar a la cultura y al deporte, no nos quejemos más delante de nuestra pobreza, porque sería pobreza de espíritu, más que otra cosa.

Alfonso Gumucio D.
Bolpress

 

 

 

 
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