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Cabildo paceño |
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Por primera vez en Bolivia se ha logrado juntar a casi dos millones de personas para exigir que la sede de los poderes se mantenga en La Paz. Pero ¿qué hay detrás de toda esta disputa por poseer capitalidad de un país?
Nunca antes se había visto en Bolivia a tanta gente reunida en un sólo punto de concentración exigiendo lo mismo: que la sede de los poderes Ejecutivo y Legislativo permanezcan en La Paz, manteniendo la condición de capital política del país y a la ciudad de Sucre (departamento Chuquisaca) como la capital histórica.
El pasado viernes 20 se reunieron, según cálculos a ojo de buen cubero, casi a dos millones de personas en la frontera entre La Paz y El Alto que gritaba a una sola voz: la sede no se mueve, mientras en el oriente boliviano y en la capital Sucre muchas voces criticaron esta voz centralista que se niega a discutir este tema en la Asamblea Constituyente, cuya misión es refundar con nuevos cimientos a un país en pleno proceso de cambios políticos y sociales.
El tema, que inicialmente no formaba parte de la agenda de la Asamblea Constituyente, fue introducido en el debate por representantes de los representantes de la denominada Nación Camba (un ideal de frente político opositor al gobierno conformado por cívicos, alcaldes, prefectos, empresarios y ganaderos de Pando, Beni, Santa Cruz y Tarija) a través del asambleísta Rubén Darío Cuéllar.
A él le siguieron, como era de esperar, los cívicos chuquisaqueños. Incluso el gobierno, a través del Ministro de la Presidencia, Juan Ramón de la Quintana, sostuvo que los asambleístas de Santa Cruz acordaron su apoyo para pedir la capitalidad para Sucre (que perdió esta condición hace un siglo luego de una llamada Guerra Federal ante La Paz) si los a-sambleístas chuquisaqueños apoyaban el pedido de las autonomías departamentales (con el cual tendrían el control absoluto de los mandamases de la Nación Camba) que exigen los primeros.
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Cabildo en La Paz |
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Mientras el gobierno de Evo Morales y los representantes políticos de La Paz afirmaron que este tema, el de la capitalidad, no debe resolverse en la Asamblea Constituyente; los representantes de la Media Luna y de Chuquisaca insisten que el tema debe ser incluído y debatido.
Incluso ya se anunció que Chuquisaca organizará un cabildo el próximo miércoles 25 de julio, como respuesta al realizado en La Paz, exigiendo que sí se trasladen los poderes del Estado a su capital Sucre.
Todo este panorama apunta a que la oposición política (expresada a través de las fuerzas vivas del oriente) pretende desviar la atención de todo un país, dirigiendo a la Asamblea Constituyente hacia falsos debates como la capi-talidad (que reaviva viejas rencillas territoriales) y dejando de lado temas centrales que ya deberían haber sido concluídos. Recordemos que la Asamblea debía concluir sus funciones el 6 de agosto de este año y entregar la redacción de una nueva Constitución Política del Estado.
No hay duda que la máxima aspiración de la oposición política, esa que detentó el poder desde la fundación de Bolivia beneficiando a unas cuantas familias mientras el resto de la población, llegó a niveles de pobreza sólo superadas por Haití, es que la Asamblea Constituyente fracase, que las nuevas reformas al Estado (a través de la Carta Magna) no lleguen jamás a concretarse y que el estado de las cosas continúe como hasta hoy.
De esta forma es que los habitantes de La Paz han caído en esta trampa de responder con una muy ponderable respuesta cívica a la convocatoria del cabildo pero que no viene al caso de lo que hoy se discute en Bolivia: escribir una nueva ley de leyes para favorecer a los siempre desfavorecidos.
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Apthapi en La Paz |
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Fotos y texto: Richard Sánchez