El Estado no la quiere reconocer, a la sociedad le causa miedo y el Movimiento de Madres en Lucha busca instalar el tema de las drogas en la opinión pública.
«Lo más difícil, es que se reconozca el tema del paco y las demás adicciones como una problemática social que nos concierne a todos. Cuando se habla de droga, enseguida se percibe el miedo, la desconfianza y el nada tengo que ver…No tengo ningún hijo adicto, pero entiendo que es necesario involucrarse para frenar este mal que está matando a nuestros chicos», Sostenía en el Hotel Bauen, en la sesión preparatoria hacia el “Primer Encuentro Territorial Latinoamericano sobre Riesgo Social”, Martha Siles de 41 años de edad, boliviana, que hace algunos meses se incorporó al Movimiento de Madres en Lucha.
Quienes conforman la organización, con más de 2 años de trabajo en el campo, concuerdan con lo mismo, y consideran que no habrá respuesta suficiente y eficiente sino se instala la problemática en la opinión pública, sino se empieza a tejer nueva-mente la urdimbre del tejido social devastado y si el Estado no asume responsablemente su obligación en la construcción de políticas públicas.
El Movimiento de Madres en Lucha (MML) se encamina a desarticular el estigma que provoca la droga en esta sociedad donde pervive aquella cultura, que señala como culpable a los padres de los adictos y al adicto como delincuente o enfermo, cuando no son otra cosa que el resultado de la exclusión social, la pobreza y la mi-seria.
«Nadie quiere involucrarse en esta problemática social, no se la quiere reconocer oficialmente. Por esa razón, en el país ni siquiera se puede hablar de estadísticas, porque no las hay, no les interesa el tema, se vive en situación de desamparo y abandono ante cualquier posibilidad de inserción social y comunitaria». Estas son frases que se escuchan, se intercambian, se analizan y se debaten en cada una de las sesiones que se llevan adelante.
Con esta tarea empezaron hace 2 años en el comedor «Los Pibes» del barrio de La Boca, en principio unas cuantas madres involucradas en el tema, no por elección, sino porque les pasaba. Frente a las consecuencias que implica la situación, pérdida de espacio público, vergüenza, soledad, estigma, discriminación y desconfianza, inician una batalla por el territorio que significa el paco, pasta base de cocaína, y otras for-mas de adicción.
Del comedor “Los Pibes” se trasladan al Hospital Rawson y de éste al aula 10 de la Universidad Popular de Madres Plaza de Mayo, las reuniones las realizan todos los miércoles de 16,30 hs. para adelante, sumándose jornada tras jornada padres que luchan por los pibes sean o no sus hijos, jóvenes que se preocupan por sus amigos, profesionales, médicos, psicólogos, trabajadores sociales, involucrándose además organizaciones de diferentes barrios. Bajo Flores, Nueva Pompeya, Retiro, Mataderos, Villa Soldati, Lugano y otros, donde se realizan consultas populares, debates y se plantean propuestas.
Los Centros de Salud Comunitarios (CEsAC) de los barrios son el primer espacio de trabajo del MML donde se buscan las formas de llegar a los afectados. Saben que por falta de reconocimiento de esta problemática son atendidos por afecciones asociadas como bronco espasmos, epilepsias, paros cardiorespiratorios, crisis alérgicas, etc. Pero nunca por la causa principal «la adicción».
Sin recursos y con la falta de políticas adecuadas, ambas partes coinciden que la tarea no es fácil. En el CEsAC 18 de Villa Lugano, el equipo de profesionales asegura que su situación es la misma pese a la buena voluntad de médicos, psicólogos, trabajadores sociales. «Carecemos de los mismos recursos que carece el Movimiento, quedamos reducidos y superados por la situación, en esta tarea hay que ser permanentes y consecuentes, porque el adicto no tiene horarios ni lugar, además, la falta de un proyecto de vida complica una completa rehabilitación, porque tras la internación casi siempre se vuelve al mismo lugar, al mismo ambiente y a la misma situación», explicaban.
«Hay que ir sumando de a poco, de lo contrario nuestros hijos seguirán matándose, cuanto más seamos los involucrados, más fuerza se hará», sostienen una y otra vez las madres. Formar redes solidarias, consideran que es un modo de trabajo y una forma de contribuir en la creación de nuevos vínculos que desarticulen el escollo del tema.
Al cabo de 10 meses consiguieron, mediante la Coordinación de Políticas Territoriales Urbanas del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, ser parte de gestión de Estado, donde junto a las demás organizaciones aportaron y todavía trabajan en la construcción de un Plan de Lucha Integral contra el paco, tendientes a crear nuevos y reales emprendimientos que sirvan de contención para jóvenes, adolescentes y niños de los barrios.
En el barrio de La Boca exteriorizan el orgullo de haber logrado la inclusión educativa de más de 120 chicos en riesgo social y de impulsar en la ciudad la inauguración de dos centros de atención dedicados a resolver especialmente el tema del paco y otras adicciones. “Casa Puerto” para niños y adolescentes y “Casa Flores” para jóvenes, aunque aclaran que no fue lo que buscaban, el Estado lo hizo a su modo.
Instalar el paco y otras adicciones en el ámbito social como una problemática que traspasa fronteras y con la intención de seguir sumando acciones, el 29 y 30 de Junio pasado, en Montevideo (Uruguay) se llevó adelante el «Primer Encuentro Territorial Latinoamericano sobre Riesgo Social» organizado por Madres de la Plaza de Montevideo y el Movimiento de Madres en Lucha de Buenos Aires.
El objetivo fue la transmisión de experiencias que se vive en el país vecino, con la creación mediante decreto de «La Junta Nacional de Drogas», otorgándole a nivel de Estado énfasis especial para la construcción de Política Nacional de Drogas en el Uruguay. Este evento se repetirá en el mes próximo para seguir tratando el problema de drogas buscando las formas de establecer políticas en aquellos países que los carecen como es caso de Argentina.
AME