Pudo haber sido una tragedia mayor

Los damnificados observan las cenizas de lo que era su vivienda
 

Un incendio en una vivienda de Liniers deja al descubierto las condiciones precarias que soportan muchas personas,  a las que se les cobra un alquiler en viviendas que ponen en peligro su vida.

«Estoy desesperada, mi hijita está grave. De estar jugando, la veo tendida en una cama».
No encontraba consuelo Viviana Villarroel al pararse frente a la vivienda quemada, en total destrozo donde alquilaba una habitación en José León Suárez 224 del barrio de Liniers.
Otras cinco familias también alquilaban allí, la vivienda tenía habitaciones subdivididas  cada una en dos o en tres pequeños dormitorios, las subdivisiones eran de madera y el piso de madera, la habitación del frente tenía techo de tergopol y membrana, según declararon los damnificados y se podía ver algunos restos colgados desde afuera que el fuego no llegó a consumir.
La dueña de la vivienda es doña Felisa Llanos, vive enfrente al 209 de J. León Suárez, fue advertida en reiteradas ocasiones por la precaria conexión eléctrica del lugar, pero no les prestó atención, coincidieron los damnificados.
Nueve eran los dormitorios que resultaban de esas subdivisiones, no tenían gas natural, cocinaban en sus dormitorios, compartían un baño y un lavadero. El valor del alquiler era de $ 250 a $ 300 pesos más $ 30 pesos por luz y agua.
El incendio se desató al producirse unos chispazos en los cables que estaban mal conectados, Elías Flores vio como chispeaban los cables del tomacorriente días antes y le reiteró el reclamo a la dueña para que solucione esa falencia, pero tampoco fue tomado en cuenta. 
Solo Viviana con su beba, Hilda Puma y Elías Flores estaban en la casa, el mediodía del viernes 8 de Junio, cuando ocurrió el incendio. Viviana acostó a su niña dormida en la cama y salió a tender la ropa a la terraza, cuando regresó vio como el fuego había invadido todo, pudo rescatar a su hija pero les costó salir porque la puerta principal estaba con llave. Elías escapó por el techo y un vecino rompió la puerta con una silla que sacó del locutorio de en frente. Así pudo huir Hilda a pedir ayuda, pidió a los conocidos de los locales que funcionan en la calle que por favor llame a los bomberos pero nadie hacía caso. Elías también salió a llamar a los bomberos, le avisaron a la hermana de la dueña pero ella corrió a lo de Felisa diciendo que «están matando ahí adentro parece» miraron y se encerraron en la casa, relataban el cuadro de desesperación todos a la vez.
Los bomberos tardaron aproximadamente media hora en llegar, y según el relato de los presentes no tenían agua en sus equipos, y fueron a  abastecerse de la terminal de ómnibus de larga distancia que funciona a unas cuadras.
La niña fue trasladada de urgencia al hospital Santojani donde la asistieron de emergencia pero no pudo ser trasladada luego al hospital del Quemado, porque allí no tenían lugar para recibirla. El resto de las personas llegó horas más tarde y otros tres niños se salvaron de ser alcanzados  por las llamas.
Apagado el incendio quedaron allí, a la intemperie mirando las cenizas sin saber qué hacer. Intentaron hacer la denuncia en la comisaría 44 pero no se lo permitieron, esperaron horas para ser atendidos y tuvieron que escuchar  comentarios como:
«¿A qué venís acá entonces? Compráte un pasaje y volvé a tu país».
Nos contaba desconsolada  Teodora Tapia.
Se arreglaron como pudieron, durmiendo en la Terminal de buses, en la iglesia San Cayetano, en lo de algún amigo con sus niños.
La dueña les exigía el pago por adelantado, a Vera Luciano le cobró $ 500 pesos de depósito y más tarde al ver que los damnificados estaban siendo asesorados llamó a uno de ellos para que declare a su favor. Elías comentó que había sufrido robos una semana antes del incendio en esa vivienda, y después comprobó que había sido la dueña quien retuvo su DNI y objetos personales de valor, en el período en que él había ido a trabajar para ella de 9 de la mañana a 4 de la madrugada, haciendo ensaladitas para vender.
También declararon que tiene otras propiedades que subalquila de la misma manera. Tomamos contacto con una persona que vivió hace 7 años ahí y la casa estaba en las mismas condiciones que ahora, con cables colgados, un caño de cloaca que pasaba por su habitación y un desaguadero cloacal que exigió mucho para que la dueña lo tapara.
Teodora la abuela de la beba más afectada vino hace 5 años de Bolivia y trabaja para mandar dinero a sus dos hijos que están terminando una carrera terciaria en su país de origen. Ella vivía en esa vivienda con su hija y su yerno, quienes estaban ahorrando para poder comprarse una vivienda propia, «por eso hemos aguantado tanta incomodidad, pero ella ni siquiera quería arreglar la casa, cuando llovía teníamos goteras por  todos lados y la luz se cortaba cada rato».
Los damnificados son: Reinaldo Cabezas, Elías Flores, Viviana Villarroel, Ailén Villarroel, Luciano Ariel Vera, Yarson Telles y familia, Serapio Flores, Nicolás Villamani, Roberto Cruz, Hilda Puma, Lucas Cruz, Teodora Tapia, Santusa Llaveta y familia. Hay otros tres jóvenes que viajaron a Bolivia y cuando regresen se encontrarán con las ruinas del incendio                                                            
Amparo Bellot

 

 
periódico Renacer