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Un niño de los andes con la mirada llena de colores |
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El reconocido artista plástico aymara visitó Buenos Aires e intercambió su energía y sabiduría con niños de una escuela del barrio de Palermo.
El cierre de actividades de Roberto Mamani en la Escuela Armonía fue una fiesta, el salón de actos quedó chico, los niños no paraban de saludar a quien vino de lejos para enseñarles algo de su cultura.
Mamani estuvo casi una semana en el Jardín de Infantes y Escuela de la Fundación para la Educación en Valores Humanos – Armonía, ubicada en Uriarte 2231, brindando talleres y charlas tanto a los chicos del Jardín como a los estudiantes de la Escuela Primaria. Con el los niños pintaron y conocieron la cultura y cosmovisión andina.
Mamani Mamani trajó varias de sus obras y agradeció la recepción que tuvo por parte de los niños y los padres ante la presencia de Franco Kimbel, Alejandra Antoniassi y el equipo de la Fundación Educativa. También estuvo presente María Kodama, la viuda de Jorge Luis Borges y el encargado de la Embajada Sixto Valdez Cueto.
Un grupo de sikuris aportó con su música y el artista alentó a bailar, terminando con alegría una experiencia intercultural que se debiera imitar.
Renacer pudo compartir esos momentos y conversó con Mamani Mamani antes de su partida.
Leímos en tu biografía que eras de sangre aymara y nacido quechua ¿Cómo es eso?
La historia es como una leyenda de amor porque mis padres antes de casarse, se juntan en sirwiñaku como lo hacen los aymaras, y como no había aceptación de la familia de mi madre a mi papá, porque no lo vieron muy serio, medio bandido parecía, se mudan a Cochabamba y allí nacimos mi hermana y yo, después volvimos a Tiwanaku.
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Los niños posaron para el recuerdo junto al artista aymara |
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- ¿Qué recuerdos le viene a la memoria de Cochabamba?
Yo puse en mi biografía que soy de nacimiento quechua y de talla aymara, si bien fue esta historia de amor de mis padres que yo entiendo, creo que también he absorbido esa energía de Cochabamba, esos valles, esas praderas, ese calor y ese olor de valle, entonces es como que los dioses me hayan mentido antes en el nacimiento porque también esas tierras donde he nacido ha sido parte de mí, entonces llevo un cariño entrañable por esta tierra. Y luego en La Paz ya se hace el ser humano artista, porque mi abuela es quien me enseña a mí todo lo que es cosmovisión, símbología, símbolos, toda una vida aymara, andina, de comunidad. Por eso si ese niño nacía en Cochabamba que ha jugado con la tierra, con la arcilla y barro, en La Paz ya se forma, y me moldea mi abuela.
¿Cómo tomaron tus padres tus aptitudes o tu pasión por el arte?
Ellos vieron en mí esa aptitud para pintar, para dibujar. No decían nada, como una familia humilde deciden esperar a ver a que se decide, no se imaginaban. Yo estudié agronomía y derecho. Pero hacía paralelamente, estudiaba en el día y por las noches pintaba pero no era que al día siguiente iba a vender un cuadro. Amanecía pintando porque lo disfrutaba.
- ¿Qué pintabas?
Trabajaba con ocres, óxido, hice el verde, empezaba con mis propios medios a tener mi propio material, y los soportes eran igual, cartones, periódicos, papeles, era una pintura como había empezado, acorde a los recursos que tenía. Luego gano dos premios, de la UNESCO y de Pedro Domingo Murillo, uno de los concursos más importantes en Bolivia el cual gané con la obra “Muertos en combate” y ésto me abre las puertas. La obra trata de unos jóvenes que murieron queriendo hacer una guerrilla y el gobierno mata a todos ellos, eran un grupo CNCZ, podrían haberse salvado a estos chicos, pero el gobierno de Paz Zamora allá por los años 80, fue a autorizar y matar a quemarropa a todos. Fue un hecho real y que impactó.
En el jurado estaba el célebre pintor quechua nacido en Ecuador Guayasamín, los premios que he ganado siempre fueron con jurados de afuera, en los tradicionales se manejaban de distintas formas.
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Los músicos que le pusieron ritmo a la fiesta junto a Roberto |
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- ¿Tenían que venir de afuera para captar tu arte?
Yo creo que por lo menos en los premios que yo he tenido ha pasado eso.
- ¿Porqué crees que pasó esto?
Tal vez porque no nos reconocemos a nosotros mismos, no nos sentimos orgullosos de lo que somos, porque nuestra cultura la andina, que tienen tanta fuerza, no se les ha dado la dimensión que tienen como sabiduría. Y también los gobiernos que han estado siempre han manejado para que todo esto no suceda así, por intereses políticos, económicos.
No olvidemos que en Bolivia sigue habiendo racismo, una exclusión donde la gente aymara todavía quiere cambiar su apellido, adopta una posición de no sentirse orgulloso porque la sociedad lo convida a eso. Pero ahora hay aires nuevos, hay gente como yo que en la pintura, en la música, en otras profesiones, que estamos alimentando que sí valemos, que sí somos herederos de una gran cultura y que somos aymaras en este tiempo que tenemos que aportar al crecimiento, y eso lo hago desde la parte de lo que se hacer del arte. Mi arte es siempre un arte de colores, de energía, de fuerza, de autoestima. Yo decía ahora ningún padre nunca van a ver en una pintura mía a un indígena en estado lamentable, siempre es el orgullo, la altivez, somos herederos de una gran cultura que no ha muerto. No es una posición altanera, es como un mensaje de igualdad porque la visión nuestra es de una energía, de un conocimiento y una sabiduría donde todos viven iguales, participan en comunidad, donde el poder se distribuye entre todos. El individualismo calla, es la colectividad la que manda, la esencia andina está en que todos podemos armonizar y vivir en equilibrio tanto con la Naturaleza tanto con los seres humanos, esa es como nuestra voz hacia el mundo, donde nuestros mayores han encontrado un equilibrio de sociedad, de Naturaleza, esa es nuestra voz hacia el mundo. Tampoco es un pueblo que quiere excluir como la otra parte, sino que es una enseñanza de que todos somos seres humanos en este planeta y todos tenemos que colaborar y trabajar por este mundo en paz y armonía, de respeto hacia los seres humanos y respeto a la naturaleza.
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La despedida y agradecimiento al artista |
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¿Cómo viste la ciudad en esos tiempos, cómo fue tu aproximación a Buenos Aires?
Quería ver a paisanos, amigos que emigraron a Argentina, y que erran vecinos del barrio del Alto Tejar en La Paz pero también era rápida mi visita. Para ser inmigrante hay que tener una fortaleza, hay que ser hombres-montaña, es un desafío, hay que tener coraje para venir a otro país y establecerse, por todas las cosas que tiene un ser que emigra. También hay que tener el valor para decir que venimos de una cultura, una fuerza y de un identidad y que podemos hablar de todas esas riquezas, siempre digo una persona con identidad vale cien veces mas, que otra persona que no tiene identidad. Un ser aymara puede decir que tiene su lengua, su música, tantas cosas por dar, por hablar, por decir, ése es nuestro escudo, es nuestra fuerza, eso tiene que ir para la gente que se ha atrevido a salir.
- Te tocó un momento especial en la historia de nuestro pueblo ¿cómo lo estás viviendo?
Somos seres privilegiados, de vivir este momento por primera vez en la historia, un aymara está en el poder. Pero además hay que sentirse comprometido, hay que tener un compromiso a este cambio y esa es nuestra función, nuestro desafío. Este proceso tiene que durar mucho más tiempo, y para ésto nosotros tenemos que inculcárselo a nuestros hijos, los niños cóndores, los niños amautas, yo he hecho una serie por todo esto que está pasando que es la obra “el renacer de los niños cóndores y de los niños pumas”. Tenemos que formar a los futuros amautas, sabios, a estos niños cóndores y a estos niños pumas, con esa visión que nos han enseñado nuestros abuelos. Entonces ellos tienen que ser quienes tienen que gobernar con mucho más sabiduría nuestro país y este es el compromiso. Yo he hecho un apoyo moral a Evo, además de sangre y de idiosincrasia, Bolivia necesita este cambio,
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Una de las obras que trajo Mamani Mamani |
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¿Mamani Mamani es tu verdadero apellido?
Sí, en tiempos en que la gente se sigue cambiando de apellido, yo lo usé con fuerza y orgullo. La última vez que me preguntaron, ¿cuál es el premio más grande que has recibido? Y contesté que escuché decir a un niño en El Alto decir ‘yo quería ser como Mamani Mamani’, y ahí pude decir que bien que puse Mamani Mamani porque es un poco dar esa fuerza a toda esa gente que se apellida Mamani, Quispe, Choque, y decir miren somos fuertes, somos cóndores, somos seres de la montaña, el hombre andino es fuerte como la montaña y la montaña es fuerte como nosotros. Ahí radica nuestra. En nosotros está el cambio, en nuestros hijos, que somos herederos de una gran cultura en nuestra. De nosotros depende construir “niños pumas”.
¿Cómo fue que viniste a Bs As?
Los directores de la Escuela Armonía vieron mis calendarios en Santa Cruz el año pasado, y me llamaron para estar con los chicos en la escuela, ‘estamos haciendo un homenaje a vos’, y yo dije un homenaje a un pintor boliviano y además aymara en Argentina en Buenos Aires.
Bueno, con las cosas que estamos haciendo lo que son las obras y la esencia que es andina tienen resultado las cosas que estamos haciendo, son cosas que se están valorando. Sí, le dije. Y ahí empezó toda esa semana trabajando con estos chicos.
- ¿Cómo te sentiste?
- Yo creo que esas son bendiciones, los premios y las alegrías que me ha dado la vida después de haber caminado, y además es doble desafío para un aymara, quizás triplemente por ser indígena, por ser eso más, y para mí es un premio a todo eso. Ese es un premio para mí, que los argentinos reconozcan nuestra cultura, esa fuerza, nuestra identidad. Hay que seguir trabajando juntos. Yo me llevo una experiencia de vida.
- ¿Qué te llevaste, con qué volvés?
De todo, me vuelvo con una energía del cariño de los chicos, de este agradecimiento, de este afecto de esos espíritus y de esos padres que me agradecieron por transmitir esa energía de los Andes, esa cosmovisión andina, de esta energía, me llevo este afecto inolvidable para volver.