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Harol Picchi nos cuenta la experiencia económica en su local de La Plata |
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La asociación “Otro Mercado al Sur” abrió un nuevo local de ventas en La Plata, el coordinador explicó a Renacer el trabajo de los hermanos Tobas del Chaco y los objetivos de la Red de Comercio Justo.
Una angosta vidriera en el centro de la ciudad de La Plata llama la atención con sus cerámicas, ponchos y gorros de lana artesanal. Es el nuevo local de la Red de Otro Mercado al Sur, y adentro Harold Picchi, Coordinador del proyecto, se sienta en un antiguo banco de madera y cuenta de donde proviene la idea del Comercio Justo y como está tejida la red.
«Hace más de cuarenta años que existe el comercio justo en distintas partes del mundo, tanto en Estados Unidos como en Europa. Nosotros tenemos relación con el Consorcio de Altomercato de Italia, pero hay muchas más. Con el tiempo se han consensuado diversos criterios con las que se construyen relaciones comerciales basada en el diálogo, la transparencia y el respeto. Luego cada organización tiene que trabajar en busca de un precio sustentable para los productores, y deben establecer opciones de mercado basadas en la continuidad a largo plazo; por otra parte, se les pide a los fabricantes que los productos sean íntegros ambientalmente, que no utilicen trabajo infantil y que exista igualdad de género. Las organizaciones productoras deben ser democráticas, basadas en relaciones horizontales de toma de decisiones».
Con estas normas como base el Comercio del Sur empezó a trabajar en Argentina como una organización representante del Consorcio Altomercato, y lentamente articularon con productores azucareros en Misiones y con artesanos Wichís en el Chaco salteño, con los que consiguieron exportar productos de diversos lugares del país hacia Italia.
«Hace cuatro años que empecé aquí, había viajado a Italia donde conocí la metodología y me gustó, entonces empecé a trabajar en distintas cosas, hasta que concretamos la cadena textil solidaria que es como el eje de nuestra red».
Harold se acomoda los lentes mientras cuenta su experiencia; ofrece galletitas artesanales que compró en su mismo negocio, y come con ganas pues asegura que no alcanzó a desayunar en su casa. Y nos sigue contando:
«Se armó una cadena desde la materia prima, porque son los mismos originarios Tobas del Chaco los que artesanalmente producen el algodón, pasando por la transformación que la hacen fábricas recuperadas como en este caso una de Pigüé, hasta la confección que la hace la fábrica recuperada ‘La Juanita’ del MTD de La Matanza.
Con sólo esos tres actores se confeccionó un proyecto que exporta productos al exterior, brinda empleo a muchas personas que lo necesitan y construye una cultura del trabajo que protege las reivindicaciones históricas de los pueblos originarios. Pero además del frente de exportación se abrió el local en La Plata para fortalecer el comercio local.
Lo que queremos es mostrar esta realidad como una oferta de consumo responsable. Decir, usted puede comprar, un poncho, una remera o un gorro, sabiendo que el recorrido de ese producto es sustentable a nivel social y ambiental. Esa es la idea».
Otros Tiempos
El comercio justo busca enfrentar las condiciones de explotación que la mayoría de los trabajadores tienen que sufrir para subsistir, como muchos inmigrantes bolivianos que dejan su lugar por falta de trabajo y llegan a las ciudades donde son explotados en talleres textiles clandestinos. Por eso es que en un primer momento, a Harold le costó mucho tiempo convencer a los Qom chaqueños que existe comercio justo.
«Sucede que cuando se inician los contactos con los productores, en general, hay un proceso de construcción de confianza previo, para llevar adelante un proyecto a buen puerto. Porque primero hay todo un proceso que pasa por el hecho de conocernos, de mostrarle con hechos y no sólo con palabras, que lo que queremos hacer es una construcción igualitaria, que implica que el productor tiene que tomar compromisos. No es que la Red de Comercio Justo paga más y se acabó, tienen que respetar los principios, los standards de calidad que es muy difícil, y para llegar a ese grado de madurez lleva mucho tiempo».
Los tiempos campesinos, originarios, tiempos de la tierra, son muy diferentes a aquellos entablados por la aceleración de la oferta y la demanda, que buscan la ganancia inmediata, y la vertiginosidad de las ciudades al vuelo de los capitales golondrinas. Por eso Harold cree que es necesario fomentar la producción de artesanías como elementos que reivindican la historia cultural de los pueblos.
«Nuestro actor más importante en ese sentido es la comunidad Toba de Pampa del Indio en el Chaco, con ellos trabajamos a escala importante en el tema del algodón. Pero como con el correr de los años fuimos entablando una relación y conociendo a sus familias, comenzamos también a comprar artesanías. Porque las mujeres de los productores suelen hacer cerámicas, cesterías o tejidos, pero no tienen un canal de venta muy fluído, lo venden como pueden y cuando pueden porque esa no es una zona muy turística. No es la quebrada de Humahuaca donde pasan turistas de todo el Mundo. Entonces nosotros comenzamos a comprar estas artesanías respetando los criterios de comercio justo, por ahora es una escala pequeña pero es muy significativo, porque para ellos es bueno saber que su producción no sólo se limita al algodón, sino que hay otra cosas que dice mucho más de ellos mismo, como la artesanía, que es vendida a un consumidor urbano que puede conocer esta otra historia».
El caso de esta comunidad Toba es emblemático para la Red, pues además de hacer la materia prima, sostiene una fuerte valorización de su cultura, llegando a usar el castellano como segunda lengua y en algunos se consiguió que aquellos originarios que fueron a vivir a las villas suburbanas puedan volver a las zonas rurales con un trabajo digno.
«En el caso del algodón fue muy claro este proceso. En el 2003 recuperaron la producción, que no fue fácil sino de mucha lucha y reivindicación. Organizaron una gran marcha en toda la zona de los alrededores de Pampa del Indio, con mucha gente de la comunidad Toba, que desde mediados de los años 90 habían dejado la producción del algodón porque ni siquiera cubrían los costos, y habían tenido la necesidad de migrar. Pero todo fue a partir de esta marcha, a la que fueron más de 2.500 personas caminando 230
km. hasta la plaza de Resistencia. Allí acamparon y se manifestaron para la recuperación de la
producción algodonera de los pequeños productores. Eso fue muy lindo porque la actitud que tuvo la comunidad Toba fue muy abierta, porque no fue sólo de los pueblos originarios, sino que además se invitó a los pequeños productores criollos. Gracias a esta movida, consiguieron apoyo del gobierno nacional que les dio herramientas y semillas. Ahí fue que yo los conocí, por los diarios, y se me ocurrió ir y llegué hasta ellos».
Además de los lazos entablados con las organizaciones del interior del país, también se trabaja conjuntamente con productores urbanos, como la cooperativa de vinos de Berisso, el MTD Aníbal Verón de La Plata que produce tejidos de lana, y una fábrica recuperada en Lanús que convertida en cooperativa produce actualmente vidrio.
Harold estudió Historia del Arte y su pareja Karina bibliotecología, y a pesar de no tener idea de cómo se maneja una red comercial, las ganas de generar otro mercado, otro negocio, y otro mundo los embarcó en la aventura de tejer esta red, que con más puntos se va extendiendo día a día.
«Ahora nuestro objetivo es focalizar y fortalecer lo que ya tenemos. No crecer mucho en cosas nuevas porque lo que hicimos fue muy quijotesco y complicado, cometimos muchos errores e hicimos las cosas como pudimos. Por eso es que este año decidimos mantener el ritmo de lo que hicimos el año pasado pero mejorándolo.
Sin embargo, ya está en marcha la producción de zapatillas. En este nuevo proyecto intervendría la misma comunidad Toba en la producción de la materia prima, la cooperativa de Pigüé y una nueva cooperativa conformada por inmigrantes paraguayos productores de calzados». Pues aunque la intención no sea extenderse para incrementar las ganancias, las buenas relaciones y los estrechos y prolongados contactos entre los puntos hacen que casi espontáneamente se siga tejiendo esta red de comercio justo.
Darío Giavedoni